La empresa suspende ‘sine die’ la segunda fase del proyecto Antofagasta, en Chile, obligado a operar a medio gas por la saturación de la red eléctrica Leer La empresa suspende ‘sine die’ la segunda fase del proyecto Antofagasta, en Chile, obligado a operar a medio gas por la saturación de la red eléctrica Leer
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Las empresas como Repsol, cuyo negocio sube o baja al albur de una materia prima tan cambiante como el crudo, están acostumbradas a reaccionar a los giros de guión inesperados. Ahora, la energética ha tenido que aplicar esa misma lógica a su negocio renovable. En un año, la multinacional ha pasado de celebrar la puesta en marcha del parque eólico más potente de su cartera, a anotarse por este activo un agujero contable de casi 300 millones de euros.
El proyecto Antofagasta, en Chile, fue diseñado para producir el equivalente al consumo de 220.000 hogares del país. Pero, por razones ajenas a la empresa, está operando a medio gas. Y es que la red eléctrica chilena está tan saturada que no puede absorber la electricidad que sale de sus aerogeneradores, lo que ha desbaratado el plan de negocio original.
«Tras su entrada en producción comercial, se han revisado las previsiones de flujos de caja para el proyecto debido a la situación estructural de congestión en la red, que está provocando elevados niveles de restricciones a la producción», recoge la empresa en su informe semestral.
En muchos de los países que han vivido un despliegue rápido y masivo de renovables, principalmente de fotovoltaica, sucede que se están disparando las restricciones técnicas. Es decir, que a los generadores se les está ordenando parar porque la red no es capaz de absorber su electricidad. Hay más energía que demanda y, en consecuencia, se disparan los vertidos, como se conoce en la jerga del sector a la electricidad desperdiciada.
España, por ejemplo, en el primer semestre de 2026 derrochó el triple de energía limpia que el año anterior, según la consultora Aurora. En Chile, los vertidos están desbocados. En los dos primeros meses de 2026 se duplicó el dato registrado un año antes. Más del 40% de esa electricidad que se va por el sumidero en el país andino se concentra, precisamente, en Antofagasta, región donde se localiza el parque de Repsol.
La petrolera explica que los vertidos están afectando «particularmente a la zona norte», donde se ha agudizado la congestión, «fundamentalmente, por el incremento de generación renovable». El problema de fondo es que la red chilena no está preparada para transportar toda la energíaverde que se genera en la zona norte hasta la zona centro, donde se concentra la demanda. Repsol ha admitido que la situación no tiene visos de revertirse.
Chile es un mercado central en la estrategia verde de Repsol. Entró en el país en 2020 de la mano de Ibereólica, un grupo español de renovables que ya contaba con proyectos en el territorio andino. Ambos formaron una joint venture (Repsol Ibereólica Renovables Chile). En 2023, la compañía que dirige Josu Jon Imaz decidió romper ese molde con el parque de Antofagasta y se hizo con el 100% del activo comprando a su socio la parte que no controlaba. Este proyecto ha sido el primero desarrollado integramente por Repsol en Chile.
La inversión total asociada a este coloso eólico se cifró en alrededor de 680 millones de euros, aunque el plan contemplaba dos fases. Repsol desembolsó 400 millones de euros en la primera, con una capacidad instalada de 364 MW, que empezó a operar en abril del año pasado.
El grupo preveía una segunda fase, de otros 450 MW, así como complementar los molinos con baterías para maximizar la rentabilidad. Hoy, todo eso está en vía muerta. «Se ha acordado con las autoridades locales (…) la suspensión temporal del desarrollo de la fase II», admite Repsol, que ha registrado en sus libros un deterioro de valor de 293 millones.
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