El solitario y doloroso final de los tigres dientes de sable

Hacia el final de la Era de Hielo, hace unos 14.000 años, los días estaban dejando de ser fríos y húmedos. En la zona que hoy cubre la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos, el único asfalto existente emerge burbujeante desde el interior de la tierra. Es brea, el concentrado negro y pegajoso que deja el petróleo tras evaporarse. El olor es penetrante, a podredumbre y combustible. La combinación es posible por los charcos de agua que, tras la lluvia, se forman sobre el suelo traicionero, emulando un espejo de agua fatal para los herbívoros sedientos. Una trampa de trampas para los carnívoros oportunistas.

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 Un estudio de las vértebras de más de 850 esmilodontes revela una alta proporción de mutaciones genéticas, producto de la reproducción endogámica  

Hacia el final de la Era de Hielo, hace unos 14.000 años, los días estaban dejando de ser fríos y húmedos. En la zona que hoy cubre la ciudad de Los Ángeles, en Estados Unidos, el único asfalto existente emerge burbujeante desde el interior de la tierra. Es brea, el concentrado negro y pegajoso que deja el petróleo tras evaporarse. El olor es penetrante, a podredumbre y combustible. La combinación es posible por los charcos de agua que, tras la lluvia, se forman sobre el suelo traicionero, emulando un espejo de agua fatal para los herbívoros sedientos. Una trampa de trampas para los carnívoros oportunistas.

En esa falsa laguna, un perezoso gigante (Paramylodon) de unas cuatro a seis toneladas y cuatro metros, lucha inútilmente por salir. El hundimiento lento es imperceptible para un grupo de esmilodontes —tigres dientes de sable— que busca aprovechar la oportunidad para abalanzarse sobre él y acuchillarlo con sus filosos caninos de más de 20 centímetros con la ilusión de compartir el banquete con su familia. El líder de la manada toma la iniciativa a pesar del dolor punzante que atraviesa su columna desde hace meses. Salta sobre el enorme herbívoro y perpetra la mordida terminal para ambos. Debido a esta dolencia, el esmilodon no tiene la fuerza suficiente para escapar del charco de brea pegajosa. Sus compañeros acaban como él.

El veterinario que explicará la razón de su padecimiento, un tumor de nervio espinal, lo hará miles de años más tarde, junto a otras dos científicas, en Suiza. Se llama Hugo Schmökel y es el primer autor del artículo que se publica en Frontiers, junto a Francesca Del Chicca y Regine Hagen Argudin Pina.

El investigador, experto en cirugías de columna vertebral, explica que los cambios climáticos y la caza humana limitaron drásticamente la comida de los tigres dientes de sable. Muertos de hambre, su población se redujo tanto que se vio obligada a reproducirse entre parientes, lo que les causó mutaciones genéticas que provocaron tumores y enfermedades. “La endogamia fue consecuencia de la disminución de la población. No disponemos de análisis de ADN. Tenemos que comparar las malformaciones con las de animales actuales que presentan un factor de consanguinidad conocido”, aclara Schmökel en un correo electrónico.

Para descubrir la alta incidencia de defectos genéticos, el equipo analizó más de 3.700 vértebras de 850 esmilodontes. Y hallaron una proporción mucho más alta de mutaciones en contraste con los seres humanos actuales. Mientras que menos de una persona cada 100.000 las padece (el 0,001% de la población), en esos felinos extintos la cifra supera los 350 casos (0,35%).

La enorme colección de fósiles del Rancho La Brea es única en el mundo en sus dimensiones: 3,5 millones de especímenes, más de 60 especies de mamíferos, todo tipo de insectos, pequeños vertebrados, peces, anfibios, reptiles, aves y plantas. Todos acabaron víctimas de las trampas de alquitrán, menos los seres humanos.

La brea no dejó resquicio siquiera para una gota de oxígeno. Por eso, además, los fósiles están perfectamente preservados. Casi como el mosquito atrapado en ámbar, de Parque Jurásico, aunque lo del ADN sigue en el plano de la ficción.

No existe otra colección semejante con la que comparar los datos revelados sobre la salud de los esmilodontes. El equipo suizo resolvió cotejarlos con los de otros grandes felinos actuales, como leones y tigres. “Encontramos menos malformaciones y ningún rastro del tumor. También utilizamos al perro como referencia, ya que contamos con abundante material para estudiar. El lobo gris escandinavo, por su consanguinidad, también fue un buen ejemplo”, explica el científico helvético.

Sin ADN, la investigación solo puede continuar por la vía comparativa. “Intentaré estudiar más poblaciones extintas y vivas para comprender mejor estas malformaciones”, proyecta el veterinario que descubrió el solitario y doloroso final de los tigres dientes de sable.

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