Crece la tensión en Ceuta entre protestas por la gestión de la crisis y la llegada del ministro Torres

La policía disuelve el reparto de alimentos a los migrantes este martes en la playa El Trampolín de Ceuta

Y en el día 25, Ceuta saltó por los aires y la paciencia se agotó. No hace falta ser muy listo ni un fino analista para entender la situación cuando el taxista, el farmacéutico, el policía, el político, la prostituta, el vendedor de droga, el exmilitar, el ama de casa, la estudiante y el camarero repiten la misma frase: “No podemos más”. Este martes, distintos episodios evidenciaban que en Ceuta han comenzado a romperse las finas costuras que unen una ciudad de 84.000 habitantes, 17.000 funcionarios y tres religiones mayoritarias, que de un día para otro se llenó de inmigrantes que caminan desorientados, arrastrando los pies y con las manos en los bolsillos, pasando las horas.

Seguir leyendo

 Se multiplican los incidentes en medio del creciente hartazgo de la ciudad y la visita del nuevo mando único  

Y en el día 25, Ceuta saltó por los aires y la paciencia se agotó. No hace falta ser muy listo ni un fino analista para entender la situación cuando el taxista, el farmacéutico, el policía, el político, la prostituta, el vendedor de droga, el exmilitar, el ama de casa, la estudiante y el camarero repiten la misma frase: “No podemos más”. Este martes, distintos episodios evidenciaban que en Ceuta han comenzado a romperse las finas costuras que unen una ciudad de 84.000 habitantes, 17.000 funcionarios y tres religiones mayoritarias, que de un día para otro se llenó de inmigrantes que caminan desorientados, arrastrando los pies y con las manos en los bolsillos, pasando las horas.

Este martes, los acontecimientos se sucedieron en una ciudad poco acostumbrada a los sobresaltos y que una y otra vez repite que se ha quedado “sin frontera, sin ciudad, sin verano, sin polideportivos y sin feria; y veremos si puede empezar el curso escolar”, dice el estanquero.

A mediodía, el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, quiso dar, por fin, dos buenas noticias a sus vecinos: “Ceuta formará parte del Comité Europeo de las Regiones”. Gracias al apoyo de otros ayuntamientos españoles, que le han cedido un puesto, Ceuta tendrá voz en Bruselas. Esta era una vieja reivindicación ceutí que en otro momento hubiera generado el entusiasmo colectivo, pero que llegó en un momento en el que, más que un reconocimiento, sonó a caritativa deferencia.

No había terminado de presumir su logro cuando Vivas calificó de “graves” las palabras de la ministra Margarita Robles sobre los informes del CNI que avisaban de una llegada masiva de migrantes. Una afirmación contradicha después por el ministro Fernando Grande-Marlaska. “¿Por qué no se atendieron los avisos previos? ¿Por qué no nos atendieron cuando pedimos mando único? ¿Por qué no se ha declarado zona de emergencia? Son algunas de las muchas preguntas que faltan por responder”, resumió.

La segunda buena noticia fue la toma de posesión del mando único que exigía Vivas. Antes de las siete de la tarde, sin embargo, los ceutíes boicotearon la llegada del ministro Ángel Víctor Torres organizando una manifestación que salió justo de donde, supuestamente, estaba reunido con el delegado del Gobierno en la ciudad. Gritos, abucheos a la fachada y el inicio de una manifestación que tardó dos horas en recorrer los menos de 20 kilómetros cuadrados que tiene la ciudad. Plaza de África, playa El Chorrillo y Loma Colmenar. Unas cien personas caminaron desde el mar hasta la frontera, pero cuando regresaron al centro, más y más ceutíes comenzaron a sumarse.

A la misma hora, en otra punta de la ciudad, o sea, a 10 minutos en coche, comenzaba el masivo reparto de alimentos para las miles de personas que entraron irregularmente el 30 y el 31 de julio. La escena que se repite todos los días al caer el sol, cuando miles de migrantes que durante el día han estado deambulando, en los albergues o escondidos, bajan hasta la playa de El Trampolín para recibir su ración diaria. Una bolsa en la que hay atún, leche, pan, galletas y un zumo.

Medio centenar de antidisturbios son los encargados de ordenar la caótica masa de gente. La prioridad es proteger al personal de la Cruz Roja para que pueda efectuar el reparto de forma segura, después de que los servicios de limpieza dijeran que no volverían a limpiar si no estaba la Policía. Esta vez fue un incidente menor: alguien se puso a rezar fuera de la fila, pero que dio paso a un empujón de la Policía. Después, gritos, piedras y una multitudinaria batalla campal que terminó disuelta con golpes y gases lacrimógenos. Entre los agentes de la UIP la tensión era notable y entre los chicos se extendía el hartazgo ante una situación que nada tiene que ver con lo que habían visto en redes sociales.

Mientras tanto, en el centro de Ceuta, cientos de personas más se habían unido a la manifestación. Las banderas de España y las camisetas con el lema “Ceuta no se vende, Ceuta se defiende” habían dado paso a los insultos “hijos de puta” y “Gobierno de mierda”, frente al hotel donde supuestamente estaba alojado el mando único, Ángel Víctor Torres. Fue el peor momento para que dos marroquíes despistados vestidos de chándal y chanclas aparecieran cuando alguien lanzó la primera patada. Después, insultos para ellos y agresividad hacia la fotoperiodista que tomó la foto. “Hay que entender la situación”, dijo Yolanda de la Guerra, esposa de militar y con más de una década viviendo en la ciudad autónoma. “Llevamos muchos días de tensión. Yo no salgo de casa y he mandado a mis hijas a la península hasta que se arregle esta situación”.

Un hombre sentado frente a un café graba la protesta cuando alguien grita “espía marroquí”. Entonces, decenas de señoras que ayer eran tranquilas amas de casa y señores que ayer eran puntuales funcionarios de Correos se lanzan iracundos contra el hombre, que se refugió en una panadería hasta que salió protegido por la Policía.

Mientras todo eso pasa, un helicóptero de la Guardia Civil recorre la bahía persiguiendo una lancha que atraviesa veloz aguas ceutíes. ¿Una patera?, ¿una lancha con droga? Enfrente, los cargueros esperan su turno para bajar la mercancía y, al fondo, el soberbio Peñón contempla la escena. Nada de esto es extraño en el universo del Estrecho, salvo lo que pasa en tierra.

Pasadas las diez de la noche, se extiende el rumor de que el ministro Torres está cenando en un restaurante cercano a la muralla medieval. Y la manifestación se dirige hacia allí. Nadie sabe a ciencia cierta si esa información era cierta, pero después de una hora, la gente regresa con la sensación de haber dejado la tarea inconclusa. Este miércoles, aseguraban, volverán a repetirse los mismos focos de tensión: la playa y el mando único. Ya ha comenzado el día 26.

 España en EL PAÍS

Te puede interesar