
Ya antes de la entrada de unos 80.000 inmigrantes a finales de julio, antes de las imágenes de grupos de recién llegados campando por los barrios y del poblado en la playa de El Trampolín y de su desalojo, antes del debate sobre el destino de los miles que aún no se han ido, antes de todo eso, Ceuta ya no era una ciudad cualquiera. ¿Por qué? Era y es singular —como Melilla— no solo por su emplazamiento, por la presión que ejerce Marruecos sobre ella. Pero también por sus malos indicadores sociales, económicos y educativos, entre otros.
Con los datos de pobreza, empleo y educación mostrando graves déficits con respecto a la media española, la ciudad encara ahora un desafío a su cohesión social y a la resistencia de sus barrios más desfavorecidos
Ya antes de la entrada de unos 80.000 inmigrantes a finales de julio, antes de las imágenes de grupos de recién llegados campando por los barrios y del poblado en la playa de El Trampolín y de su desalojo, antes del debate sobre el destino de los miles que aún no se han ido, antes de todo eso, Ceuta ya no era una ciudad cualquiera. ¿Por qué? Era y es singular —como Melilla— no solo por su emplazamiento, por la presión que ejerce Marruecos sobre ella. Pero también por sus malos indicadores sociales, económicos y educativos, entre otros.
La crisis migratoria golpea a un enclave castigado por la pobreza, la exclusión y el paro. Y en el que la desigualdad está disparada. ¿Cómo puede afectar a su ya delicada situación este trance, cuya solución no se prevé inmediata? Fernando Sotomayor, director local de Cáritas, responde sin dudar: “Muy negativamente”. Y recalca que su impacto será mayor justo en los barrios y los sectores desfavorecidos que ya acumulan más déficits.
Con Calabria y la Guayana
España suele tener noticias de Ceuta —también de Melilla— por cuestiones migratorias o episodios de tensión con el vecino marroquí. Su dimensión socioeconómica queda opacada. Pero, si se le arroja luz, se ve que Ceuta —también Melilla— ocupa uno de los últimos puestos, o el último, en numerosas clasificaciones. En el caso de la ciudad ceutí, su PIB por habitante es de 23.070 euros, a más de 9.500 del conjunto de España, a cerca de 22.000 de la Comunidad de Madrid, con datos del INE.

La población en riesgo de pobreza alcanza el 37%, mientras en España es del 19,5%. Eurostat sitúa a las dos ciudades norteafricanas de soberanía española entre las únicas cinco regiones con más del doble de población vulnerable que la media de las 243 analizadas, en compañía de Campania y Calabria, en Italia, y de la Guayana Francesa.

De las aulas al paro
Tanto en PIB per cápita como en riesgo de pobreza, Ceuta se encuentra en una posición peor que todas y cada una de las comunidades autónomas. Solo está mejor que Melilla. Los dos últimos puestos se invierten en la tasa de paro. Ahí Ceuta es la que tiene un mayor desempleo, con un 22,4%, frente a menos de un 10% en todo el país. Entre los menores de 25 años, el paro ceutí alcanza el 47,5%, el doble que en España.

Los indicadores negativos se extienden por múltiples ámbitos en esta ciudad joven, con una edad media de menos de 40 años, mientras en España es de 44 y medio. Por ejemplo, la brecha se ve en el terreno educativo. En el último informe PISA, de la OCDE, Ceuta y Melilla son caso aparte, con puntuaciones similares a las de México y un marcado retraso con respecto a cualquier autonomía tanto en matemáticas y ciencias como en lectura.

Las diferencias negativas alcanzan hasta la esperanza de vida, que en Ceuta, de 81,6 años, es más de 2,4 inferior a la del país.
Una exclusión “excepcional”
La situación social en Ceuta es “manifiestamente peor que la del conjunto de España”, con el enclave castigado por “un modelo social agotado, que produce desigualdad, precariedad y fractura”, concluye la Fundación Foessa, vinculada a Cáritas, en un informe sobre la ciudad publicado en diciembre de 2025.
¿En cifras? La exclusión social afecta a un 28,5% de la población, frente a un 19,3% en España. Se da algo que el informe califica como “excepcional”: la exclusión severa (15,8%, casi el doble que en España) es mayor en Ceuta que la moderada (12,7%), llegando a afectar a 13.000 personas.
Las dificultades relacionadas con la vivienda son acuciantes. Casi el 60% de quienes viven de alquiler están en riesgo de pobreza, 24,5 puntos más que en España. Y más de 21.000 personas residen en viviendas con problemas de hacinamiento, habitabilidad o insalubridad, añade el informe, que denuncia que las familias en exclusión, a la hora de buscar ayuda social, “se topan con dispositivos fragmentados, con recursos escasos y muy poco personalizados”. Ahí, en ese duro contexto, es donde cae la grave crisis migratoria eclosionada a finales de julio.
Fuerte desigualdad
Los problemas no se reparten de forma homogénea. La desigualdad es un fenómeno agudo en Ceuta. Si en España el conocido como índice de Gini es de 31,2 puntos —siendo 0 la igualdad total calculada con los ingresos disponibles y 100 la desigualdad total—, en Ceuta roza el 40%, con datos de 2024 recogidos en el informe de Foessa.
“El primer rostro de la exclusión está influido por el origen y la nacionalidad. Las tasas de exclusión entre quienes tienen nacionalidad extranjera (39%) duplican a las de quienes tienen nacionalidad española (18%). Pero [la exclusión social] también presenta un marcado patrón religioso […]. Su incidencia entre los hogares musulmanes alcanza el 44%, proporción muy superior a la del conjunto de la sociedad ceutí [24,9%]”, añade el informe, que subraya que el 50% de los “nacidos en el extranjero” está en paro.
Los números brutos están lejos de mostrar toda la complejidad de la sociedad ceutí. Un ejemplo. Si el abandono educativo temprano en Ceuta está en un 11,7%, no mucho peor que la media española (12,8%), el mismo se dispara —hay fuentes que lo han situado por encima del 50%— en El Príncipe, uno de los barrios más pobres y conflictivos, y precisamente uno de los más afectados ahora por la llegada de miles de inmigrantes.

Enrique Ávila, exsecretario de la UNED en Ceuta, señala que, para comprender la realidad social de la ciudad, hay que remontarse a la regularización de inmigrantes de los 80, que sumó una importante cantidad de población de origen marroquí con escasa formación y conocimiento del español, en posición mucho más desfavorable que las familias musulmanas con histórico arraigo. Es ahí, incide el investigador, donde se concentran los déficits, si bien —añade— la desventaja de partida de aquellas familias que malvivían hace cuatro décadas en el límite de la subsistencia se está diluyendo poco a poco y ya es mucho menos perceptible en la “tercera generación”, lo que empuja hacia una mayor integración social.
El castigo a los desfavorecidos
A Ávila le inquieta ahora el impacto socioeconómico de la crisis, sobre todo en las zonas más deprimidas. A corto plazo, porque los recién llegados se concentran en los barrios periféricos, aquellos en posición de mayor desventaja social, con consecuencias negativas en su actividad comercial. Y a medio plazo por el “efecto global” de la crisis, que podría —afirma— frenar la inversión empresarial, provocando paro, sobre todo en el sector servicios. Un sector cuyos trabajadores no cuentan con la protección de los más de 10.000 empleados públicos que hay en la ciudad, casi el 86% de la Administración General del Estado, con datos de enero del Gobierno central. Por último, Ávila subraya que, sin reforzar el gasto social, el empleo de ayudas públicas para dar respuesta a la actual crisis migratoria podría hacer que se “resintiera” la atención a los sectores ceutíes más desfavorecidos. Sería campo abonado para los discursos de “prioridad nacional” de Vox.
Desde el barrio de San José, Fernando Sotomayor, de Cáritas, coincide con Ávila en el temor a que el efecto de la crisis se concentre justo en las zonas más necesitadas de atención, que son las primeras en notar —observa— una bajada en la actividad económica. “Esto va a impactar muy mal. Mucha gente no sale a las calles, no gasta, se han suspendido muchas [reservas de] habitaciones de hoteles…”, lamenta Sotomayor, que advierte de las consecuencias negativas en la vida de los barrios, también la vida comercial, que tiene la presencia de numerosos inmigrantes vagando sin saber muy bien qué hacer, alguno “haciendo sus necesidades donde puede, incluso en una calle o una plaza”.

Mientras hace horas extra en pleno agosto para atender a los recién llegados y agradece el trabajo de las asociaciones de vecinos —“sin ellas, se hubiera ido todo al garete”—, Sotomayor no deja de preocuparse por las 400 familias ceutíes que Cáritas ayuda, temeroso de que, con la ciudad afrontando tantas necesidades nuevas, decrezcan los recursos para atenderlas.
Cohesión social y comercio con la UE
Carlos Echevarría, director del Observatorio de Ceuta y Melilla, dependiente del Instituto de Seguridad y Cultura, un centro de pensamiento especializado en seguridad y defensa, lanza una advertencia: la cohesión interna y el combate contra la desigualdad no son solo fundamentales en Ceuta por razones sociales, sino también para afrontar el desafío a largo plazo a la soberanía española sobre la misma.
¿Por qué? Porque —apunta Echevarría— el afán del régimen marroquí es que se produzca una quiebra social interna en Ceuta y “no se hable de españoles o de ceutíes que son musulmanes, sino de ciudadanos de segunda”, lo cual será más fácil en la medida en que persistan o aumenten las desigualdades. “Lo que pretende Marruecos es que Ceuta y Melilla sean ciudades lo más problemáticas posible, en las que haya tensión entre comunidades”, concluye.

El economista Jaime Bustillo, autor del estudio Ceuta y Melilla o cómo convertir una grave crisis en la mejor de las oportunidades, publicado en 2020 por el Observatorio en plena pandemia de covid, ve en la crisis un acicate para que ambas ciudades demanden un nuevo trato económico que reduzca su exposición a Marruecos.
Bustillo, también secretario de Economía del PSOE de Melilla, lo resume así: “Desde el punto de vista comercial, no somos parte de la UE, estamos fuera del terreno aduanero común. Lo que necesitamos es más cooperación con la UE, que la UE establezca las condiciones para reforzar nuestro papel de exportador. Para la UE, el coste sería insignificante, y a Ceuta y Melilla les serviría alcanzar un desarrollo económico que permitiría a los sectores más desfavorecidos, sobre todo pero no solo musulmanes, integrarse en la economía formal, reduciendo la desigualdad. Esto sería clave para muchas familias que no han superado el golpe del cierre de Marruecos al contrabando tolerado desde poco antes del covid, y le quitaría a Marruecos una poderosa palanca de presión”.
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