El timo de los aplausos en el festival de Cannes

Acaba la proyección, el equipo de la película se pone en pie para saludar al público, que a su vez también se levanta para dedicar una ovación al filme, y en ese instante arranca una extraña coreografía: un cámara entra directo a la fila en la que las estrellas lloran y celebran el recibimiento, gestos que se retransmiten en directo en la pantalla del teatro Lumière, epicentro del festival de Cannes, y un puñado de periodistas ponen en marcha sus cronómetros: ha llegado el momento del último truco de marketing, el timo de las standings ovations en el certamen francés.

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 Más allá del cariño real del público a una película, las ovaciones desaforadas en las galas del certamen son otro truco de ‘marketing’  

Acaba la proyección, el equipo de la película se pone en pie para saludar al público, que a su vez también se levanta para dedicar una ovación al filme, y en ese instante arranca una extraña coreografía: un cámara entra directo a la fila en la que las estrellas lloran y celebran el recibimiento, gestos que se retransmiten en directo en la pantalla del teatro Lumière, epicentro del festival de Cannes, y un puñado de periodistas ponen en marcha sus cronómetros: ha llegado el momento del último truco de marketing, el timo de las standings ovations en el certamen francés.

Hubo un tiempo en que ese recibimiento pudo significar algo. Hace 20 años, El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, cerró la Competición de Cannes. El cineasta mexicano contaba en esta edición de 2026, donde se ha proyectado una copia de la película restaurada en 4K, que tenía miedo de que no quedara prensa, y que le sorprendió ver la sala llena (en realidad, en las galas no entran periodistas, sino invitados). La ovación final, según el mexicano, fue “la explosión de aplausos más grande y más emotiva que he recibido en mi vida”. Y hablaba de que durante “los 23 minutos” de vivas quiso salir de la sala; Alfonso Cuarón se lo impidió: “Deja que el amor te llene”.

Y aquí empiezan las contradicciones: Del Toro ya hablaba de 23 minutos, y todas las bases de datos lo bajan a 22. Solo es un minuto, pero ¿desde cuándo hasta cuándo se mide una ovación? Y, ¿solo valen las de la Lumière? Este año, la mejor recibida ha sido La bola negra, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Según un medio especializado, fueron 20 minutos; según otro, 16. Variety y Deadline, que miden esas ovaciones, también chocaron con Her Private Hell, de Nicolas Winding Refn. Otorgando el beneficio de la duda, en un ranking de ovaciones más largas en la historia reciente de Cannes, tras El laberinto del fauno, La bola negra empataría en 20 minutos con Fahrenheit 9/11 (2004); en cuarto lugar estaría Valor sentimental (2025), con 19 minutos (otros medios pusieron 15), y en quinto Mud (2012), con 18 minutos. En 2024, La sustancia, Emilia Pérez y Horizons (cap. 1) superaron la decena de minutos. Y en las enciclopedias recuerdan los 15 minutos de Impulso asesino, de Richard Fleischer, en 1959, y los otros 15 de Érase una vez en América, de Sergio Leone, en 1984. Nadie, en cambio, cronometra aplausos en otras secciones ni en otros eventos en La Croisette.

Ha llegado un punto en que una ovación de cuatro minutos es señal de debilidad de una película, y solo superando los 10 puede que haya gustado, según algunos analistas, que no tienen en cuenta consideraciones fundamentales: la primera, el jurado da los premios, no el público ni los críticos con sus cuadros con estrellas. La segunda: cada noche el público es distinto, y se compone en su mayoría de trabajadores de la industria, invitados del certamen e invitados de la misma película. Si ese equipo logra que entre un buen equipo de palmeros, hay éxito asegurado. Y esos registros aparecerán al día siguiente en notas de prensa y, posteriormente, en carteles de las películas.

En The Wrap, Terry Gilliam recuerda: “El problema era que yo estaba allí parado dando las gracias y todas esas tonterías, y pensando: ‘¿Por qué estamos recibiendo esa respuesta?”. La película era El hombre que mató a Don Quijote, y en Cannes de 2018 logró una ovación de más de 15 minutos. “¿Me aplaudían porque es una película realmente buena o fue por mi tenacidad en sacarla adelante? A mí solo me interesaba: ¿Les gustó la película? Eso era lo que quería saber. Pero tuve que quedarme allí parado, sonreír, saludar con la mano y luego girarme hacia el reparto… Hice el ridículo. Fue absurdo”.

Y ahora entra en juego la manipulación de la organización. Kyle Buchanan, reportero de la temporada de premios y de festivales de The New York Times, entrevistó antes de la pandemia al cámara que retransmite ese momento a la pantalla gigante. Le contó que enfocaba a los actores o directores que estuvieran más emocionados en ese momento: “Así se amplifica la respuesta del público”. Sabía que si abría plano, la ola de cariño menguaba. “En cuanto oigo que decae, vuelvo a un rostro: si está emocionado, vale. Y si no, con la cámara delante, se emocionará”.

En este 2026, Buchanan ha grabado en vídeo cómo los acomodadores no dejan salir a los espectadores hasta que reciban órdenes superiores. Si estás ahí, no queda otra posibilidad más que aplaudir. Con la retransmisión, el cámara contaba lo mismo: en muchas ocasiones, su final lo decidía la organización. Los directores pueden controlar cuándo pronuncian unas palabras ante el micrófono. Si quieren aprovechar los aplausos, pueden hacerlo, y si quieren detenerlos, generalmente pueden animar al público a que haga lo mismo.

Thierry Frémaux, el delegado general de Cannes, explicó en 2022 en The Hollywood Reporter, publicación que ha dejado de cronometrar los aplausos: “Presto atención a la proyección, a cuánto tiempo mantener la sala a oscuras, a si cortar los créditos o no, al mejor momento para encender la luz, etcétera. Cada proyección es una celebración, y la participación del público la hace mucho mejor. ¡La gente quiere participar!”. A Frémaux se le ve en cada ovación final organizando esa coreografía.

Siempre habrá un Bong Joon-Ho que rompa con las alabanzas. Cuando la ovación a Parásitos en 2019 superó los ocho minutos, el cineasta surcoreano gritó: “Gracias, vámonos todos a casa”. Y se fueron. Al día siguiente explicó que su equipo y él tenían “mucha hambre”.

A cambio, en el estreno en 2023 de Los asesinos de la luna, de Martin Scorsese, después de que el extenso reparto tuviera sus primeros planos, Leonardo DiCaprio y otros actores continuaron aplaudiendo, incluso cuando la mayoría del público ya lo había dejado. Entonces, miembros de la tribu Osage revitalizaron los aplausos con efusivos gritos de júbilo. Triunfo apoteósico.

Por si quedaran dudas: El chico del periódico, de Lee Daniels, alcanzó en 2012 los 15 minutos de ovación. Ni la crítica ni el público le prestaron más atención. Y en Venecia, donde se prolonga el aplausómetro, en 2019, Joker, de Todd Phillips, recibió aplausos durante ocho minutos (ganó después el León de Oro); su secuela, Joker: Folie à Deux fue ovacionada en 2024 con 13 minutos. Nunca más volvió a rozar la gloria.

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