Que Shakira encuentre un hueco en su agenda no es tarea fácil. Sentarse a hablar con la cantante colombiana, de 49 años, lleva meses de negociaciones. Desde hace un año, y le quedan meses por delante, está inmersa en una gira global que la ha llevado por medio planeta con un centenar de conciertos, hasta recaudar 420 millones de dólares (el tour más taquillero, aseguran, de la historia de un artista en español). Durante la entrevista cara a cara se muestra parlanchina, risueña, contenta. Su equipo marca como condición para la cita que la conversación gire en torno a esta etapa profesional y a sus tres décadas de carrera.



Con tres décadas de carrera y tras reunir a 400.000 seguidores en el Zócalo de México, la cantante colombiana se prepara para seguir con su gira y tocar en España por primera vez en ocho años: “Siento que la vida me está recompensando en este momento”
Que Shakira encuentre un hueco en su agenda no es tarea fácil. Sentarse a hablar con la cantante colombiana, de 49 años, lleva meses de negociaciones. Desde hace un año, y le quedan meses por delante, está inmersa en una gira global que la ha llevado por medio planeta con un centenar de conciertos,hasta recaudar 420 millones de dólares (el tour más taquillero, aseguran, de la historia de un artista en español). Durante la entrevista cara a cara se muestra parlanchina, risueña, contenta. Su equipo marca como condición para la cita que la conversación gire en torno a esta etapa profesional y a sus tres décadas de carrera.
En la concurrida suite de su hotel de México, la barranquillera baja la fuerza del aire acondicionado y pide “un jugo o un chocolatín, lo que sea, da igual”. Hace apenas 12 horas que ha terminado el, hasta ahora, concierto más grande de su carrera y del Zócalo de la capital mexicana, con 400.000 gargantas coreando sus temas durante dos horas. Es previsible que en mayo bata su propio récord, cuando cante en la playa de Copacabana, Brasil. “Otro de mis sueños para esta gira”, reconoce. En México, ha llenado 13 estadios con su Las mujeres ya no lloran World Tour, ahora se dirige a Asia y, en septiembre, a Madrid. Lleva ocho años sin cantar en España y le tiene ganas, confiesa. En Madrid, se construirá a las afueras de la ciudad el Shakira Arena, específicamente para acoger sus conciertos, 25, 26 y 27 de septiembre, con la previsión de ampliar hasta diez.
“Siento que estoy a las puertas de un nuevo comienzo para mi carrera”, se arranca la artista. «Cantar en el Zócalo otra vez“, dice, en referencia al concierto que ya dio en la mayor plaza pública de América en 2007, “pero esta vez con casi medio millón de asistentes, es un milagro. Más después de haber hecho 13 estadios en la Ciudad de México”. Al final, más de 1,2 millones de personas la han visto en México, y casi 3,5 millones en estos 11 meses por América. “Es muy poético, porque este fue uno de los países que me recibió con los brazos abiertos desde el inicio de mi carrera”, afirma.
“Vivo para mis hijos, que son mi prioridad máxima: verlos crecer y convertirse en hombres de bien es mi sueño máximo. Pero también el poder cosechar y recoger el fruto del esfuerzo de tantos años, 30 años de carrera”
Shakira
Y con casi 100 conciertos, que mueven a 150 personas de su equipo, además de sus facetas de empresaria, filántropa, y madre de dos hijos, Milan y Sasha, de 13 y 11 años, que cría en Miami y que en ocasiones la acompañan por el mundo, ¿no tiene demasiado entre manos? ¿No está agotada? “Siempre hay un nuevo desafío y estoy muy enchufada con mi carrera”, reflexiona. “Es una cosa muy extraña, porque me siento más conectada, más que nunca, a mi oficio. A crear canciones y cantarlas. Estoy muy motivada”.

Pero hay algo que va antes de eso, asegura: “Yo vivo para mis hijos, son mi prioridad máxima: verlos crecer y convertirse en hombres de bien es mi sueño máximo. Pero también el poder cosechar y recoger el fruto del esfuerzo de tantos años, de 30 años de carrera. Siento que de repente la vida me está recompensando en este momento”, opina. No sin esfuerzo. Como ella misma explica, detrás de este tour hay mucho trabajo “físico, mental, vocal”. “Pero me siento con más energía que antes”, asegura. “Al contrario de lo que dice la gente, creo que el tiempo va poniendo las cosas… Se vuelven mejor. Se acomodan, pero no solo: mejoran. Porque uno ya se sabe dosificar“.
—¿Se conoce mejor?
—Sí, me acepto más. Hay un cierto confort dentro de la propia piel. Eso quizá no lo tenía cuando tenía 20 años y empezaba mi carrera, con todas las ganas y toda la ambición de mostrarle al mundo quién era, qué hacía, que me conocieran. Ganarme el respeto del gremio, de la industria, era lo que más me obsesionaba en ese momento.
—¿Y ahora?
—Me obsesiona complacer a mi público, verlo sonreír, verlo celebrar, sanar junto con ellos, verlos a ellos también.
¡Claro que sí! España es donde vamos a tirar la casa por la ventana. Porque va a ver una producción nunca antes vista. Me hace mucha ilusión».
Shakira, sobre sus ganas de volver a cantar en España
Su regreso a España tiene también un poder simbólico en la vida de la artista. Cuando actúe en septiembre habrán pasado ocho años y tres meses de los últimos conciertos que dio, en Barcelona, en otra vida. Su relación con el exfutbolista barcelonés Gerard Piqué terminó ruidosamente en 2022, tras 12 años juntos. Dejó para la posteridad detalles de aquella separación en Session 53, una de las grandes canciones de despecho de la música reciente, que interpreta en la gira. Es parte de un disco demoledor titulado Las mujeres ya no lloran. De aquellos años son también las acusaciones contra la artista de un millonario fraude fiscal, proceso que Shakira cerró con un acuerdo con la Hacienda española en el que admitía los hechos (ella dijo que lo hacía para proteger a sus hijos) y aceptaba una condena de tres años de cárcel, a la que no llegó a entrar, y una multa de 7,3 millones de euros. Muchos pensaron que no volvería a pisar España, y menos a actuar.
Nada más lejos de la realidad, asegura. Le encanta el país. Lejos parece quedar el pasado, al que ella (y su equipo) prefieren aludir solo con circunloquios, haciendo referencias, pero sin hablar directamente de aquella década larga en España. Ahí mantuvo un perfil de celebridad discreta, hasta que una sonada infidelidad lo dinamitó todo.
—¿Tiene ganas de cantar en España?
—¡Claro!
—Hace ocho años que no actúa allí. Pensábamos: a lo mejor ya no quiere volver…
—¿Por qué no? ¡Claro que sí! [risas] Es más, en España es donde vamos a tirar la casa por la ventana. Porque va a haber una producción nunca antes vista, incluso [la promotora de conciertos] Live Nation está preparando el estadio Shakira. Me da hasta vergüenza decirlo, pero sí, el estadio Shakira. Y ahí va a haber muchas sorpresas, amigos, artistas, invitados y muchas cosas más que ya no les puedo contar porque me matan [risas].
—¿Cuál es su relación ahora con España?
—Tengo amigos entrañables, diría que varios de mis mejores amigos están allí. Gente importantísima en construir esos sueños, como [el director, fotógrafo y productor] Jaume de Laiguana, como [la coreógrafa] Maite Marcos, que es de mis mejores amigas. Y Alejandro [Sanz], que es un colega, pero más que colega es un hermano. Tengo un vínculo con España indeleble. Comenzando porque mis hijos son españoles [risas]. Creo que va a ser un concierto que a mis hijos les va a gustar ver.

Al inicio de sus conciertos, con Girl Like Me, Shakira presenta banderas de países de América Latina, llamando a las mujeres de los mismos —“¡Mexicanas! ¡Colombianas! ¡Ecuatorianas!“— que gritan con fervor cuando se escuchan nombradas. ¿Lo hará con España? ¿La considera parte de ese poder latino que lleva por bandera? “Claro que sí. Creo que en el sentido amplio de la raíz latina, España está incluida, como Portugal. Tenemos una forma diferente de ver la vida, de celebrarla, de encarar las dificultades. Ser latino es superlativo y definitivamente nos distingue”. Ante el comentario de que, en Estados Unidos, este es “un momento especialmente difícil para los latinos”, ella no dice más.
“Resulta que este es el mejor momento. Hace pocos años aprendí a surfear. Hace pocos años me monté en un monopatín por primera vez, que me encanta. Ahora tengo una energía vital que antes no tenía y una apreciación por la vida y por las cosas buenas que pasan, porque ya me pasaron bastantes malas”
Shakira
La colombiana tiene ganas de celebrar sus tres décadas en los escenarios. Escribió las canciones de su primer álbum, Pies descalzos, “con 17 años”, recuerda. Esa adolescente se habría quedado boquiabierta al verla ahora, con 49. “Pensé que ya iba a estar tejiendo o haciendo cerámica”, ríe. “Pero resulta que no y que este es el mejor momento. Hace pocos años que aprendí a surfear, que me monté en un monopatín por primera vez, y me encanta. Ahora tengo una energía vital que antes no tenía y una apreciación por la vida y por las cosas buenas que pasan, porque ya me pasaron bastantes malas”, afirma. “Uno cuando es más joven, quizás más malcriado, está acostumbrado a que pasen solo cosas buenas, no tolera las malas. Cuando te das cuenta de que la vida está llena de noes, empiezas a disfrutar de los síes. Aunque sean pocos, los disfrutas”.
Shakira ha llevado el español y lo latino por todo el mundo. Sus letras, en gran parte escritas por ella, y sus temas, que tocan todos los géneros, del rock al reguetón, la han colocado entre las 17 nominadas de este año para entrar en el Salón de la Fama del Rock&Roll, que la califica como “una de las artistas más exitosas y culturalmente significativas de su generación”. Por ahora, solo hay tres músicos de origen latino (Carlos Santana, Ritchie Valens y Linda Ronstadt), pero con canciones predominantemente en inglés. Eso hace ver el poder de los temas en español de Shakira, cantados en todo el mundo y por todas las edades. “Una de las sorpresas más grandes que me he llevado con esta gira, un recorrido por todo mi repertorio musical, es que viene un público intergeneracional”, explica. “Veo a niñas de seis, siete años, a chicos y chicas, a adolescentes, y luego los padres, y a veces hasta los padres de los padres. Ya he visto alguna abuelita con las orejas de la loba”, ríe.

—Y con pelucas moradas [como en la canción Las de la Intuición].
—¡Y con pelucas moradas, nada más! Es muy lindo ver cómo esas canciones han pasado de generación en generación. No me sorprendería ver a niñas cantando la Session 53, Monotonía, Soltera… Pero cuando las veo cantando Pies descalzos, Estoy aquí, Antología, como si hubiera sacado esas canciones hace una semana. Es increíble el poder de la música, de traspasar fronteras y de que no importe nada más, sino ese sentimiento que hay en las canciones que acaba siendo trascendental.
—¿Eso la hace sentirse orgullosa? Usted lo decía en alguno de sus conciertos: “Me acuerdo de esa niña y me trae aquí”.
—Esa niña… Buscarla me ha rescatado. Y por eso mi concierto tiene una narrativa de inicio a fin: empieza con una mujer que se intenta reconstruir, que luego va a buscar a esa niña interior y acaba lanzando un grito de libertad y de amor propio que es “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”. Hay una narrativa visual y musical dentro del show.
En mis sueños, el primero es ver a mis hijos crecer y ser hombres de verdad. Con lo que conlleva el sentido de la palabra hombre: hombres de palabra, hombres honestos, hombres que cuiden y protejan con valores. Eso lo quiero ver»
Shakira
Esa narrativa también parte de ella, que planea y supervisa hasta el último detalle. Reconoce haber “creado cada uno de los momentos”. “Tanto musicales como en el vestuario; he participado en la parte del diseño, obviamente en las coreografías, en el orden de las canciones, en la narrativa, en los visuales… Todo ha sido la realización de sueños. Todas esas imágenes que ves ya las soñé durante un año y las pudimos ejecutar. Es un show al que le he puesto todo, toda la energía intelectual y emocional, y que ahora mismo está dando los resultados que está dando”.

Mientras gira, no deja de componer. En el Zócalo presentó una canción con su “compatriota y coterráneo” Beéle, músico de Barranquilla, con “sonido electrónico, pero también los instrumentos autóctonos de nuestra tierra: la tambora, la alegre, el llamador…”, se enorgullece. “Sigo escribiendo y sí, sigo pensando en ideas todo el tiempo”. ¿También esos baladones que siguen desgañitando a quienes la siguen desde el principio? “Tengo baladas también nuevas, ahí guardadas. No puedo sacar todo al mismo tiempo”, ríe.
Entonces, ¿qué le queda por hacer a Shakira Isabel Mebarak Ripoll? Sin pensar, suelta, mirando cómplice a su equipo, al otro lado de la mesita donde descansa ese jugo de piña: “Me queda la Torre Eiffel. ¡Los Champs-Élysées!”, para luego retorcerse de risa. Después, se para a pensar un segundo. Y a enumerar: “Tengo tantos sueños… El primero es ver a mis hijos crecer y ser hombres de verdad. Con lo que conlleva el sentido de la palabra hombre: hombres honestos, hombres que cuiden y protejan con valores. Eso lo quiero ver”. Y también algo un poquito más mundano. “Todavía sueño con mi finca con animalitos, que no he podido conseguir, creo que algún día lo lograré”, bromea. “Mis hijos me dicen que me la van a comprar algún día, la finca con animalitos, para que me retire ahí ordeñando vacas”, vuelve a reír. “Pero mientras tanto, mientras tenga ideas y ganas de trabajar y ganas de probar cosas, seguimos adelante. Que siga el baile”.
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