Los alumnos más ricos empeoran el doble que los más pobres en lengua y matemáticas

España ha obtenido un resultado desastroso en el Informe PISA, la mayor evaluación educativa del mundo. Pero el batacazo no ha sido igual para todos los alumnos. Si se les divide en cuatro niveles en función del perfil socioeconómico y cultural de la familia a la que pertenecen, el mayor hundimiento lo protagonizan los más ricos. Y no se trata de una diferencia menor. En lectura, el grupo de chavales más acomodado pierde 33 puntos respecto a la anterior edición de PISA, el doble de lo que empeoran los estudiantes de las otras clases sociales. De forma orientativa, la OCDE, responsable de la prueba, estima que 20 puntos equivalen a un curso académico de diferencia. En matemáticas, pierden 24,2 puntos -más del doble que los más vulnerables-. Y en ciencias, retroceden 12, cuando el cuartil anterior, el tercero, avanza 2,7 puntos. Ello no impide que los estudiantes más acomodados sigan siendo los que mejor resultado obtienen.

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 Los estudiantes de clase alta lideran la pérdida de rendimiento educativo en el conjunto del mundo desarrollado  

España ha obtenido un resultado desastroso en el Informe PISA, la mayor evaluación educativa del mundo. Pero el batacazo no ha sido igual para todos los alumnos. Si se les divide en cuatro niveles en función del perfil socioeconómico y cultural de la familia a la que pertenecen, el mayor hundimiento lo protagonizan los más ricos. Y no se trata de una diferencia menor. En lectura, el grupo de chavales más acomodado pierde 33 puntos respecto a la anterior edición de PISA, el doble de lo que empeoran los estudiantes de las otras clases sociales. De forma orientativa, la OCDE, responsable de la prueba, estima que 20 puntos equivalen a un curso académico de diferencia. En matemáticas, pierden 24,2 puntos -más del doble que los más vulnerables-. Y en ciencias, retroceden 12, cuando el cuartil anterior, el tercero, avanza 2,7 puntos. Ello no impide que los estudiantes más acomodados sigan siendo los que mejor resultado obtienen.

El fenómeno no es solo español: en el promedio del mundo desarrollado los resultados educativos también caen especialmente en el segmento más pudiente, aunque su bajada no es tan dramática. Bajan 20,4 puntos en lectura, 13,6 en matemáticas y 7,5 en ciencias.

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Otra cosa que diferencia a España de la media de la OCDE, una institución formada principalmente por las economías ricas, es que en esta los otros tres cuartiles socioeconómicos registran descensos moderados o incluso mejoras. En España no: a los otros tres grupos sociales también les va muy mal, y los más ricos se hunden. El único grupo español que muestra una mejora es el que pertenece al tercer cuartil, pero es modesto, un 2,7, y solo en ciencias.

Los alumnos más ricos siguen, pese a ello, obteniendo una puntuación mucho más elevada que los más pobres, tanto en España como en el resto del mundo. En ciencias, por ejemplo, la distancia entre los alumnos españoles de uno y otro extremo del arco social alcanza los 77 puntos, lo que equivale a una diferencia de más de tres cursos escolares. En el promedio de la OCDE la diferencia es todavía mayor, de 85 puntos.

La gran brecha socioeconómica, que es la mayor línea divisoria que muestra el Informe PISA entre los distintos factores externos al alumnado que analiza, se debe, señala el estudio, a las ventajas con las que cuentan de partida los chavales de clases sociales más acomodadas: “Los recursos económicos tangibles, como el acceso a clases de refuerzo, a dispositivos tecnológicos y otros materiales educativos”; el “capital cultural” adquirido por el contacto desde pequeños con sus progenitores, “que se manifiesta en habilidades lingüísticas más desarrolladas, hábitos de estudio consolidados, así como familiaridad con las normas del sistema educativo”, y el “capital social, reflejado en redes de apoyo, expectativas familiares elevadas y la disponibilidad de modelos de referencia”.

“En contraste con ello”, prosigue el informe, “los estudiantes de entornos socioeconómicamente desfavorecidos enfrentan mayores limitaciones derivadas del desempleo, la precariedad laboral o la pobreza, lo que afecta negativamente a sus oportunidades educativas”.

Para dividir al alumnado en cuartiles, los autores del informe elaboran un índice socioeconómico y cultural (ISEC), utilizando la información de contexto que les proporcionan los cuestionarios dirigidos a estudiantes y a los directores de sus centros educativos que acompañan los ejercicios. Los componentes principales del indicador son el nivel educativo de los padres, su estatus “socio-profesional”, y los recursos y otras características de su hogar, como el número de libros y de dispositivos tecnológicos con los que cuenta, o si dispone de espacios apropiados para estudiar.

En ese índice estandarizado, el promedio de la OCDE es aproximadamente 0 -en este caso, -0,01-, y la desviación típica es de 1. Los estudiantes españoles se sitúan ligeramente por debajo del nivel ISEC de la media de la OCDE, con un -0,06. La clasificación de países que pertenecen o bien a dicha organización internacional o bien a la Unión Europea la encabeza Australia, con un índice de 0,48, seguida de Canadá (0,43), Chipre (0,42), Noruega (0,42) y Dinamarca (0,38). Y los cinco últimos son Rumanía (-0,34), Chile (-0,45) y, a bastante distancia, México (-0,90), Turquía, (-1) y Colombia (-1,08).

La brecha socioeconómica y cultural del alumnado dentro de España también es importante. Encabeza el ranking de las comunidades autónomas la Comunidad de Madrid, con un ISEC del 0,32 ―lo que la sitúa entre Suecia, 0,32, e Irlanda, 0,33―, seguida de Euskadi (0,19). Y lo cierran Andalucía y Murcia, con un -0,31. Si fueran países ello las colocaría entre Grecia (-0,27) y Rumanía (-0,34). Por debajo de ellas se sitúan las ciudades autónomas de Melilla (-0,56) y Ceuta (-0,59).

El informe no plantea causas específicas de la bajada. Como suele pasar con PISA, a partir de ahora expertos educativos de todo el mundo se dedicaran a explotar sus datos y elaborar hipótesis. En sus propias páginas, hay, sin embargo, algunas pistas que pueden ser piezas de una explicación más amplia. España es, por ejemplo, el país desarrollado ―con Malta―, cuyos estudiantes más utilizan la IA para estudiar. Los datos muestran una correlación entre mayor uso de esta tecnología ―al menos, de la forma en que la están utilizando ahora― y peor rendimiento educativo. Y dentro del alumnado español, el más rico la utiliza significativamente más que el pobre.

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