Desde la ayuda (sin querer) de EEUU a la IA china a los ‘techbros’ Valley, que se preparan para el día después de las legislativas

Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo. Leer Análisis de las tendencias mundiales que, tarde o temprano, afectarán a su bolsillo. Leer  

Una idea tan deliciosa (desde el punto de vista intelectual) como preocupante (desde el punto de vista de la realidad): EEUU podría ganar en el corto plazo la carrera tecnológica contra China con una estrategia que le hará perderla en el largo plazo. Eso se basa en dos cifras y una notica. Las cifras son: 678.000 y 572.000, que son los chips para IA vendidos en China entre enero y junio por Nvidia y Huawei (la empresa tecnológica china de la que, además, Occidente se fía menos). Las ventas de Nvidia cayeron un 44% por los controles a la exportación de EEUU y las de Huawei subieron más de un 100%, así que podría ser que EEUU esté dando a China incentivos para reforzar su propia IA. Porque, además, la IA china, como dijo Mariano Rajoy de la cerámica de Talavera, «no es cosa menor; dicho de otra manera, es cosa mayor». Y esa es la noticia: Pekín planea limitar la exportación de chips para IA, igual que EEUU, lo que sugiere que estos ya empiezan a ser muy avanzados.

En la carrera por el acceso a los minerales críticos, Occidente no solo compite con China, el país dominante en procesamiento de esas materias primas. También lo hace con los propios productores. Porque el terreno de juego de la economía mundial está hoy más igualado que hace unas décadas y los países mineros no se conforman con ser meros exportadores de esas materias primas. También quieren tener presencia en lo que da valor añadido: el procesamiento y la venta del producto final. El mejor ejemplo llegó la semana pasada, cuando ocho países tan diversos como Argentina, Mauritania, Kazajistán o Egipto firmaron acuerdos con el Banco Mundial para desarrollar su sector minero -con especial interés en tierras raras, cobre y litio- pero poniendo énfasis en «las cadenas de valor». O sea: no solo minas y puertos para exportar mineral; también fábricas para purificarlo. El Banco planea movilizar para el sector de los minerales 17.000 millones de euros de aquí a 2020.

3. Alex Karp. Cofundador y consejero delegado de la empresa de 'software' de ánalisis de datos Palantir.
3. Alex Karp. Cofundador y consejero delegado de la empresa de ‘software’ de ánalisis de datos Palantir.

Las tecnológicas de EEUU afrontan el martes de la semana que viene otra disrupción, por usar su palabra favorita. Pero esta es una disrupción que no les gusta, porque la hacen políticos y votantes: las elecciones legislativas, en las que los demócratas podrían ganar el control de al menos una cámara del Congreso. Dado que el tecnológico es el sector más favorecido por el capitalismo de amiguetes de Trump, la posibilidad de un cambio del equilibrio del poder en Washington aterra a esas empresas, que reaccionan con su arma favorita: soltar dinero a chorros. Sobre todo a Trump, pero también a la oposición demócrata; han contratado a lobistas demócratas, algo que enfurece al presidente. Por ahora, hay dos bandos: Zuckerberg y Musk representan a los que juegan todo o nada por Trump; Apple y Microsoft, siempre más demócratas, están acercándose a los suyos. Lo más espectacular: Palantir, la empresa más ‘Trumpista’ de la galaxia, está fichando demócratas.

Uno de los dramas diplomáticos de la semana va a ser la cumbre de ministros de Asuntos Exteriores del G20 en Atlanta. No solo por lo que se vaya a hablar allí, sino por el invitado estrella… o fantasma: Sergei Lavrov, el jefe de la diplomacia rusa, que ha sido invitado por EEUU en una bofetada a la UE y demás aliados de Ucrania. Pero no va a ser la única cumbre en la que Rusia tenga protagonismo. Moscú celebra la cumbre Rusia-África, un encuentro que deja de manifiesto que, sin EEUU o China llevándole de la mano, el atractivo de Putin es nulo, como refleja el hecho de que solo ocho jefes de Estado o de Gobierno de ese continente vayan a asistir. El comercio ruso con África apenas crece, y no llega ni al 7% del de la UE con ese continente, así que no parece que los objetivos declarados de colaboración económica sean relevantes. Anteriormente, este tipo de encuentros han ido seguidos de envíos de tropas rusas a países africanos. Tal vez la economía es solo una tapadera.

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Los alisios son unos vientos que soplan de este a oeste y, en el Pacífico, mueven una cantidad tan increíble de agua que el mar en Asia tiene medio metro de altura más que en América. Este año, los alisios han perdido fuerza, así que el agua caliente del Pacífico Occidental (Asia) ha ido bajando hacia el Pacifico Oriental (Sudamérica), sepultando la corriente de Humboldt, que lleva agua muy fría a esa última región. Eso es el famoso El Niño, el fenómeno meteorológico que vuelve al clima de la Tierra loco, arruina las cosechas, seca el canal de Panamá… y contribuye a que el invierno sea más suave en Europa. Y, con un invierno más suave hay menos necesidad de calefacción, con lo que Ucrania resiste mejor los salvajes bombardeos rusos contra su infraestructura energética, y el resto de Europa no pasa frío pese a que las guerras de Irán y Ucrania han complicado el acopio preinvernal de gas de la UE, que el 1 de octubre estaba en el 72%, lejos del objetivo del 90%.

Esta semana no solo hay G20 (marcado por la insólita genuflexión de Trump ante Putin) ni cumbre Rusia-África (medible en el número de sillas vacías y de acuerdos que no se firmen). También está la cumbre de los corazones despechados, o sea, la de Canadá y la UE, en Montreal. Ambos han visto cómo décadas de relación privilegiada con EEUU saltaban por los aires en menos de dos años en los que Donald Trump les ha tratado peor que una zapatilla. Así que están creando su propia relación especial. Uno de los puntos de la agenda es un proyecto especialmente estratégico: el desarrollo de cables submarinos desde el continente europeo hasta Japón y Asia, que pasen por Groenlandia y Canadá, pero sin tocar Rusia ni -y esto es lo relevante- Alaska. Por ahora, son solo proyectos. Pero también indicaciones de que la política de Ottawa de unir a las potencias medianas ha encontrado eco en Bruselas. Pata la UE y Canadá, EEUU ya no es un aliado digno de confianza.

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