Carson, una poeta entre dos mundos

Conocí a Anne Carson en mayo de 2019, durante una entrevista concedida a este periódico con motivo del estreno de Norma Jeane Baker de Troya, en el Griffin Theater de The Shed, en Hudson Yards, Manhattan. La obra era una audaz propuesta escénica en la que se daban cita ópera, teatro y poesía, centradas en la figura de Marilyn Monroe (nombre artístico de Norma Jeane Baker), a quien la escritora canadiense, fiel a su afán por desvelar conexiones insólitas entre el mundo clásico y la contemporaneidad, enlazaba con la figura de Helena de Troya, tal como dio cuenta de ella la tragedia de Eurípides. No era la primera vez que efectuaba una exploración a fondo de un icono femenino, en esta ocasión del cine (anteriormente lo había hecho con Catherine Deneuve y Monica Vitti). Otras figuras de relieve a las que se acercó en su dilatada obra son Simone Weil, de quien tomó el término “decreación”, que da título a una de sus obras más representativas, o Virginia Woolf, a quien considera la figura más importante de toda la historia de la literatura.

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 El encuentro con Safo a los 15 años marcó el camino de una autora que ha tendido puentes entre la literatura clásica y el mundo contemporáneo  

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El encuentro con Safo a los 15 años marcó el camino de una autora que ha tendido puentes entre la literatura clásica y el mundo contemporáneo

Algunas obras exhibidas de Anne Carson, ganadora del Nobel de Literatura 2026, en una librería de Londres.Hannah McKay (REUTERS)

Conocí a Anne Carson en mayo de 2019, durante una entrevista concedida a este periódico con motivo del estreno de Norma Jeane Baker de Troya, en el Griffin Theater de The Shed, en Hudson Yards, Manhattan. La obra era una audaz propuesta escénica en la que se daban cita ópera, teatro y poesía, centradas en la figura de Marilyn Monroe (nombre artístico de Norma Jeane Baker), a quien la escritora canadiense, fiel a su afán por desvelar conexiones insólitas entre el mundo clásico y la contemporaneidad, enlazaba con la figura de Helena de Troya, tal como dio cuenta de ella la tragedia de Eurípides. No era la primera vez que efectuaba una exploración a fondo de un icono femenino, en esta ocasión del cine (anteriormente lo había hecho con Catherine Deneuve y Monica Vitti). Otras figuras de relieve a las que se acercó en su dilatada obra son Simone Weil, de quien tomó el término “decreación”, que da título a una de sus obras más representativas, o Virginia Woolf, a quien considera la figura más importante de toda la historia de la literatura.

Todo empezó de manera fortuita cuando a la edad de 15 años entró en una librería de una pequeña localidad de Ontario y se tropezó con una edición bilingüe de los poemas de Safo. La visión de la página en griego despertó en ella una conmoción inexplicable, haciéndole sentir la necesidad de descifrar el enigma que se ocultaba tras la belleza visual de aquellos signos. Nunca se alejaría demasiado de lo que sintió en aquel momento, dedicando el resto de su vida a crear una obra poética híbrida que surgía en el intersticio que mediaba entre la contemporaneidad y el mundo de la Grecia clásica. Considerada una de las voces mayores de la poesía actual en cualquier lengua, Carson se encontraba en Islandia cuando sonó el teléfono y la secretaria permanente de la Academia Sueca, Ingrid Carlberg, le anunció que le había sido concedido el Premio Nobel de Literatura del año 2026. “Estaba escuchando el viento”, afirmó sin dejar traslucir ninguna emoción, según Carlber, y colgó, cortando radicalmente la comunicación telefónica con el mundo, según confirmó su editorial estadounidense, tras múltiples intentos por comunicarse con ella.

Hace seis años, en 2020, cuando le fue concedido el Premio Princesa de Asturias de las Letras tardó varias horas en hacerlo, porque se había ido a nadar a un lago a las 6 de la mañana, pero cuando regresó accedió a mantener una segunda conversación por correo electrónico con este periódico (la primera tuvo lugar en persona, durante un paseo a orillas del Hudson). A punto de cumplir 70 años, le pregunté entonces, ¿se sentía muy alejada de la niña que descubrió el misterio que se ocultaba tras la poesía de Safo? No, repuso, y matizó: “Estaba tan perdida que el viento la hubiera podido arrastrar en cualquier dirección, pero por alguna razón la arrastró adonde me encuentro ahora. ¡Qué extraño!”. El viento que este jueves estaba intentando comunicarse con ella en Islandia era el mismo que entonces soplaba hace seis años en Ontario.

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