León XIV marca la diferencia respecto a Francisco sobre su posición ante el escándalo de la pederastia en la Iglesia española. Tras años de silencio por parte del papa argentino sobre cómo estaban gestionando los obispos españoles los casos de abusos, el pontífice estadounidense ha aludido este lunes durante su visita a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE) a que el problema es una “plaga” y les ha pedido que “cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y cambios reales de sanación”. El tema, para el Papa, no está cerrado. Aunque el pontífice no ha pronunciado las palabras “abusos sexuales” o “víctimas”, su alusión ha sido clara. El Papa también ha señalado que esta tarea no solo es responsabilidad de la jerarquía, sino de toda “la comunidad eclesial”, que “está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.
León XIV visita la sede de la Conferencia Episcopal Española y les exige que acaben con sus divisiones: “Una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad”
León XIV marca la diferencia respecto a Francisco sobre su posición ante el escándalo de la pederastia en la Iglesia española. Tras años de silencio por parte del papa argentino sobre cómo estaban gestionando los obispos españoles los casos de abusos, el pontífice estadounidense ha aludido este lunes durante su visita a la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE) a que el problema es una “plaga” y les ha pedido que “cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y cambios reales de sanación”. El tema, para el Papa, no está cerrado. Aunque el pontífice no ha pronunciado las palabras “abusos sexuales” o “víctimas”, su alusión ha sido clara. El Papa también ha señalado que esta tarea no solo es responsabilidad de la jerarquía, sino de toda “la comunidad eclesial”, que “está llamada a responder con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación y un compromiso cada vez más decidido en la prevención y la cultura del cuidado”.
Los obispos que esta mañana estaban aguardándole en la sede de la CEE han comenzado a aplaudir un minuto antes de que León XIV entrase por la puerta de la gran sala donde normalmente se reúnen en asamblea plenaria. “El Señor esté con vosotros”, ha dicho el pontífice sonriente. La espera de los prelados se ha alargado más de hora y media, que la han gastado rezando y viendo por la tele el discurso que el pontífice ha pronunciado ante el Congreso. Dos de esos obispos, de hecho, han comentado aliviados que León XIV no haya mencionado ante los diputados nada sobre el escándalo: “Pederastia, nada”.
Tras el recibimiento, el presidente de la CEE, el arzobispo Luis Argüello, ha dado la bienvenida al Papa con un discurso. “La CEE fue creada en 1966. Celebramos nuestro 60 aniversario. ¡Qué mejor manera de celebrarlo que acoger su visita en este viaje apostólico a España! Su presencia nos ayuda a hacer visible el coloquio entre cada obispo, el Papa y esta institución”, ha leído el presidente. Pero nada más. El arzobispo se ha limitado a esbozar un resumen de la historia de la Conferencia, con la anécdota de la visita de Juan Pablo II para bendecir e inaugurar la sede en 1982 y algún detalle de su nuevo plan pastoral, aún en elaboración.
Argüello no ha incluido en su discurso los retos concretos a los que se ha enfrentado la Conferencia. La pederastia, de nuevo, ha sido un tema ausente. Pero tampoco ha mencionado los trabajos de la Iglesia para impulsar la acogida y la regularización de inmigrantes.
Más de una decena de los obispos que han escuchado al Papa, cabe destacar, están señalados por haber encubierto, tapado o silenciado casos de abusos. La investigación de este periódico, que contabiliza 1.622 acusados y más de 3.000 víctimas, ha revelado que al menos 64 obispos y 26 superiores religiosos fueron acusados de ocultar o encubrir casos. Uno de ellos es el cardenal y arzobispo emérito de Madrid Antonio María Rouco Varela, sentado este viernes en la misma mesa que el pontífice. Rouco estáacusado de encubrir dos casos, uno en los años 2000 en la capital. Dos catequistas afirman que le comunicaron los abusos de un sacerdote y aseguran que este presionó para que el caso no saliera a la luz. El asuntó llegó a los tribunales y la Audiencia Provincial de Madrid condenó en 2006 al arzobispado de Madrid a pagar una indemnización de 30.000 euros como responsable civil subsidiario.
Aunque la referencia de León XIV al problema ha sido corta ―un pequeño párrafo en un discurso de cuatro páginas―, refleja un contraste con la postura de su antecesor. Pese a que Francisco tuvo un papel determinante en la lucha contra los abusos (reformó la norma católica y siempre pronunció discursos en contra del encubrimiento), jamás entró a valorar la gestión de los obispos españoles, que durante años negaron el problema, camuflaron datos en sus informes, atacaron a los periodistas y hasta hace unos meses se negaron a reparar a las víctimas a través de un proceso independiente. Es más, el anterior nuncio en España, el filipino Bernardito Auza, siempre trasladó a los obispos españoles durante sus intervenciones públicas que el pontífice argentino estaba contento por cómo la Iglesia española había afrontado el tema.
El comienzo del viaje papal ha estado marcado por la cuestión de los abusos. Ya durante el vuelo este viernes afirmó que la pederastia “es una llaga todavía abierta” y que seguirá luchando contra ella. Pero ante esta postura, salta una cuestión importante: su encuentro con víctimas españolas. Desde los preparativos del viaje, la organización descartó que hubiera uno en su agenda oficial. De haberlo, añadieron, sería privado. Preguntado por ello por este diario, el pontífice afirmó que recibiría “a algunas víctimas; lamentablemente, es imposible recibir a todas”.
Durante semanas, las principales asociaciones de afectados del país solicitaron por carta una cita, pero no fueron escuchadas. Y el pasado jueves, cuando la mayoría de las organizaciones anunciaron protestas ante la nunciatura, el Vaticano publicó un inaudito comunicado anunciando que el Papa se vería con un pequeño grupo, sin especificar la fecha y el día. Se entiende, por cuestiones logísticas, que sea esta tarde, y que no participarán los representantes de las asociaciones españolas, pues aseguran que ni la CEE ni el Vaticano les han llamado para ello.

Mientras los obispos se reunían con el Papa, de hecho, un grupo de estas asociaciones ha protestado frente a la sede de la Nunciatura Apostólica, cerca de la sede de la CEE, al considerar como una “falta de humanidad” que la Iglesia no haya promovido un acto institucional público del pontífice para reconocer a las víctimas. “Somos molestos. Hemos intentado marcar su agenda y ellos no lo permiten. Para nosotros esto hubiera sido un acto de justicia poética, pero a ellos no les interesa, lo que quieren es otra demostración de poder. ¡Cómo va a venir el Papa a validar a las víctimas que tanto nos han molestado! Eso hubiera invalidado a los obispos y no están dispuestos a tolerarlo», ha declarado Ciro Molina, víctima y portavoz de la asociación Infancias Robadas.
Una llamada a la unidad
El pontífice, como ya ha hecho en todas sus intervenciones de su viaje, ha dedicado una parte importante de su discurso a la situación de los más vulnerables, especialmente los inmigrantes. El Papa ha recordado a los obispos que no hay que olvidar lo que enseñan “las vicisitudes” que atraviesan: “Una persona sola, sin raíces y sin recursos, es alguien que sufre terriblemente y que con gran dificultad puede establecer vínculos sólidos en el lugar adonde llega”.
En esa línea, también ha hecho referencia a los peregrinos del Camino de Santiago, a “esas inmensas planicies castellanas, vacías” con las que se topan durante su viaje, para eludir el problema de la inmigración y la despoblación. “Los pocos encuentros de estos peregrinos con algunas personas mayores o con trabajadores extranjeros, pueden ser una metáfora de muchas situaciones sociales que, por desgracia, se perciben en algunas de vuestras realidades eclesiales.”
Rodeado de cerca de un centenar de prelados vestidos de negro y rojo, el pontífice les ha pedido que abandonen las “estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin” y que solo conserven “como un tesoro” aquellas que ayuden a conseguir los objetivos de la Iglesia.
Para ello, les ha exigido que acaben con sus divisiones: “En este tiempo de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras, un testimonio de unidad en la pluralidad”. León XIV ha explicado que “una Iglesia reconciliada por dentro puede hablar con mayor libertad a los hermanos de otras confesiones cristianas y de otras religiones, a los que no creen, a las autoridades civiles y a todos los hombres de buena voluntad que trabajan por el bien común”.
La visita ha terminado con un largo aplauso y un intercambio de regalos: la CEE le ha entregado un retrato y un evangeliario, y el Vaticano un retrato. Luego, el Papa ha marchado a un despacho, para recibir personalmente a cada obispo. Durante varios minutos, una mujer ha ido nombrando los nombres de cada uno, que se han levantado para salir de la sala y estrechar la mano del pontífice.
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