“Nos vemos en el próximo congreso de la lengua en…”. Esta frase no pudo pronunciarse cuando finalizó el último Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), en Arequipa (Perú), el pasado 17 de octubre. En contra de lo que había sucedido en algunas ocasiones anteriores, en la clausura no se hizo oficial qué ciudad acogerá el siguiente CILE. La razón estuvo en un congreso marcado por fuertes discrepancias entre los responsables de las dos principales instituciones organizadoras, el del Instituto Cervantes, el escritor Luis García Montero, y el de la Real Academia Española (RAE), el catedrático de Derecho Administrativo Santiago Muñoz Machado, que tampoco se pusieron de acuerdo en este punto. Sin embargo, la ciudad de Panamá, a través de la Academia Panameña de la Lengua, se había postulado para acoger el undécimo CILE —que se prevé para finales de 2028—, con el visto bueno de los responsables de las 23 academias del español. No obstante, seis meses después sigue sin anunciarse oficialmente, aunque las fuentes consultadas confían en que pronto se desbloquee este asunto.


Las discrepancias entre el Instituto Cervantes y la RAE retrasan el anuncio oficial de la ciudad que acogerá el undécimo CILE, que relevantes actores ven inminente
“Nos vemos en el próximo congreso de la lengua en…”. Esta frase no pudo pronunciarse cuando finalizó el último Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), en Arequipa (Perú), el pasado 17 de octubre. En contra de lo que había sucedido en algunas ocasiones anteriores, en la clausura no se hizo oficial qué ciudad acogerá el siguiente CILE. La razón estuvo en un congreso marcado por fuertes discrepancias entre los responsables de las dos principales instituciones organizadoras, el del Instituto Cervantes, el escritor Luis García Montero, y el de la Real Academia Española (RAE), el catedrático de Derecho Administrativo Santiago Muñoz Machado, que tampoco se pusieron de acuerdo en este punto. Sin embargo, la ciudad de Panamá, a través de la Academia Panameña de la Lengua, se había postulado para acoger el undécimo CILE —que se prevé para finales de 2028—, con el visto bueno de los responsables de las 23 academias del español. No obstante, seis meses después sigue sin anunciarse oficialmente, aunque las fuentes consultadas confían en que pronto se desbloquee este asunto.
El desencuentro por Panamá comenzó, según fuentes de la RAE, cuando, tras la reunión formal de los directores de las academias de la lengua, “algunos le comunicaron a García Montero que se había elegido Panamá, y este se manifestó con irritación y profirió insultos contra algunos de ellos”. Panamá ya había sido sede de un CILE en 2013. “Pero es que solo hubo una candidatura, que contaba con el respaldo del Gobierno de su país, y esto lo sabía incluso con anterioridad al CILE el Estado español por parte del panameño”. Esta fuente muestra una copia del cable diplomático que envió el embajador de España en Panamá al Cervantes y al Ministerio de Exteriores pocos días antes del comienzo del CILE de Arequipa, con el siguiente asunto: “Candidatura panameña Congreso Internacional de la Lengua 2028”.
Esta fuente añade que “si no se hizo oficial en Arequipa la sede de Panamá fue por no echar más leña al fuego”. Poco después del congreso, asegura, se habló desde la RAE con el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, para lamentar “el incidente diplomático que había creado García Montero”. No obstante, matiza, hoy día “la situación ha mejorado y está cerca de anunciarse”.
El director de la Academia Panameña de la Lengua, Jorge Eduardo Ritter, en conversación telefónica, afirma que incluso un año antes del CILE, en una reunión de la Asale en 2024 en Quito, se presentó la candidatura. “En Arequipa reiteré ese ofrecimiento y presenté cartas de las autoridades de mi país, que también se habían enviado al Cervantes. Por ello, los 23 directores lo acogieron unánimemente”. Ritter reconoce que un acuerdo así tiene luego “que materializarse con la aprobación del Cervantes”, como subraya un acuerdo del año 2000, prorrogado y modificado después, firmado por el Cervantes y la RAE. Ritter quiere dejar claro que “lo ocurrido entre ambos directores debe estar al margen de la propuesta de Panamá” y añade que aún no ha recibido notificación alguna de cuándo se firmará el acuerdo necesario: “No podemos ponernos con los preparativos hasta que ello no suceda”.

Hay que matizar que en Arequipa hubo una intención de otra candidatura, la de La Plata (Argentina), pero, como explica al teléfono el presidente de la Academia Argentina de Letras, Rafael Oteriño, “fue formulada por una comisión de fuerzas profesionales de la ciudad”, pero no incluía el apoyo del gobierno municipal ni el nacional argentino, por lo que no fue tenida en cuenta.
Los CILE empezaron en 1997 en Zacatecas (México) y se repiten trienalmente. La sede se decide por acuerdo conjunto entre el Cervantes, por un lado, y la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), por otro. El país anfitrión acoge durante una semana a varios cientos de escritores, académicos, lingüistas y periodistas, y asume la práctica totalidad de los gastos, que en Arequipa fueron más de cuatro millones de euros, por ejemplo. El Cervantes corre con los gastos administrativos de la parte española y organiza las actividades culturales, y la Asale y la RAE se encargan del prolijo programa académico, en consonancia con el Cervantes, con docenas de mesas redondas y conferencias.

Desde el Cervantes se insiste en que la designación de las sedes “se consensúa” y para ello “deben presentarse las propuestas a ambas instituciones y al Gobierno de España”, una circunstancia que, aseguran, no se dio esta vez. Hubo una “elección unilateral de Panamá sin el previo conocimiento del Cervantes”, según un comunicado de diciembre. En esa nota, el Cervantes lamentaba que la RAE, “beneficiándose de su presidencia nata de la Asale, utilice a las academias latinoamericanas provocando daños a las relaciones institucionales y culturales con Panamá”. Un argumento en el que incidió García Montero, columnista de EL PAÍS, en una entrevista en El Confidencial esta semana, en la que tildaba de “imperialista” a Muñoz Machado por supuestamente haber impuesto la capital panameña.
A esto responde el secretario general de la Asale (cuya oficina está en la RAE, que la sostiene económicamente), el venezolano Francisco Javier Pérez. Se muestra “sorprendido” por la polémica porque la decisión fue “por unanimidad de las academias”, aunque no se acordó nada con el Cervantes, reconoce. “Fue una propuesta nuestra que García Montero ha interpretado como una imposición. Así ha surgido un nuevo desencuentro al que se han sumado sus declaraciones, que entorpecen el proceso”. ¿Cómo se han tomado esta discrepancia las otras academias? “Con asombro y rechazo. Es una situación incómoda”, agrega.
De hecho, Pérez envió hace unos días una carta a García Montero, publicada esta semana por El Confidencial, en la que negaba que el director de la RAE hubiera impuesto nada: “Tu empeño en presentar la realidad de otra manera no solo resulta ofensivo para Muñoz Machado, sino también con todas las academias, a cuya declaración de voluntad no concedes la menor importancia”.

Con esa carta, de la que Pérez confirma que aún no ha recibido contestación, él dice que busca “un acuerdo entre las tres instituciones para hacer por fin una declaración conjunta que recoja que el congreso va a ser en Panamá”. “García Montero piensa que ha sido un asunto de verticalidad, cuando la Asale es una asociación que acuerda todo por consenso”. No obstante, confía en que “pronto” se podrá hacer oficial el anuncio.
Un académico consultado confirma este extremo: “Todo se sustanciará como es habitual. Con la firma de un convenio entre el Estado que acoge el congreso, Panamá, y España, a través del Cervantes, cuyo director tiene categoría de secretario de Estado” (el Cervantes es una entidad adscrita a Exteriores). Este académico está convencido de que “próximamente” José Manuel Albares comunicará a su homólogo panameño “el comienzo de la redacción del convenio para preparar el CILE”.
El mismo académico lamenta, eso sí, que “se ha creado un problema de algo absurdo porque no había otra candidatura”. Sobre las declaraciones de García Montero, apunta que “un conflicto de persona a persona no puede convertirse en un enfrentamiento de dos instituciones que son complementarias”. “Estos congresos son muy importantes para la proyección del español, y lo sucedido en Arequipa, indudablemente, nos quita fuerza”.

Otro académico compara con humor este enfrentamiento al “ruedo ibérico” del que hablaba Valle-Inclán, y señala a García Montero por haber abierto la caja de Pandora: “Es lamentable porque no ha respetado su propia institución”, y censura “el espectáculo que se da de cara al exterior”. “Ya ha costado muchos años lograr la hermandad entre las academias de la lengua para que ahora pase esto”.
Es, por ahora, el último vaivén en la historia de algo tan aparentemente sosegado como deben de ser los congresos de la lengua española. Sin embargo, como recuerda un académico con sorna, “en treinta años de los CILE ha habido terremotos, autogolpes de Estado, destitución de presidentes y estados de excepción”.
Cultura en EL PAÍS
