Todos los guionistas tenemos pánico a que un actor nos llame diciendo que quiere mejorar el guion. Y eso es porque no hay tantos actores como Manolo Solo.
No mejoraba los diálogos porque quisiera dejar su huella, los mejoraba porque entendía a los personajes mejor que nadie
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
No mejoraba los diálogos porque quisiera dejar su huella, los mejoraba porque entendía a los personajes mejor que nadie
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Diego San José
Todos los guionistas tenemos pánico a que un actor nos llame diciendo que quiere mejorar el guion. Y eso es porque no hay tantos actores como Manolo Solo.
No quiero que parezca que digo esto porque se nos acaba de ir. No lo diría si no tuviera pruebas. Fue hace un par de años, estábamos preparando la serie Celestey Manolo tenía dudas con algunas frases de Tony, el paparazzo que interpretó en la primera temporada. Me dijo que fuera a su casa. Ni siquiera a una cafetería. Directamente a su casa.
Hoy pienso mucho en él, pero sobre todo en aquella tarde en la que le visité. Estábamos en su salón, junto a su perro. Manolo empezó a leer los guiones y a decir sus frases en voz alta. Pero no las decía como estaban escritas, las decía de otra manera. A su manera. Las decía mejor. Empecé a cambiar las líneas que estaba diciendo Tony. Porque en aquel momento ya no era Manolo Solo el que las decía.
Aquella tarde fue la primera vez que le dije algo que luego le dije muchas más veces. Le dije que era buen guionista. Aquella tarde todavía no éramos amigos, pero tal vez fue el día en que empezamos a serlo. Para mí, si me metes en tu salón y me dejas acariciar a tu perro, lo siento pero ya tenemos una amistad.
Y entonces surgió el problema. Dejó de ser Tony para volver a ser Manolo. Había una frase que se le atascaba. En un momento del guión, Tony se despedía por teléfono diciendo “te como la cara”. Manolo no la veía. Me decía que para él un “te como la cara” no se podía decir así como así, que era una frase que escondía mucho sentimiento. Buscamos alternativas. Estuvimos un rato. Yo ya no sabía qué más proponerle. Creo que lo notó porque me dijo que no me preocupara. Que la defendería como yo la había escrito.
Eso me dijo. Nos habíamos hecho amigos.
Aquella tarde entendí que Manolo no mejoraba los diálogos porque quisiera dejar su huella, los mejoraba porque entendía a los personajes mejor que nadie. Manolo se puede marchar tranquilo porque se lleva una carrera llena de roles increíbles, pero yo estoy peor sin él. Me da mucha rabia que lo perdamos justo cuando le llegaban los protagonistas. Tanta rabia como darme cuenta ahora de que Manolo tenía razón aquella tarde en el salón de su casa.
“Te como la cara” no es una despedida cualquiera. Es una frase que solo se puede decir bien cuando realmente quieres mucho a alguien.
Hasta siempre, Manolo.
Te como la cara.
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