Así llegó ‘Arwen’ a reina de los ratopines: la sucesión al trono del animal más fascinante sin derramar una gota de sangre

Es, quizá, el animal más extraordinario sobre la faz de la Tierra. No solo por su extraño y llamativo aspecto; es arrugado, rosado, casi sin pelo, con unos dientes desproporcionados que sobresalen de su hocico y unos ojos diminutos y casi inútiles. Lo es, sobre todo, por lo que esconde debajo de esa arrugada piel. El ratopín rasurado (Heterocephalus glaber) es un roedor del tamaño de un ratón que habita en colonias subterráneas en el Cuerno de África y, también, en laboratorios de todo el mundo por sus fascinantes cualidades: vive hasta 30 o incluso 40 años, diez veces más que sus parientes los ratones. Apenas desarrolla cáncer. Su piel es insensible a los ácidos y no siente dolor. Y es el único mamífero que vive en colonias subterráneas, como las hormigas, con una reina, y soldados y obreros que viven para servirla. Su vida ha inspirado personajes de dibujos animados y hasta cómics. Un estudio publicado este miércoles en la revista Science Advances añade ahora un capítulo más a su leyenda: cuando la reina de la colonia pierde fuerza, sus súbditas no se matan entre sí para sustituirla. Pueden hacer algo mucho más sorprendente. Pueden esperar.

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 Un estudio realizado durante seis años revela que el ratopín rasurado, el roedor que no desarrolla cáncer ni siente dolor, tiene también un sistema de gobierno más sofisticado de lo que se creía  

Es, quizá, el animal más extraordinario sobre la faz de la Tierra. No solo por su extraño y llamativo aspecto; es arrugado, rosado, casi sin pelo, con unos dientes desproporcionados que sobresalen de su hocico y unos ojos diminutos y casi inútiles. Lo es, sobre todo, por lo que esconde debajo de esa arrugada piel. El ratopín rasurado (Heterocephalus glaber) es un roedor del tamaño de un ratón que habita en colonias subterráneas en el Cuerno de África y, también, en laboratorios de todo el mundo por sus fascinantes cualidades: vive hasta 30 o incluso 40 años, diez veces más que sus parientes los ratones. Apenas desarrolla cáncer. Su piel es insensible a los ácidos y no siente dolor. Y es el único mamífero que vive en colonias subterráneas, como las hormigas, con una reina, y soldados y obreros que viven para servirla. Su vida ha inspirado personajes de dibujos animados y hasta cómics. Un estudio publicado este miércoles en la revista Science Advances añade ahora un capítulo más a su leyenda: cuando la reina de la colonia pierde fuerza, sus súbditas no se matan entre sí para sustituirla. Pueden hacer algo mucho más sorprendente. Pueden esperar.

La historia comienza en julio de 2019, en el Instituto Salk de Estudios Biológicos de La Jolla, California. Una colonia de seis animales llegó al laboratorio de Janelle Ayres: una reina de edad desconocida llamada Teré, un macho llamado Paquito, y la primera camada que habían tenido juntos. La colonia recibió el nombre de “Los Amigos” (en español). A las crías que fueron naciendo se les pusieron también nombres, y algunos venían de Tolkien, como Arwen, la hermosa elfa que liga su destino al humano Aragorn. La investigadora principal del estudio, Ayres, explica que nombrar a los individuos hace más fácil el seguimiento a lo largo del tiempo y refleja “un reconocimiento respetuoso de su individualidad, sin perder la objetividad científica”.

Durante los primeros meses, Teré se comportó como una reina modelo. Producía camadas de forma regular, con intervalos de entre 76 y 81 días, y de entre 6 y 10 crías, con una supervivencia del 100%. No había agresiones en la colonia. La estructura social estaba clara. Pero las colonias de ratopines son sistemas vivos, y los científicos querían saber qué ocurre cuando ocurre algo inesperado en ese sistema.

En el mundo del ratopín rasurado, la reproducción es un asunto de una sola hembra. Las colonias se organizan en torno a esa única hembra reproductora, la reina, que monopoliza la cría. La reina suprime activamente la ovulación de las hembras subordinadas, mediante la intimidación (las muerde o empuja), por señales químicas y, posiblemente, por mecanismos fisiológicos aún no del todo comprendidos. Es una dictadura biológica.

Lo que se sabía hasta ahora es que, cuando la reina muere o desaparece, el orden se rompe de forma violenta. Las hembras subordinadas compiten para asumir el rol reproductivo, lo que genera mucha agresividad y guerras continuas hacia la sucesión: la sangre decide quién manda.

Pero Ayres y su equipo sospechaban que podía existir otro camino. Para encontrarlo, necesitaban un experimento largo (fueron seis años), tener paciencia y una colonia a la que conocieran animal por animal. Los Amigos fueron perfectos.

Los investigadores sometieron a la colonia a dos tipos de tensiones, conocidas por alterar la reproducción en roedores. La primera fue el hacinamiento. Cuando la colonia alcanzó los 39 animales, la reina siguió quedándose embarazada y pariendo camadas de tamaño normal, pero todos los cachorros morían. El estrés afectaba a los recién nacidos, no a la fertilidad de Teré. Y ninguna subordinada aprovechó la debilidad reproductiva de la reina para intentar arrebatarle el trono.

La segunda perturbación fue más poderosa: una mudanza. En mayo de 2022, la colonia entera fue trasladada a otro edificio del mismo campus. Las condiciones ambientales —temperatura, humedad, ciclo de luz— eran idénticas. Pero algo cambió. La capacidad de reproducción de Teré cesó por completo. Durante el año siguiente, mantuvo un peso estable y los exámenes clínicos no revelaron ninguna evidencia de embarazo. Un año sin crías, sin explicación aparente. Y de nuevo, sin agresiones.

Fue durante esta larga pausa cuando los investigadores empezaron a observar algo nuevo: en el otoño de 2023, Teré retomó tímidamente la reproducción con camadas de uno o dos cachorros que no sobrevivían; pero mientras, una de sus hijas, Alexandria, empezó a mostrar signos del embarazo. Una segunda hembra reproductora había emergido en la colonia, algo que no se había documentado antes. Y sin que nadie se peleara por ello.

Esa reproducción en paralelo ocurrió sin ninguna agresión, sin desafíos de dominación ni inestabilidad social en la colonia. Teré y Alexandria estaban, a su manera, compartiendo el trono. Alexandria murió poco después, pero otra hija de Teré de la misma camada, Arwen, comenzó a mostrar los mismos indicios de embarazo. En octubre de 2025, Arwen dio a luz dos cachorros que sobrevivieron; los primeros en hacerlo desde 2023. Los investigadores documentaron que Teré mostraba un comportamiento de “guardia” hacia Arwen y su camada, sin ningún signo de conflicto. La sucesión se había completado. Sin agresiones ni derramamiento de sangre. La reina madre cedió el poder a su hija, y ella lo tomó sin necesidad de arrebatárselo.

Ayres es cauta sobre hasta qué punto este hallazgo refleja lo que ocurre en la naturaleza. “Nuestros hallazgos demuestran que los ratopines rasurados son capaces de una sucesión pacífica, además de la vía agresiva más ampliamente reconocida”, afirma. “Sin embargo, queda por determinar si esta estrategia alternativa se emplea en entornos naturales”.

Lo que el estudio sí permite afirmar es que existe esa flexibilidad, ese “camino oculto”, como lo llaman los propios autores. Los hallazgos revelan una “plasticidad social”, dicen, que nunca se había observado en este animal, sometido tradicionalmente a la fuerte jerarquía de la reina.

¿Qué determina qué camino toma una colonia? Ayres tiene una hipótesis: “Es razonable especular que la sucesión depende no solo de la estabilidad social y la competencia reproductiva, sino también de un análisis coste-beneficio. Cuando el coste del conflicto es demasiado alto, puede favorecerse una transición pacífica”.

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