Las notas de la comunidad son el sistema que Elon Musk escogió para combatir la desinformación tras su compra de Twitter en 2022: “Son la mejor fuente de verdad en internet”, dijo poco después. Es cierto que lo son, pero solo funcionan con los temas que no dependen mucho de la ideología: estafas, imágenes hechas con IA, videojuegos. Cuando el tema es político, las notas sirven menos.
Una nueva investigación muestra la utilidad de este sistema de lucha contra la desinformación, pero detecta su fracaso en momentos polarizados como unas elecciones
Las notas de la comunidad son el sistema que Elon Musk escogió para combatir la desinformación tras su compra de Twitter en 2022: “Son la mejor fuente de verdad en internet”, dijo poco después. Es cierto que lo son, pero solo funcionan con los temas que no dependen mucho de la ideología: estafas, imágenes hechas con IA, videojuegos. Cuando el tema es político, las notas sirven menos.
“El sistema modera comparativamente menos contenidos polarizantes porque generan menos consenso entre personas de distintas orientaciones”, dice Pedro Ramaciotti, director de la cátedra de IA en Ciencias Sociales y Humanidades del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS, en sus siglas francesas) y coautor de un nuevo artículo científico que publica la revista Science Advances sobre los riesgos de confiar en las notas de la comunidad. “La evidencia científica ha demostrado que las personas tienden a no reconocer como falsos aquellos contenidos que refuerzan sus posiciones políticas, incluso cuando objetivamente contienen información falsa”, añade. La idea parecía buena, pero en su germen contenía su caída. A Musk empezó a gustarle menos cuando vio que sus propios tuits eran corregidos.
El sistema de las notas tiene un funcionamiento sencillo. Cuando un tuit genera dudas, alguien propone una rectificación con enlaces a las fuentes presuntamente correctas. Otros usuarios votan sobre si esa rectificación les parece válida. Si recibe votos de usuarios de todo el espectro ideológico, X publica esa “nota de la comunidad” para todos. El problema es que, para encontrar el consenso, un algoritmo de X etiqueta a los usuarios que votan por ideología. La nota solo se publica si suficientes usuarios de ambos bandos aceptan la rectificación. ¿Pero qué pasa cuando se presenta un mensaje muy político? Que no se ponen de acuerdo entre bandos y la rectificación no se publica. El resultado es que la desinformación política sobrevive sin correcciones porque el sistema de notas no funciona en situaciones de polarización.
Los investigadores han analizado los 1,9 millones de notas, que recibieron 135 millones de valoraciones hasta marzo de 2025, cruzándolos con datos de 13 países, incluido España. De todas esas notas propuestas como rectificaciones, solo el 12% obtiene suficiente apoyo de todo el espectro ideológico para hacerse visible. El resto no se muestra nunca: la mayoría, un 85%, queda atascado por falta de valoraciones suficientemente diversas.
Este descontrol informativo puede tener consecuencias legales, al menos en Europa. “Para operar en la Unión Europea, una plataforma debe evaluar y mitigar los riesgos que sus servicios puedan generar para los procesos electorales”, dice Ramaciotti. “Si, como muestran nuestros resultados, los contenidos relacionados con elecciones son precisamente los que las notas de la comunidad moderan peor, entonces las plataformas que sustituyan el sistema tradicional de fact-checking por las notas no pueden argumentar que están cumpliendo con las obligaciones que les impone la regulación europea”, añade.
X no es la única plataforma que usa este sistema. En enero de 2025, Mark Zuckerberg anunció que Meta dejaría a los fact-checkers en favor de una versión propia de las notas. “Vamos a volver a nuestras raíces y centrarnos en reducir errores y restaurar la libertad de expresión en nuestras plataformas”, dijo Zuckerberg en un vídeo. “Primero, vamos a deshacernos de los verificadores de datos y los sustituiremos por notas de la comunidad similares a las de X, empezando en Estados Unidos”, añadió.
Los investigadores han encontrado otro problema con las notas: la excesiva confianza en cómo funciona la ideología en EE UU. El eje izquierda-derecha está basado sobre todo en la política estadounidense y no funciona del mismo modo en todos los países. “El algoritmo de las notas de la comunidad calcula primero una única dimensión ideológica independiente del país y, a partir de ella, identifica las propuestas de moderación que logran consenso. El problema es que no todos los países presentan una estructura política tan simple. En Europa, por ejemplo, dependiendo del país, pueden identificarse tres o incluso cuatro ejes políticos relevantes e independientes que estructuran la opinión pública”, explica Ramaciotti, que lo sabe bien porque también dirige el Observatorio Europeo de la Polarización.
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