Tras siete años de intensa búsqueda en el pueblo familiar, Aín, un pequeño y pintoresco pueblo del interior de Castellón, Violeta Mangriñán ha logrado cumplir uno de sus mayores sueños, ampliando su patrimonio inmobiliario con la adquisición de una nueva propiedad, a la que ha bautizado como ‘Casa Pepa’ en honor a su difunta abuela.
«Sé muy bien la ilusión que le hacía ver a todos sus nietos y bisnietos pasar las vacaciones allí todos juntos y así será», expresó este martes la influencer, poniendo en valor el papel que su abuela habría desempeñado desde el más allá para ayudarle a encontrar la vivienda gracias a la «señal del destino» que detectó entonces. «¿Se me ponen los pelos de punta al recordarlo? Sí», admitía la valenciana en sus historias.
Aunque aún falta mucho tiempo para que Casa Pepa abra sus puertas, la creadora de contenido no ha querido desaprovechar la ocasión para enseñar su «casa de cuento», que consta de tres plantas distribuidas en 140 metros cuadrados construidos, antes de reformarla por completo y presumir de las privilegiadas vistas a la sierra que ofrece.
Según explicó en su recorrido, durante la reforma tiene previsto renovar y remodelar el techo, visiblemente deteriorado, así como «conservar, replicar y restaurar» las baldosas de la casa ante el desnivel presente en el suelo, entre otros cambios radicales como ampliar y añadir más ventanales para otorgarle mayor luminosidad y un aspecto más acogedor a una vivienda que, según ella misma señaló, es «muy antigua».
Entre tanto, no han sido pocos los seguidores que han puesto en duda su decisión de adquirir una nueva propiedad fuera de la capital y se han preguntado hasta dónde asciende su patrimonio inmobiliario. A este respecto, Mangriñán aclaró que, después de la venta de su casa de Valencia, en febrero de 2025, actualmente acumularía un total de dos propiedades, obviando los alquileres de su negocio de matcha.
Una en Madrid —bautizada como ‘Villa Canela’, en homenaje a su mascota—, que representaría su residencia habitual, donde vive con sus hijas y su pareja, y otra en su pueblo, Aín, concebida como su «casa de vacaciones». «Me llamo Violeta Mangriñán, no Violeta Ortega», comentó la influencer, en respuesta a quienes la señalan por poseer varias propiedades.
Sobre el problema de acceso a la vivienda
Más tarde, la exparticipante de Supervivientes compartió un chat privado con uno de sus seguidores en el que este, indignado, manifestaba su malestar ante la hipocresía de quienes critican a otros por «permitirse» comprar una vivienda. «No entiendo cuál es el problema que tiene la gente con eso. Si te sirve de consuelo, a mí también han intentado hacerme sentir mal porque mis padres tuvieran dos casas», expresó.
Mostrándole públicamente su apoyo, Violeta puso de relieve la situación «dramática» que, según ella, atraviesa el país en cuanto al acceso a la vivienda, al tiempo que se desvinculaba de cualquier tipo de «responsabilidad» o culpabilidad directa sobre este asunto.
«Es vergonzoso que la gente no pueda permitirse una vivienda propia y digna. No debería ser algo asombroso que alguien pueda tener dos casas», escribió la valenciana, a través de stories, comparando el panorama actual con la situación que vivió su familia. «Mis abuelos y mis padres siempre han tenido una casa en el pueblo y otra en la playa/montaña siendo personas humildes y con trabajos absolutamente corrientes», agregó.
La ‘influencer’ ha enseñado el interior de su nueva propiedad, ‘Casa Pepa’, ubicada en Aín, un pequeño pueblo de Castellón de menos de 140 habitantes.
Tras siete años de intensa búsqueda en el pueblo familiar, Aín, un pequeño y pintoresco pueblo del interior de Castellón, Violeta Mangriñán ha logrado cumplir uno de sus mayores sueños, ampliando su patrimonio inmobiliario con la adquisición de una nueva propiedad, a la que ha bautizado como ‘Casa Pepa’ en honor a su difunta abuela.
«Sé muy bien la ilusión que le hacía ver a todos sus nietos y bisnietos pasar las vacaciones allí todos juntos y así será», expresó este martes la influencer, poniendo en valor el papel que su abuela habría desempeñado desde el más allá para ayudarle a encontrar la vivienda gracias a la «señal del destino» que detectó entonces. «¿Se me ponen los pelos de punta al recordarlo? Sí», admitía la valenciana en sus historias.
Aunque aún falta mucho tiempo para que Casa Pepa abra sus puertas, la creadora de contenido no ha querido desaprovechar la ocasión para enseñar su «casa de cuento», que consta de tres plantas distribuidas en 140 metros cuadrados construidos, antes de reformarla por completo y presumir de las privilegiadas vistas a la sierra que ofrece.
Según explicó en su recorrido, durante la reforma tiene previsto renovar y remodelar el techo, visiblemente deteriorado, así como «conservar, replicar y restaurar» las baldosas de la casa ante el desnivel presente en el suelo, entre otros cambios radicales como ampliar y añadir más ventanales para otorgarle mayor luminosidad y un aspecto más acogedor a una vivienda que, según ella misma señaló, es «muy antigua».
Entre tanto, no han sido pocos los seguidores que han puesto en duda su decisión de adquirir una nueva propiedad fuera de la capital y se han preguntado hasta dónde asciende su patrimonio inmobiliario. A este respecto, Mangriñán aclaró que, después de la venta de su casa de Valencia, en febrero de 2025, actualmente acumularía un total de dos propiedades, obviando los alquileres de su negocio de matcha.
Una en Madrid —bautizada como ‘Villa Canela’, en homenaje a su mascota—, que representaría su residencia habitual, donde vive con sus hijas y su pareja, y otra en su pueblo, Aín, concebida como su «casa de vacaciones». «Me llamo Violeta Mangriñán, no Violeta Ortega», comentó la influencer, en respuesta a quienes la señalan por poseer varias propiedades.
Más tarde, la exparticipante de Supervivientes compartió un chat privado con uno de sus seguidores en el que este, indignado, manifestaba su malestar ante la hipocresía de quienes critican a otros por «permitirse» comprar una vivienda. «No entiendo cuál es el problema que tiene la gente con eso. Si te sirve de consuelo, a mí también han intentado hacerme sentir mal porque mis padres tuvieran dos casas», expresó.
Mostrándole públicamente su apoyo, Violeta puso de relieve la situación «dramática» que, según ella, atraviesa el país en cuanto al acceso a la vivienda, al tiempo que se desvinculaba de cualquier tipo de «responsabilidad» o culpabilidad directa sobre este asunto.
«Es vergonzoso que la gente no pueda permitirse una vivienda propia y digna. No debería ser algo asombroso que alguien pueda tener dos casas», escribió la valenciana, a través de stories, comparando el panorama actual con la situación que vivió su familia. «Mis abuelos y mis padres siempre han tenido una casa en el pueblo y otra en la playa/montaña siendo personas humildes y con trabajos absolutamente corrientes», agregó.

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