El K-pop se hace mayor y llega a Madrid con los conciertos de reunión de BTS: “Escucharles es mejor que el bótox”

Fans en la exposición y tienda oficial de la gira Arirang de BTS en el espacio TeamLabs de Madrid, abierta hasta el 5 de julio.

“Escucharles es mejor que el bótox”, dice Sami, 54 años, administradora de un abultado club de fans de los BTS en España (ARMY SPAIN, 29.500 seguidores en Instagram): “Su música y sus letras son un chute de energía y de ganas de vivir”. La boy band surcoreana llegó a su vida hace casi una década, como a la de muchas fans adultas del grupo, a través del K-drama, las series y telenovelas coreanas que se han convertido en un éxito global gracias a las plataformas audiovisuales.

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Elena Fernández, Sandra Gamero y Beatriz Nogueron, fans de BTS, en el festival pop-up Armyrang, en Madrid este miércoles.Público en la tienda oficial de la gira de BTS en Madrid el martes 23 de junio.Alexia González y su madre María del Carmen Sánchez, en el ARMYrang Fest.  Tras cuatro años de parón para cumplir el servicio militar y desarrollar proyectos personales, el fenómeno surcoreano aterriza en la capital. Lejos de la imagen de adolescentes enfervorecidas, ARMY, su ejército de fans, también ha madurado  

“Escucharles es mejor que el bótox”, dice Sami, 54 años, administradora de un abultado club de fans de los BTS en España (ARMY SPAIN, 29.500 seguidores en Instagram): “Su música y sus letras son un chute de energía y de ganas de vivir”. La boy band surcoreana llegó a su vida hace casi una década, como a la de muchas fans adultas del grupo, a través del K-drama, las series y telenovelas coreanas que se han convertido en un éxito global gracias a las plataformas audiovisuales.

“Al principio yo también tenía el prejuicio de que el K-pop era una cosa de quinceañeras”, dice Sami, cordobesa, ama de casa, madre de dos hijos adultos y amante de la copla. “Para nada: hicimos una encuesta entre nuestro fan base, el 50% está entre los 25 y los 39 años y la mayoría del resto pasa de cuarenta, lo que menos hay son menores de edad”. Este viernes, para celebrar que la gira de reunión del grupo aterriza en Madrid (lleno en el Estadio Metropolitano los días 26 y 27), las fans apoquinaron 5.000 euros para proyectar en las pantallas de la plaza de Callao una bienvenida personalizada a “los chicos”.

Los “chicos” rondan ya los treinta. Son la punta de lanza de un género surgido en los noventa como parte de la hallyu, la llamada ola coreana, un fenómeno cultural, con apoyo estatal, que engloba música, series, cine o cosmética, y que se estudia como paradigma del soft power: el poder blando con el que una nación consigue influencia y poderío internacional sin tirar de amenazas bélicas ni económicas.

Hace años que BTS superó la etiqueta K y rompió todos los récords globales, de escuchas, de premios, de público en directo, de seguidores en redes… “Sin entrar en comparaciones, son al K-pop lo que The Beatles al pop. Nacieron como una boy band para chicas adolescentes, pero globalizaron el género y lo trascendieron”, dice Sebastián Valdés, 32 años, que vio su debut televisivo en 2013 y ha crecido literalmente con ellos. Metalero y, como colombiano, aficionado a la música latina, encontró el K-pop aún antes, en sus primeras incursiones adolescentes en internet cuando en Occidente era “un nicho para cuatro gatos”. Hoy tiene “una empresa de eventos y experiencias” especializada (K-Pop Hub) y organiza la exposición y tienda oficial de la gira en el espacio TeamLabs, la histórica Casa de las Alhajas del centro de Madrid, por la que pasarán, desde el 22 de junio al 5 de julio, más de 40.000 personas.

En el local, el best seller es el lightstick de la gira, una especie de linterna (70 euros) característica del género que el público agita al unísono en los conciertos. Las camisetas beisboleras con el nombre de los integrantes y su año de nacimiento (RM 94, Jin 92, Suga 93…) salen por 100 euros. Hay desde llaveros y tazas a mesitas tradicionales coreanas y una manta donde los siete cantantes emulan la icónica foto de The Beatles cruzando Abbey Road.

El público no para de entrar y de comprar ordenadamente por turnos. Hay de todo. “Ya no existe un perfil, hay adolescentes y jubiladas, y cada vez más hombres, aunque seguimos siendo minoría”, dice Sebastián, que esgrime una teoría: “Los adultos jóvenes, treintañeros sin familia, tienen dinero para gastar en sus aficiones, hacen mucho turismo de conciertos y los ves llegar a la tienda directamente con las mochilas”.

Más allá del evidente consumismo que rodea la afición K-popero, la música sigue en el centro. Sebastián se entusiasma recorriendo las generaciones en las que se divide el género: BTS pertenece a la tercera. En los orígenes noventeros estaban Seo Taiji and Boys, luego TVXQ o Girls’ Generation. Con BTS llegó el salto fuera de Asia, que siguieron con éxito las Blackpink, Stray Kids, ATEEZ, New Jeans… Van por la quinta generación. Cada grupo tiene su lightstick, su estilo dentro del género, y sus fans, que en el K-pop son militantes y tienen nombre propio.

Sentimiento del ARMY

“Ser ARMY es un sentimiento”, “Yo soy ARMY 100%”, “ARMY a muerte”, repiten las fans. “El más ARMY de todos”, dice Sebas de sí mismo, y como tal celebra que el quinto disco que la banda está presentando por el mundo (Madrid es su primera parada europea) vuelva al sonido original, pero a la vez suene más maduro. Su tema favorito de Arirang —el nombre de álbum tomado de una canción tradicional coreana que sirvió como himno disidente durante la ocupación japonesa (1910-1945)— es 2.0: “Tiene la actitud original de los raperitos chulos que fueron, pero con la conciencia madura de lo conseguido. Es un ‘Hemos vuelto a por lo nuestro”. En su crítica del disco, la revista Billboard coincide: “El concepto es sencillo [BTS, versión mejorada] y la ejecución justifica esa actitud desafiante: lejos de la mera pose, se trata de un grupo que reflexiona sobre su propio legado y está satisfecho… Responde de la manera más directa a la pregunta más simple: ¿De dónde vienen BTS y hacia dónde se dirigen?”.

La prensa musiquera ha abrazado el disco, destacando su madurez y el crecimiento de los miembros en sus proyectos en solitario. “Es una lección de valentía colectiva, que integra la tradición coreana con la producción occidental más experimental”, escribió Rolling Stone en marzo cuando salió el disco. NME lo tildó como “un himno de unidad, acción y experiencia”: “Tras casi cuatro años, BTS vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: ejercer a la vez de embajadores y exploradores, impulsados ​​por la curiosidad y la creatividad”.

“Antes la prensa no se los tomaba en serio, y era peyorativa con el K-pop en general”, dice Ángela Castañeda, una fan de 22, que considera al grupo “intergeneracional y antigénero”. Opina que los prejuicios tienen una raíz misógina y racista: “Cuando algo gusta mucho a las mujeres, es porque somos unas histéricas, aunque luego hay que ver a los hombres gritando en el fútbol… Y si además de guapos son asiáticos, es que tienes un fetiche… Mira, no, esto es música con categoría y mensajes adultos sobre el trabajo, la depresión, el amor, el juicio ajeno…”. Esgrime otra razón para un cambio hacia la mediana edad del público de BTS: “En estos cuatro años de parón no han captado fans adolescentes nuevas”.

El disco no tiene un aire muy teen. En la mitad de Arirang, como interludio entre el arranque más rapero y un final más sentimental, hay un tema de casi dos minutos en el que solo se escucha el tañir de la campana sagrada del Rey Seongdeok, del siglo VIII, un tesoro nacional de 19 toneladas de bronce. El K-pop, en especial el de BTS, no se puede entender sin la misión de exportar el amor por la cultura y la tradición coreana. En el evento ARMYRANG Pop up Fest montado por fans para coincidir con los conciertos, hay tiendas especializadas en el amplísimo merchandising del género (que promueve, por ejemplo, el coleccionismo de cromos, photocards de los cantantes, llamados idols), puestos de cosmética coreana, degustación de kimchi producido en Barcelona o un photocall de la asociación cultural Vuelo 738 Destino Corea, donde se puede posar con un hanbok, el traje tradicional. Lo atiende María del Carmen Sánchez, 63 años, encargada de comedor en un colegio madrileño, que se aficionó a los k-dramas históricos durante la pandemia y de la mano de su hija Alexia, de 23, estudiante de Bellas Artes (que vende sus ilustraciones de idols en el evento), acabó de lleno en el fandom ARMY. Ambas van a asistir a los dos conciertos de BTS en Madrid. Para el primer día, tienen entradas “de las baratitas” (arrancan en 80 euros), y el segundo, pases VIP a 465 euros por cabeza. Todas se vendieron el día que salieron a la venta en enero. “Cuando se canceló el concierto de Barcelona por la pandemia. Fue un golpe duro para las fans. Había muchas ganas”, dice María del Carmen, que en los ochenta era de grupos británicos rollo Spandau Ballet. Cree que tras el parón “BTS ha tenido tiempo para reflexionar sobre las ataduras de la fama, y suenan más maduros y más libres”.

El sueño de Elena Fernández, 47, Sandra Gamero, 36, y Beatriz Noguerón, 42, clientas en el mercadillo, es hacer “un viaje de amigas a Corea” (es decir, sin parejas ni hijos) que ya están planeando. Se conocieron hace unos años “en un sitio muy bonito que se llamaba Twitter y que ya no existe” y aseguran que en los conciertos y las quedadas ARMY hay muchas de su quinta. “Los grupos de chicas llaman más a las adolescentes”, dicen. “Los de chicos, a las maduritas, por lo que sea”, bromean las amigas. “Pero en general el K-pop lo mantenemos señoras como nosotras”, ríe Elena, que trabaja en publicidad. “¿Tú has visto los precios que tiene todo?”.

Sobre una de las mesas plegables, Olivia Rodríguez vende a tres euros unas deliciosas galletas moradas (el color de BTS), además de photocards de varios grupos y cosas para colgar del móvil. Con 13 años y un admirable espíritu emprendedor, es una de las más jóvenes del evento. “Estoy viendo a más madres fans que traen a sus hijas que al revés”, dice Lucía, la madre de Olivia, que aunque no es devota del K-pop acompañará a la niña al concierto. ¿Son ahora las adolescentes la excepción? “Depende mucho del grupo”, dice Olivia, fan de grupos de la cuarta y quinta generación como Stray Kids, ATEEZ o Cortis. “Los viejos, como los BTS, atraen gente más mayor”, dice la adolescente sobre los treintañeros.

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