Los campamentos de verano donde China moldea a la ‘generación IA’

Nuevos campamentos de inteligencia artificial y comercio electrónico sustituyen a los tradicionales cursos de verano, mientras otros niños aprenden disciplina militar, supervivencia o técnicas de memorización en una carrera cada vez más feroz por el éxito Leer Nuevos campamentos de inteligencia artificial y comercio electrónico sustituyen a los tradicionales cursos de verano, mientras otros niños aprenden disciplina militar, supervivencia o técnicas de memorización en una carrera cada vez más feroz por el éxito Leer  

Una veintena de niños de entre 10 y 14 años entra en un luminoso laboratorio tecnológico de Shanghai. En las mesas hay ordenadores de última generación, pequeños robots humanoides, brazos mecánicos y gafas de realidad virtual. Un instructor proyecta en una enorme pantalla el logotipo de un conocido modelo de Inteligencia Artificial y les lanza el primer desafío: «En menos de una semana tendréis que crear vuestra propia startup de IA y convencer a un jurado de que vuestro proyecto merece una inversión». Algunos de los presentes ni siquiera han terminado Educación Primaria. Pero sus padres ya imaginan que su futuro profesional dependerá de dominar la tecnología que está revolucionando el mundo.

La escena se repite este verano en muchas grandes ciudades chinas. En un país donde la competición académica empieza prácticamente en la guardería y donde cada tendencia educativa se convierte rápidamente en un gigantesco negocio, la IA es la nueva obsesión de las familias urbanas de clase media. En las televisiones provinciales abundan anuncios de campamentos de verano que prometen convertir a niños y adolescentes en programadores y emprendedores tecnológicos.

El gigante tecnológico Tencent abrió en julio varios centros por todo el país para formar a los menores en IA, robótica y computación cuántica. Otros campamentos incluyen el acceso exclusivo a las fábricas de los demandados semiconductores o a las sedes de algunas de las empresas tecnológicas más prestigiosas del país.

El Gobierno chino decidió este año integrar la IA en todas las etapas del sistema educativo y aspira a que la enseñanza de esta disciplina sea prácticamente universal en las escuelas primarias y secundarias antes de que termine la década. Además, la industria educativa ha encontrado una mina de oro en el miedo de millones de padres a que sus hijos se queden rezagados en la carrera tecnológica.

Los precios reflejan esta fiebre. Una semana de inmersión tecnológica puede costar hasta 13.000 yuanes (alrededor de 1.700 euros). «Para la generación de nuestros hijos, la IA será su entorno natural», resume una madre de Shanghai al explicar por qué considera imprescindible que su hijo aprenda a dominar estas herramientas desde pequeño.

A unos 170 kilómetros de Shanghai, en la moderna ciudad de Hangzhou, la obsesión cambia ligeramente de nombre, aunque persigue el mismo objetivo: triunfar en la apabullante economía digital. La ciudad donde Jack Ma fundó Alibaba se ha convertido en el gran laboratorio del comercio electrónico chino y, con él, también ha nacido una nueva generación de campamentos infantiles. En estos cursos, los menores aprenden a convertirse en creadores de contenido.

Las jornadas transcurren entre focos, teléfonos móviles montados sobre trípodes y pequeños estudios que imitan los utilizados por los grandes ‘influencers’. Los alumnos practican retransmisiones en directo para Douyin, la versión china de TikTok; aprenden técnicas de edición de vídeo, fotografía de producto, ‘marketing’ digital y comunicación frente a la cámara.

Algunos incluso realizan auténticos directos de venta en los que presentan cosméticos, juguetes o pequeños electrodomésticos mientras los instructores corrigen el tono de voz, los gestos y la forma de captar la atención del consumidor.

No es casualidad que esta industria florezca precisamente en Hangzhou. Desde hace dos décadas, la ciudad se ha consolidado como la capital china del comercio electrónico gracias al ecosistema construido alrededor de Alibaba y cientos de empresas tecnológicas dedicadas al comercio digital, la logística, el marketing y las retransmisiones en directo.

Millones de jóvenes han encontrado allí una salida profesional ligada a la economía de plataformas, y las academias han trasladado ese sueño incluso a los niños, convenciendo a miles de familias de que cuanto antes empiecen a dominar los algoritmos y las ventas online, mayores serán sus oportunidades en este terreno.

Pero la carrera por fabricar al hijo perfecto no termina en los laboratorios de IA ni en los estudios de retransmisión en vivo. Desde hace varios años, China vive también una auténtica explosión de campamentos extremos que buscan moldear el carácter de los menores mediante disciplina militar.

En uno de estos centros, situado a las afueras de Pekín, el despertador suena a las 6:30 de la mañana con el himno nacional. Los niños, de entre nueve y 13 años, tienen menos de tres minutos para vestirse con uniforme militar, formar perfectamente alineados frente a la bandera y comenzar una jornada que incluye marchas con mochilas cargadas de arena, ejercicios de supervivencia, orientación en el bosque, entrenamiento con bastones de artes marciales, simulacros de rescate e incluso clases para descifrar códigos utilizados durante la guerra contra Japón.

También aprenden primeros auxilios, técnicas de combate o cómo liberarse de unas bridas tras una simulación de secuestro. El lema de uno de estos centros resume bien su filosofía: «Aquí no existe la debilidad; sólo la perseverancia y la victoria».

Otros padres prefieren fortalecer la mente antes que los músculos. Han proliferado campamentos que prometen mejorar la memoria, desarrollar ambos hemisferios cerebrales o enseñar a leer miles de caracteres en tiempo récord mediante ejercicios con ábacos, rompecabezas y técnicas de memorización acelerada.

También existen programas intensivos para reforzar las matemáticas o preparar competiciones académicas. En todos ellos parece que se repite el mismo mensaje: cualquier ventaja obtenida durante el verano puede marcar la diferencia cuando llegue el momento de competir por una plaza en las mejores universidades o por un empleo en las grandes empresas tecnológicas.

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