Fue usted el más grande, señor Keaton

Hay creadores que frecuentemente te provocan admiración e incluso el éxtasis cuando algunas de sus obras te regalan un montón de sensaciones impagables. Pero también surgen algunos a los que simplemente les amas. A mí me ocurrió desde la primera vez que les vi actuar y dirigir con un tal Joseph Frank Keaton, alias Buster Keaton. Es probable, aunque también indeseable, que entre la gente joven y los niños no le conozca nadie. No saben lo que se pierden. Pero durante más de una década, y concretamente entre 1923 y 1928, rodó ocho películas que fueron, son y serán obras maestras.

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Otra imagen de 'El maquinista de la General'. Se cumplen 100 años del estreno de ‘El maquinista de la General’. Es maravillosa, como todas sus películas. Todo lo que llevara su firma me hizo feliz  

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Se cumplen 100 años del estreno de ‘El maquinista de la General’. Es maravillosa, como todas sus películas. Todo lo que llevara su firma me hizo feliz

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El actor y director estadounidense Buster Keaton agarrado a la parte delantera de un tren en un momento de la película ‘El maquinista de la General’ (1926), dirigida por Keaton y Clyde Bruckman.Hulton Archive (Getty Images)
Carlos Boyero

Hay creadores que frecuentemente te provocan admiración e incluso el éxtasis cuando algunas de sus obras te regalan un montón de sensaciones impagables. Pero también surgen algunos a los que simplemente les amas. A mi me ocurrió desde la primera vez que les vi actuar y dirigir con un tal Joseph Frank Keaton, alias Buster Keaton. Es probable, aunque también indeseable, que entre la gente joven y los niños no le conozca nadie. No saben lo que se pierden. Pero durante más de una década, y concretamente entre 1923 y 1928, rodó ocho películas que fueron, son y serán obras maestras.

Keaton no solo poseía un sentido visual deslumbrante, cuyo único equivalente en la historia del cine podría ser Hitchcock. También inventó a un personaje inmortal, al que interpretó sin esbozar nunca una sonrisa. El cine entonces era mudo, pero él hablaba con su mirada, sus movimientos, su elasticidad, su determinación, su imaginación, su surrealismo, su infinita gracia, su pureza, su pragmatismo, su poesía.

¿Qué sentido tiene hoy hablar de Keaton? Todo. Aunque sea muy complicado revisar lo que él creó. Tal vez le programen en alguna plataforma marciana. Con escasas esperanzas de audiencia, imagino que las filmotecas tambien homenajean de vez en cuando al pionero de tantas cosas hermosas. Pero es altamente improbable que el público actual pase por taquilla para ver cine mudo y en blanco y negro. Me encantaría constatar que todavía puede existir una cinefilia a la que le siga pareciendo un personaje con tanto ingenio como gracia. Y también me pregunto si los niños y adolescentes actuales le pillarían el punto.

Keaton, al contrario que Chaplin —que tambien poseyó una faceta genial, pero siempre pensando en la taquilla, y que no solo aspiraba a provocar la risa del público, sino tambien a enternecerlo—, jamás apeló al ternurismo para ganarse incondicionalmente a los espectadores. Keaton jamás buscaba coartadas sentimentales ni pedía compasión. Tampoco ayudaba. Combatía en soledad ante todos los desastres y sobrevívía a ellos. Hacía siempre lo que tenía que hacer. Se metía en jaleos tremendos de los que salía indemne. Destilaba inocencia, pero actuaba como el más heroico de los profesionales.

Recuerdo que en España se repuso (o se estrenó en gran parte) su obra en el año 72 o 73. Yo me encargaba de seleccionar las películas en el colegio mayor que habitaba. No solo para los residentes de allí. Tambien vendíamos entrada a los moradores de otros colegios universitarios. Y siempre recordaré las risas y las carcajadas del público ante las aventuras de Keaton. En cortometrajes geniales como La casa eléctrica (1922) y en todos sus largos. Aplaudían cuando aparecía en la pantalla, se partían de risa con su catálogo de inventos para vencer a las feroces circunstancias, comentaban al día siguiente sus gags. Y a mí me emocionaba ser testigo de aquella compartida alegría, del permanente coro de risas. Pocas veces me he sentido útil. Esa fue una de ellas, aunque mi labor fuera tan simple como programar el cine de aquel individuo maravilloso.

A Keaton se lo tragó el cine sonoro. No supo sobrevivir con el nuevo lenguaje. Se convirtíó en un fracasado ilustre. Y cuentan que el alcoholismo llegó a grados muy alarmantes aunque siguiera vivo hasta los 70 años. Yo entrevisté a su viuda. En vano. La dama se refugiaba en lo tópicos. Keaton siempre fue muy feliz. Chaplin, según ella, se comportó siempre con él como el mejor amigo. Ojalá que tuviera razón, pero la historia cuenta que casi todo fue muy sombrío.

Se cumplen 100 años del nacimiento de El maquinista de la General. Es maravillosa. Tanto como El navegante, El cameraman, Siete ocasiones, La ley de la hospitalidad, El moderno Sherlock Holmes. Todo lo que llevara su firma. Me hizo feliz. Y eso no tiene precio.

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