«Si nosotros mismos no garantizamos nuestra seguridad, nadie lo hará por nosotros», afirmó Tusk durante la rueda de prensa conjunta, subrayando la necesidad de que Europa refuerce su autonomía Leer «Si nosotros mismos no garantizamos nuestra seguridad, nadie lo hará por nosotros», afirmó Tusk durante la rueda de prensa conjunta, subrayando la necesidad de que Europa refuerce su autonomía Leer
Reforzar la cooperación franco-polaca para impulsar una Europa más «fuerte» y «soberana» frente a Rusia y Estados Unidos ha sido el eje de la reunión mantenida este lunes en la ciudad polaca de Gdansk por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el primer ministro polaco, Donald Tusk. El encuentro dejó claro el alineamiento estratégico entre París y Varsovia en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y las tensiones internacionales.
«Si nosotros mismos no garantizamos nuestra seguridad, nadie lo hará por nosotros», ha afirmado Tusk durante la rueda de prensa conjunta, subrayando la necesidad de que Europa refuerce su autonomía en defensa. El jefe del Gobierno polaco ha advertido de que «el mundo ha cambiado» y ha defendido que «Europa necesita la máxima unidad en estos tiempos difíciles», al tiempo que ha subrayado que Varsovia comparte con París la visión de «reforzar la soberanía europea». Tusk ha destacado que «la previsibilidad, la lealtad mutua y la solidaridad son hoy bienes escasos en la política internacional», y ha valorado la respuesta de Francia ante episodios recientes de tensión como prueba de la fiabilidad de los aliados europeos.
Por su parte, Macron ha asegurado que las relaciones entre ambos países se encuentran en un nivel «histórico» y ha defendido que «la libertad de Europa pasa por su capacidad de garantizar su propia defensa».
Las conversaciones entre ambos líderes giraron en torno a la disuasión nuclear, los satélites militares y la industria de Defensa, prioridades de un encuentro que quedó coronado por un anuncio empresarial de calado.
Las empresas Thales Alenia Space, Airbus Defence and Space y la firma polaca RADMOR anunciaron el desarrollo de un satélite de telecomunicaciones para uso militar, en un nuevo paso en el refuerzo de los vínculos industriales y de Defensa entre ambos países. El sistema, que operará en órbita geoestacionaria a más de 30.000 kilómetros de la Tierra, permitirá garantizar comunicaciones seguras y estables para las fuerzas armadas polacas, cubriendo amplias regiones desde una posición fija, aunque con menor velocidad que las redes en órbita baja.
El proyecto se inscribe además en el esfuerzo europeo por desarrollar capacidades propias y reducir la dependencia de proveedores externos como Starlink, en un contexto de creciente inquietud por la imprevisibilidad política de su propietario, Elon Musk, y forma parte del plan de preparación en defensa impulsado por la Comisión Europea para reforzar la autonomía estratégica del continente de aquí a 2030.
El acercamiento entre París y Varsovia se apoya además en el tratado firmado en Nancy en 2025, que definió una visión común para la Unión Europea basada en una Europa unida, soberana y democrática, así como en el compromiso con el multilateralismo y el derecho internacional.
«Necesitamos una Europa unida, fuerte, soberana y competitiva, y nuestro trabajo conjunto puede aportar una contribución decisiva», había defendido Macron.
Esta convergencia estratégica se tradujo en un alineamiento creciente en los grandes desafíos internacionales, en particular en el apoyo a Ucrania frente a la agresión rusa, así como en iniciativas para reforzar las garantías de seguridad en el continente.
El encuentro se enmarcó en un momento de creciente presión sobre la seguridad europea, con la guerra en Ucrania ya en su cuarto año y en medio de las dudas sobre el compromiso de Estados Unidos con la Defensa del continente. En ese contexto, ambas partes abordaron la posibilidad de una mayor implicación de Polonia en la disuasión nuclear francesa, si bien Francia subrayó que mantendría el control total sobre cualquier eventual uso de su fuerza nuclear.
Otro de los puntos clave fue la llamada «preferencia europea» en la compra de material militar, defendida por Macron para reforzar la industria de defensa del continente, una iniciativa que ha generado reticencias en países de Europa del Este, tradicionalmente muy vinculados a Estados Unidos.
En el caso de Polonia, esas tensiones se reflejan también en el plano interno. El presidente Karol Nawrocki, rival político de Tusk, no ha asistido al encuentro con el mandatario francés y se ha opuesto a la participación del país en el programa europeo SAFE (Security Action for Europe), al considerar que podría poner en riesgo la «independencia» nacional.
Al mismo tiempo, Varsovia ha mantenido una estrecha relación con Washington y ha reforzado su capacidad militar con importantes compras de armamento estadounidense, incluidos cazas F-35, helicópteros Apache, misiles Patriot y tanques Abrams.
Polonia volvió a situarse en el eje proeuropeo tras la victoria electoral de Tusk en 2023, aunque sin romper su vínculo estratégico con Estados Unidos. «La estrategia de Washington ha cambiado», señaló el primer ministro, si bien insistió en que las relaciones polaco-estadounidenses y euroatlánticas siguen siendo «muy importantes».
La visita ha tenido además un marcado carácter simbólico e institucional. Macron, que ya había viajado a Polonia en 2020 y 2024 pero nunca antes a Gdansk, vinculó su desplazamiento a la conmemoración del tratado de Nancy y a su participación en la ceremonia del premio Bronisaw Geremek.
El mandatario francés inició su agenda con un acto en un cementerio militar francés en la región y visitó el Centro Europeo de Solidaridad, en una ciudad símbolo de las transformaciones europeas del siglo XX y del fin del dominio soviético en Europa del Este.
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