Si la oferta está limitada a corto plazo, la disminución de impuestos acabará en los bolsillos de los oferentes. O sea, de las empresas energéticas y de Putin ahora mismo. Ahí ya se ve claramente que la idea es malvada, además de idiota. Leer Si la oferta está limitada a corto plazo, la disminución de impuestos acabará en los bolsillos de los oferentes. O sea, de las empresas energéticas y de Putin ahora mismo. Ahí ya se ve claramente que la idea es malvada, además de idiota. Leer
Cuando escuché las noticias del último Consejo de Ministros me acordé de una cita atribuida a un político americano, Everett Dirksen: «Aquí tenemos dos partidos. Uno es el partido malvado y el otro es el partido estúpido. De vez en cuando, los dos partidos se unen para hacer algo que es a la vez malvado y estúpido. Eso se llama bipartidismo.» Esto viene a cuento de que la noticia estrella del consejo fue que iban a bajar los impuestos de carburantes para que los ciudadanos no sufran por la guerra de Irán. Dado que esa idea ya la habían flotado por las redes desde la derecha, uno de sus representantes espetó al gobierno: «bienvenidos a la fachosfera».
Pues yo creo que es una idea muy mala. Y no sólo yo, estoy convencido de que es el consenso de los economistas. Y de mucha gente sensata. En un chat de amigos, alguien que no es economista, pero sí muy razonable, dijo: «¿Es una locura mía o una bajada indiscriminada del precio de los combustibles, electricidad, etc. es un error? ¿No es mejor identificar a ciertos colectivos a los cuales la subida les hace un daño casi catastrófico y que los demás aguantemos el aumento de precio? Lo digo porque el aumento de precio es debido a una caída de la oferta y debería ir acompañada de una bajada de demanda debido al precio. Si intervenimos el precio desacoplamos la oferta y la demanda y provocará más alza de precios. Porque al fin y al cabo, el petróleo y el gas que no salen por Ormuz va a seguir sin salir».
De verdad que yo no lo habría explicado mejor. El mecanismo de precios es muy popular entre los economistas por buenos motivos. Lo que Adam Smith llamaba la mano invisible, nos sirve para coordinar actividades de manera eficiente. Si los precios suben, es que el bien es escaso, y nos anima a consumir menos. Y a los oferentes les anima a buscar otras fuentes para aliviar la escasez. En este caso, si la oferta está limitada a corto plazo, la disminución de impuestos acabará en los bolsillos de los oferentes. O sea, de las empresas energéticas y de Putin ahora mismo. Ahí ya se ve claramente que la idea es malvada, además de idiota. Los efectos de largo plazo son importantes también. Las subidas de precio de los años 70 y 80 incentivaron cambios tecnológicos que hicieron nuestros vehículos de combustión mucho más eficientes. La subida actual nos debería convencer de que acelerar la electrificación sostenible de nuestro consumo energético es algo más que una política buenista woke. Es una necesidad de independencia nacional, además de ser buena para el medio ambiente.
En Europa ya llevamos retraso en esto por culpa de los aranceles punitivos contra los coches eléctricos chinos, cuyo único objetivo es proteger a la industria automovilística europea. De hecho, leyendo una noticia sobre este tema casi me entra la risa «Después de meses de negociaciones, la Comisión Europea habría llegado a un acuerdo con China para eliminar los aranceles a sus coches eléctricos, pero sólo si estos se venden más caros.» Oiga, pues igual para proteger a los consumidores, en vez de reducir el precio de la gasolina, deje que los coches chinos se vendan a su precio verdadero, ¿no?
Pero de verdad que entiendo el problema de los políticos. Los votantes no están felices por sufrir por culpa de una guerra que en su mayoría rechazan. ¿Hay alguna medida que no sea mala para solucionar el problema? Yo creo que sí. Lo esencial es dejar que el mecanismo de precios actúe para enviar las señales correspondientes a los productores y consumidores. Y luego buscamos cómo proteger a los ciudadanos. Si alguien quiere bajar los impuestos para mitigar el problema, yo iría más bien al IRPF. Que bajen de inmediato las retenciones, y se legisle una bajada de tipos. Se puede hacer de manera tan progresiva como se quiera. O tan poco como para que haya acuerdo. Porque, claro, eso requiere trabajar de manera bipartidista, para que algún loco del bloque gubernamental no lo pare en el parlamento. Pero ese es bipartidismo del bueno, no del idiota. Es verdad que el IRPF no afecta a todo el mundo, en particular a los más pobres. Pero para esto está el Ingreso Mínimo Vital, que se puede aumentar de manera temporal. También es verdad que mucha gente que calificaría para el IMV no lo recibe. Pues, señores, eso es otro escándalo, y este sería un buen momento para poner toda la carne en el asador para resolverlo.
No es la única medida posible. En la última crisis se usó la «excepción ibérica». Básicamente el precio de la electricidad en muchos momentos del tiempo viene determinado por la energía más cara, que es el gas. Pero pasa a menudo que esa energía genera solamente un diez o veinte por ciento de esa energía. O sea que un subidón del precio del gas beneficia muchísimo a los productores por esas unidades de energía renovables mucho más baratas. Y en 2022 se decidió desacoplar temporalmente el precio de la electricidad de esa energía más cara. No es una solución ideal, pero es rápida y funciona para una emergencia. Y, como decía mi amigo, se puede bajar además el precio del combustible temporalmente para algunas profesiones, como los agricultores. En realidad, lo ideal sería no tocar el precio, sino más bien reducir cuotas fijas de consumo en electricidad, financiables con un impuesto a beneficios extraordinarios de las eléctricas. Y en transporte se puede hacer algo parecido. Un subsidio a tanto alzado a transportistas y agricultores que compense por el aumento de precios. Eso preserva los incentivos a ahorrar el consumo, pero mitiga el impacto de bienestar.
Estoy convencido de que hay personal sobradamente cualificado en los ministerios de Economía y de Hacienda para proponer medidas incluso mejores que las que yo he mencionado. Y espero que haya personal técnico en los partidos de la oposición que aconsejen mejor a sus líderes. Lo que no puede ser es que venga una crisis como esta y Torrente Presidente no parezca una historia de ficción.
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Antonio Cabrales es catedrático de Economía de la Universidad Carlos III y catedrático en excedencia de University College London.
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