El escándalo de corrupción que sacude el «Vaticano hindú» de Modi

Una investigación por el robo de donaciones pone bajo sospecha el santuario más emblemático del Gobierno de Modi Leer Una investigación por el robo de donaciones pone bajo sospecha el santuario más emblemático del Gobierno de Modi Leer  

Montañas de billetes, joyas, lingotes de plata y ofrendas que millones de fieles depositan con la convicción de que estaban honrando a su dios. Todo esto se acumulaba a diario en el templo de Ram Mandir, convertido en el gran símbolo político y religioso de la nueva India de Narendra Modi. Pero el santuario que el nacionalismo hindú presentó como la reparación de una injusticia histórica está envuelto ahora en un escándalo de malversación de donaciones.

Una investigación policial, varias detenciones y crecientes sospechas de encubrimiento por parte de las autoridades amenazan con erosionar uno de los proyectos más emblemáticos del Gobierno de Modi.

Las denuncias comenzaron cuando Mahipal Singh, antiguo responsable de la contabilidad del templo, aseguró públicamente que se habían producido irregularidades sistemáticas en la gestión de las donaciones. Según su relato, fue apartado de su cargo tras advertir de ellas a los responsables del fideicomiso y ahora recibe amenazas de muerte a diario. Sus declaraciones desencadenaron una tormenta política nacional.

El templo se encuentra en Ayodhya, en el estado norteño de Uttar Pradesh, donde la Policía ha abierto una causa penal, ha detenido a una decena de personas vinculadas al recuento de las donaciones y ha recuperado importantes cantidades de dinero presuntamente desviadas. La investigación también se ha ampliado a empleados de un banco encargados del depósito de las donaciones después de que se detectaran graves fallos en los protocolos de control.

El templo recibe hasta 100.000 fieles al día. El escándalo resulta especialmente incómodo para el Gobierno de Modi porque este lugar nunca ha sido únicamente un proyecto religioso. Desde el principio fue el mayor proyecto político del nacionalismo hindú contemporáneo.

Para entender la dimensión del caso hay que retroceder al 6 de diciembre de 1992. Aquel día, decenas de miles de radicales hindúes demolieron la mezquita Babri, construida en el siglo XVI por el emperador mogol Babur. Los manifestantes sostenían que aquella mezquita había sido levantada sobre el lugar exacto donde nació Ram, una de las deidades más veneradas del hinduismo.

La demolición desencadenó algunos de los disturbios religiosos más violentos de la India moderna: cerca de 2.000 personas murieron, la mayoría de ellas musulmanas, en enfrentamientos que se extendieron durante semanas por todo el país.

Aquella imagen de la mezquita reducida a escombros cambió la historia política de la India. El Bharatiya Janata Party (BJP), el partido de Modi, entonces todavía lejos del poder, convirtió Ayodhya en la gran bandera del nacionalismo hindú. Durante tres décadas mantuvo viva la promesa de levantar allí un gran templo dedicado a Ram.

El momento decisivo llegó en 2019, cuando el Tribunal Supremo resolvió definitivamente la disputa sobre la propiedad del terreno y otorgó la parcela a los grupos hindúes, ordenando al mismo tiempo entregar otro terreno distinto para construir una nueva mezquita. La sentencia permitió desbloquear el proyecto que Modi llevaba años presentando como una cuestión de identidad nacional.

Cinco años después, el primer ministro presidió personalmente la ceremonia de consagración del nuevo templo. La imagen fue cuidadosamente diseñada: Modi apareció vestido con ropas tradicionales, realizando rituales religiosos ante millones de espectadores mientras el país contemplaba la inauguración del santuario más importante construido en la India en décadas. Millones de fieles se desplazaron hasta el lugar para estar presentes.

El complejo impresiona por sus dimensiones. Ocupa cerca de 283.000 metros cuadrados, combinando arenisca rosa y granito negro. A su alrededor se levantaron torres de casi 50 metros, constituyendo el centro de una gigantesca transformación urbanística de la ciudad de Ayodhya. Todo esto llevó a que se construyeran nuevas autopistas, un aeropuerto internacional, hoteles de lujo, estaciones ferroviarias y grandes infraestructuras financiadas con muchos millones de inversión pública.

Levantar el edificio principal costó al cambio 183 millones de euros y su gestión se confió a la fundación Ram Janmabhoomi Teerth Kshetra, hoy salpicada por el escándalo, creada por el actual Gobierno indio y muy ligada al Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), una organización ultranacionalista hindú de la que proviene Modi.

Los medios locales han publicado imágenes del informe policial que muestra a los miembros de esta fundación encargados del recuento ocultando fajos de billetes de las donaciones en sus bolsillos y zapatos.

Los dirigentes del BJP llegaron a bautizar el complejo como el «Vaticano hindú» porque simboliza la voluntad de convertir Ayodhya en el gran corazón espiritual de una nueva India definida por la mayoría hindú. Precisamente ahí reside la principal crítica de los detractores de Modi.

Desde su llegada al poder, organizaciones de derechos humanos, juristas y numerosos intelectuales han denunciado una creciente marginación de las minorías religiosas, especialmente la musulmana, formada por alrededor de 200 millones de personas.

A ello se suman leyes sobre ciudadanía ampliamente cuestionadas, campañas contra las conversiones religiosas, demoliciones de viviendas y un aumento de la retórica de grupos ultranacionalistas que, en algunos casos, han llegado incluso a realizar llamamientos públicos al exterminio de la comunidad musulmana.

El Gobierno sostiene que únicamente protege el patrimonio cultural hindú y aplica la ley por igual a todos los ciudadanos. Para el Partido del Congreso, la principal formación de la oposición, Ayodhya se ha convertido en el símbolo más visible de una transformación mucho más profunda: la transición desde la India laica diseñada tras la independencia hacia un modelo en el que la identidad hindú ocupa un lugar cada vez más central en el discurso oficial.

Ahora ese mismo símbolo aparece salpicado por un escándalo de corrupción que golpea directamente el relato construido durante décadas. El templo que debía representar la pureza moral asociada a Ram se enfrenta a preguntas incómodas sobre millones de dólares en donaciones desaparecidas precisamente del lugar donde millones de creyentes depositaron su fe… y también sus ahorros.

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