Nueve meses en el mar a bordo del USS Abraham Lincoln: soledad, fatiga y orgullo

En diversas entrevistas, los marineros afirmaron sentir la tensión de un despliegue prolongado en una zona de guerra, pero también manifestaron su orgullo por haber cumplido la misión Leer En diversas entrevistas, los marineros afirmaron sentir la tensión de un despliegue prolongado en una zona de guerra, pero también manifestaron su orgullo por haber cumplido la misión Leer  

Cuando el portaaviones USS Abraham Lincoln y uno de sus destructores atracaron en Tailandia a principios de esta semana, supuso un alivio bienvenido para miles de marineros cuyo despliegue récord en Oriente Próximo generó controversia debido a los informes sobre el deterioro de las condiciones a bordo.

Las entrevistas con más de una docena de marineros del Lincoln y del USS Frank E. Petersen Jr. dibujaron un cuadro de la presión que la guerra de Irán ha supuesto para las fuerzas armadas estadounidenses, pero también de la resiliencia de las tropas que combaten allí.

Durante su primer permiso en tierra tras nueve meses en alta mar, los marineros hablaron sobre largos periodos sin poder comunicarse con sus familias en casa y el estrés de no saber cuándo terminaría la misión. Para algunos, la experiencia afectó a su deseo de continuar en el servicio militar.

«Este despliegue fue un punto de ruptura para mucha gente», afirmó Lucas Shepardson, de 24 años, mecánico naval en el Petersen, añadiendo que no renovará su contrato cuando regrese a su puerto base en Hawai. «La gente simplemente se dio cuenta de que no quiere hacer esto durante 20 años más».

La mayoría de los marineros aseguró sentirse orgullosa de haber llevado a cabo su cometido. A pesar de las largas jornadas y las difíciles condiciones de operar durante meses en una zona de combate, afirmaron que la experiencia afianzó la camaradería entre la tripulación.

De los aproximadamente 280 días en el mar, el Lincoln y el Petersen pasaron cerca de 200 en una zona de combate activo, desempeñando un papel clave en la Operación Furia Épica y en el bloqueo estadounidense a los puertos iraníes. Normalmente, los marineros pueden contar con descansos en tierra cada 30 o 45 días. Sin embargo, los más de 5.000 hombres y mujeres a bordo de ambos buques solo realizaron breves escalas técnicas -en Guam y Omán para el Lincoln, y en Omán y la base de Diego García en el océano Índico para el Petersen- antes de atracar en el este de Tailandia para un permiso de cinco días.

Estos despliegues tan largos podrían volverse más comunes. El secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha prorrogado recientemente el servicio de tropas en Oriente Próximo, incluyendo a tripulaciones de buques de guerra, unidades de defensa antiaérea y paracaidistas, en una señal de que el conflicto podría prolongarse bien entrado el próximo año, según personas familiarizadas con el asunto.

La Armada no respondió a una solicitud de comentarios.

El USS Frank E. Petersen Jr., parte del grupo de combate del Lincoln, atracó esta semana en el puerto de Sriracha, Tailandia
El USS Frank E. Petersen Jr., parte del grupo de combate del Lincoln, atracó esta semana en el puerto de Sriracha, TailandiaSirachai ArunrugstichaiWSJ

El almirante Brad Cooper, comandante militar estadounidense para Oriente Medio, describió el despliegue del Lincoln como «uno de los más intensos a nivel operativo y trascendentales de la era moderna». El grupo de combate del Lincoln derribó más de 200 drones iraníes, según indicó Cooper en un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal el 16 de agosto.

El portaaviones se vio envuelto en la polémica sobre la guerra del presidente Trump en Irán. Los reportes sobre racionamiento de comida, inodoros atascados y problemas de salud mental desataron intensas críticas por parte de legisladores demócratas. Trump declaró en agosto que la misión del Lincoln «no había durado ni de lejos lo suficiente».

Algunos veteranos de otros conflictos también insinuaron que el personal naval de hoy en día se ha vuelto blando. En las entrevistas, los marineros afirmaron que tales comentarios eran injustos y no reflejaban el desafío singular que supone estar desplegado en el mar durante más de nueve meses, ni la calidad de su trabajo.

El Mando Central de EEUU informó que un marinero del Lincoln cayó por la borda a principios de agosto, pero fue rescatado rápidamente. Varios tripulantes aseguraron al Journal que el marinero se había arrojado. El secretario interino de la Armada, Hung Cao, señaló que «se atendió un número reducido de casos de salud mental sin que se produjeran pérdidas de vidas» y que las tasas de retención de marineros en el Lincoln figuraban entre las más altas de todos los portaaviones.

La intensidad de las operaciones pasó factura al Lincoln, cuyos escuadrones realizaron más de 10.000 salidas durante el despliegue. Según cuatro tripulantes, la inusual cantidad de salidas de las aeronaves desgastó parte del recubrimiento especial antideslizante de la cubierta de vuelo. Esto hacía que la superficie resultara resbaladiza con la humedad, aunque los marineros indicaron que gestionaron la situación sin llegar a sentirse inseguros.

Bryan Clark, director del Centro de Conceptos y Tecnología de Defensa del Hudson Institute, comentó que es habitual que la superficie antideslizante sufra desgaste. Las tripulaciones suelen decapar y repintar las zonas desgastadas durante las escalas en puerto, algo que probablemente no fue posible durante los muchos meses que el Lincoln pasó en el mar, apuntó Clark.

A pesar de la duración del despliegue, el Lincoln evitó algunos de los percances que han afectado a otros portaaviones en operaciones recientes, incluso durante la Operación Furia Épica.

En julio, un marinero falleció al estrellarse en el mar Arábigo un helicóptero del USS George H.W. Bush. En marzo, un incendio en el USS Gerald R. Ford originado en la lavandería hirió a dos marineros y dejó a otros 600 sin literas mientras operaban en Oriente Próximo.

En octubre de 2025, el USS Nimitz perdió un helicóptero y un caza de combate con solo 30 minutos de diferencia mientras navegaba por el mar de la China Meridional. En abril de ese mismo año, otro caza cayó al mar desde el USS Harry S. Truman durante su despliegue contra militantes hutíes en el mar Rojo, apenas unas semanas después de haber colisionado con un buque mercante.

La Armada atribuyó los incidentes del Truman, en parte, a la escasez de personal a bordo y al cansancio acumulado de marineros sobrecargados de trabajo.

Las tripulaciones de portaaviones, destructores y cruceros trabajan habitualmente en turnos de 12 horas, los siete días de la semana, a veces con un día de carga más reducida. Los pasillos y los dormitorios de los buques son estrechos y claustrofóbicos. Los marineros de menor rango duermen en literas diminutas, conocidas como racks, con escasa privacidad o espacio personal.

Algunos tripulantes del Lincoln explicaron que se les asignó tiempo libre adicional una vez prorrogado el despliegue más allá de su fecha de finalización original en mayo. La dotación trató de mantener la moral con actividades como concursos de deletreo o competiciones de sincronía labial (lip-sync).

Al inicio de la misión, los marineros del Lincoln y del Petersen señalaron que la conexión wifi a bordo se desconectó durante unos dos meses por motivos de seguridad operativa. Con la excepción de un periodo de unas dos semanas, la mayoría de los marineros del Petersen mantuvo acceso al correo electrónico mediante ordenadores compartidos a través de una red segura, explicó Shepardson, el mecánico naval.

Aun así, los marineros indicaron que la falta de wifi dificultaba comunicarse con familiares y amigos, dado que a menudo se formaban colas para acceder a las terminales compartidas.

En ocasiones, las raciones de comida se redujeron para asegurar su rendimiento, ya que los combates dificultaban el reabastecimiento de los buques. En un momento dado, el Lincoln tuvo que transferir suministros al Petersen, según confirmaron cuatro marineros, tres de ellos pertenecientes al servicio de intendencia.

Michael Gonzales, marinero del Petersen, relató que hubo jornadas en las que pasó hambre, aunque otros compañeros afirmaron haber recibido siempre suficiente alimento.

«Creo que se nos suministró la cantidad necesaria cada día», dijo Shepardson. «Sí, fue menos, pero desde luego fue suficiente».

Todos los marineros consultados por el Journal coincidieron en que la parte más dura fue no saber cuándo terminaría el despliegue, a medida que los días se volvían indistinguibles y el agotamiento iba en aumento. El ánimo decayó al postergarse de forma sucesiva las fechas de regreso.

Tras esta misión, se prevé que el Lincoln y la mayor parte de su tripulación sean reasignados a Bremerton, Washington, en lugar de a su actual puerto base en San Diego. La incertidumbre en torno a los plazos del traslado incrementó el estrés del personal con familia a cargo, en especial aquellos con hijos en edad escolar, según señalaron varios de ellos.

Los despliegues de portaaviones estadounidenses en tiempos de paz suelen durar entre seis y ocho meses. En los últimos años, sin embargo, se han ido alargando con mayor frecuencia. El Ford permaneció en el mar durante 11 meses antes de regresar a puerto el pasado mayo, lo que lo convirtió en el despliegue de un portaaviones más largo en décadas, si bien no pasó tanto tiempo continuo sin realizar escalas como el Lincoln.

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Santos.

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