Hasta ahora, en el caso de la violación en grupo en la Universidad de Cornell había información con la que era difícil entender qué había sucedido y qué no había sucedido.
Informes obtenidos por ‘The New York Times’ detallan cómo las autoridades manejaron la denuncia original y cómo la estudiante procesó lo sucedido en los días posteriores a los hechos
Hasta ahora, en el caso de la violación en grupo en la Universidad de Cornell había información con la que era difícil entender qué había sucedido y qué no había sucedido.
La mujer que ha hecho la denuncia, conocida solo como Jane Doe —el nombre en inglés que se da a aquellas que quieren permanecer anónimas o cuya identidad es desconocida—, la había interpuesto dos veces. La primera, el 8 de noviembre de 2024, 19 días después de que ocurrieran los hechos que relató ante la policía privada que trabaja en ese campus de élite. Esos agentes enviaron la declaración al fiscal y este concluyó que con esa declaración, no había delito.
La segunda, el pasado 14 de septiembre, cuando demandó al centro y a distintas fraternidades y organizaciones estudiantiles por “negligencia” en el manejo del caso, además de a los siete hombres que afirma que la agredieron. Esa demanda se hizo pública y los detalles del caso han provocado un enorme rechazo público, no solo en Estados Unidos. La pregunta de la sociedad era cómo podía no haberse visto delito en una agresión sexual continuada durante horas contra una mujer —de 20 años en aquel momento— en un estado semiinconsciente.
La respuesta son nuevos documentos que muestran cómo, tras la agresión, la víctima pasó días enfrentándose a sentimientos de vergüenza y shock hasta llegar a entender lo que le había ocurrido a manos de siete hombres. Y también revelan discrepancias entre lo que ella contó a la policía del campus sobre aquella noche y lo que esta remitió a la Fiscalía, que posteriormente decidió no presentar cargos contra los presuntos agresores por falta de pruebas.
Según un comunicado del fiscal este 28 de septiembre, “la declaración jurada de Jane Doe de noviembre de 2024 no afirmaba que hubiera sido drogada contra su voluntad ni que hubiera sido violada en grupo. Por el contrario, describía su participación en el consumo de drogas y en actividades sexuales como voluntaria, consciente y consentida”.
The New York Times obtuvo en exclusiva documentos internos de la investigación que Cornell llevó a cabo tras la agresión, que ofrecen más detalles sobre el manejo de la investigación por parte de la policía de Cornell.
Según la declaración que Doe prestó entonces ante la policía, la mujer dijo: “Puedo afirmar con total seguridad que me violaron”. Sin embargo, en el informe de lo ocurrido que la policía entregó a la Fiscalía del condado de Tompkins, donde se encuentra Cornell, no se mencionaba su afirmación de que había sido violada, según The New York Times.
En el testimonio que ofreció en aquella primera denuncia, la estudiante narra lo ocurrido con brutal detalle. Su abogado, Thomas Giuffra, afirmó a los medios esta semana que la declaración de noviembre de 2024 y la que se recogía en la demanda del pasado 14 de septiembre no diferían.
Ella, tanto en aquella ocasión como en la última, según los documentos de The New York Times, deja claro lo intoxicada que se encontraba: “Sentía que no era capaz de tomar ninguna decisión debido a lo borracha que estaba”. Cuenta que intentó frenar lo que ocurría, que se sentía incómoda y “horrorizada”. “Para mí, fue una coacción. Además, me pareció que, dado mi estado de embriaguez, deberían haberse dado cuenta de lo borracha que estaba”, afirma en el documento.
A partir de todo lo que ella le contó a la policía del campus a lo largo de varias horas, el agente resumió posteriormente la entrevista en una “declaración voluntaria” de seis páginas redactada desde su punto de vista, según los documentos de The New York Times. La estudiante la firmó. Al revisarla el fiscal, decidió no presentar cargos contra los acusados.
Por eso, Doe presentó el pasado 14 de septiembre una demanda civil contra Cornell y los siete hombres que acusa de haberla violado durante casi siete horas, así como contra la fraternidad a la que pertenecían los señalados, puesto que la agresión que relató tuvo lugar en la vivienda de la fraternidad Chi Phi en el campus, y la hermandad de la que la víctima formaba parte. Tras presentar su denuncia, la Fiscalía correspondiente decidió reabrir su investigación, alegando que algunos de los detalles incluidos en la denuncia no figuraban en el informe policial que recibió en 2024.
Según relata The New York Times citando los documentos de la investigación de la universidad, la mujer habló sobre lo que le había pasado con sus compañeras de piso y miembros de su hermandad. En los días posteriores a la agresión, la noche del 19 de octubre a la madrugada del 20, Doe no se identificó como víctima de una violación, algo que no es extraño en quienes han sufrido esa violencia.
También intercambió mensajes de texto con uno de los alumnos que luego acusaría. En una conversación citada por el medio neoyorquino, uno de los acusados, Jonathan Newell, le escribió: “Solo quería disculparme por cómo se dieron las cosas la otra noche”. A continuación, dijo que tanto él como Matthew Ingalls, otro de los hombres nombrados en la denuncia, se sentían muy mal por haber estado demasiado afectados por las drogas y el alcohol como para “poner fin a la situación y echar a la gente antes de que se saliera completamente de control”.
Ella le respondió: “Ninguna de esas cosas sexuales era ilegal”.
Newell es el mismo que, durante la noche en cuestión, envió un mensaje al grupo de Snapchat de Chi Phi indicando que una mujer se encontraba en la planta alta de la fraternidad “libre” para mantener relaciones sexuales, según una captura de pantalla incluida en la demanda. Concretamente, el mensaje decía “free pussy up [upstairs]”, es decir, “coño gratis arriba”.
Mientras Doe procesaba lo ocurrido, en el campus de la universidad se esparcían los rumores sobre lo que había pasado en la fraternidad de Chi Phi esa noche. Según la investigación de la universidad, la estaban acusando de ser “una zorra”.
“Creo que ella quería que fuera consentido”, dijo sobre lo ocurrido la compañera de piso de Doe a los investigadores de Cornell. Según ella, Doe ya había sufrido agresiones sexuales anteriormente, lo que le hacía especialmente difícil hablar abiertamente de ello.
Sin embargo, a medida que pasaban los días, Doe se fue dando cuenta de que le había ocurrido algo “malo”. “Y de que, en realidad, no había disfrutado” de ello, según la compañera de piso citada.
Aproximadamente una semana después, Doe leyó algunas publicaciones en un foro en línea sobre las fraternidades en el campus que hablaban de las “violaciones en grupo” de Chi Phi. “Consumen drogas y violaron en grupo a una estudiante de segundo curso”, decía un comentario. “Denúncienlos”.
“Fue la primera vez que oí que la versión de los hechos cambiaba: que yo no era una puta y que me habían agredido”, declaró Doe a los investigadores de Cornell.
Para el 3 de noviembre, Doe parecía haber llegado a la conclusión de que había sido agredida. Le envió un mensaje de texto al acusado Newell, según los documentos citados por The Times: “Dejemos claro que el 90% de lo que ocurrió esa noche no fue consensuado. Me dieron más ketamina de la que puedo recordar y sé que te dije que me sentía incómoda y que no conocía a nadie en la habitación”.
El 8 de noviembre, la mujer denunció ante la policía de la universidad.
Sociedad en EL PAÍS
