Por primera vez, la NASA ha decidido indultar a uno de sus satélites. Es el observatorio astronómico Swift, que, como todos los artefactos que giran cerca de nuestro planeta, acaba frenado por las capas altas de la atmósfera hasta caer y desintegrarse en su reentrada a la Tierra. Para este telescopio espacial, ese punto de no retorno llega antes de lo previsto y se alcanzará a finales de este 2026; pero la agencia espacial estadounidense pretende que, antes de esa fecha, lo alcance un robot —que ha despegado este viernes— y lo eleve hasta una órbita segura, en la que podrá seguir operando unos años más. Es una herramienta única para detectar las explosiones más violentas del universo.
La empresa Katalyst ha diseñado y lanzado, en solo nueve meses, un robot que deberá atrapar el observatorio espacial ‘Swift’ y subirlo a una órbita más alta antes de que la atmósfera terrestre lo engulla
Por primera vez, la NASA ha decidido indultar a uno de sus satélites. Es el observatorio astronómico Swift, que, como todos los artefactos que giran cerca de nuestro planeta, acaba frenado por las capas altas de la atmósfera hasta caer y desintegrarse en su reentrada a la Tierra. Para este telescopio espacial, ese punto de no retorno llega antes de lo previsto y se alcanzará a finales de este 2026; pero la agencia espacial estadounidense pretende que, antes de esa fecha, lo alcance un robot —que ha despegado este viernes— y lo eleve hasta una órbita segura, en la que podrá seguir operando unos años más. Es una herramienta única para detectar las explosiones más violentas del universo.
Nunca antes la NASA había intentado algo así. En septiembre de 2025, decidió abordar esa inédita misión de emergencia —ante un inesperado frenazo espacial de Swift, provocado por intensas tormentas solares, había que realizarla en un tiempo récord— y subcontratarla por 30 millones de dólares a una empresa privada, Katalyst Space Technologies, sin experiencia previa.
Entonces, la agencia estadounidense le pidió a la startup dos cosas: tendría que ser “un trabajo rápido” y no debería empeorar la situación. Y es que en la órbita terrestre baja en la que está ahora el telescopio Swift hay multitud de satélites girando alrededor de la Tierra, y un choque con otro de esos artefactos podría generar multitud de pedazos de basura espacial que pondrían en riesgo otras operaciones en esa zona del espacio.
Nueve meses para concebir una misión espacial y desarrollar la nave necesaria implica una velocidad muy inusual en el sector espacial. La NASA no podía permitirse lanzar la misión de rescate de Swift más allá de principios de julio, si quería alcanzarlo antes de que lo engulla la atmósfera terrestre. El lanzamiento estaba previsto para el pasado 27 de junio y, finalmente, tras tres aplazamientos por mal tiempo y otro por fallo técnico, ha tenido lugar este viernes a las 10:36 —hora peninsular española— cerca de las Islas Marshall, en medio del océano Pacífico. También esta maniobra ha sido atípica: el robot Link, destinado a salvar el telescopio, no ha despegado desde una base espacial en tierra firme, sino desde el aire, a bordo del avión Stargazer de la compañía Northrop Grumman. Una vez alcanzados los 12.000 metros de altitud, el avión ha liberado —como si fuese un misil— el cohete Pegasus XL, que ha propulsado el robot hasta una órbita inicial estable, donde lo ha soltado. La NASA ha confirmado que el lanzamiento ha sido completado con éxito y que el Link ha quedado orbitando la Tierra.
Cuando asegure la comunicación con el centro de control y despliegue sus paneles solares, comenzará la verdadera misión de Link —un robot de 1,5 metros de altura—, que se pasará las próximas semanas aproximándose al telescopio espacial Swift —que mide cuatro metros—, estudiando su trayectoria y determinando la mejor manera de atraparlo con sus tres brazos robóticos. Si ese amarre tiene éxito, a continuación comenzará un proceso de varios meses para subir el telescopio desde su órbita actual (360 kilómetros de altitud) hasta su órbita original (600 kilómetros), en la que Swift comenzó a operar a finales de 2004.
Aunque su misión iba a durar solo dos años y no fue diseñado ni para ser reparado ni remolcado, Swift ha demostrado ser tan útil para la astronomía que la NASA ha prorrogado su funcionamiento hasta casi 22 años. Hace unos meses, decidió ponerlo en pausa para ahorrar energía y ralentizar su pérdida de altitud, a la espera de que llegue el rescate y pueda reanudar su valiosa labor de respuesta veloz. Swift es el único telescopio espacial que puede girar rápidamente para capturar erupciones de rayos gamma y explosiones de estrellas; y con sus imágenes y datos permite tomar decisiones sobre cómo observar esos eventos, los más violentos del universo, con mayor detenimiento, usando telescopios espaciales como el Hubble o telescopios terrestres aún más potentes.
Aunque China ya hizo una operación similar a esta en 2022 —pero para subir un satélite de navegación ya jubilado a un cementerio espacial—, es la primera vez que una empresa privada intenta remolcar un satélite a una órbita más alta; y, además, la primera vez que la NASA se plantea hacerlo con uno que no tiene un amarre diseñado para ello. Sí que estaba preparado el Hubble, que fue impulsado hacia órbitas más altas varias veces para poder extender también su vida útil. Esas operaciones se realizaron con la ayuda de astronautas, en paseos extravehiculares realizados desde los ya jubilados transbordadores espaciales.
De concluir con éxito el rescate de Swift por la compañía Katalyst, esta misión de emergencia abriría una nueva posibilidad para extender la vida del Hubble, de otros observatorios orbitales y de todo tipo de satélites muy costosos. Una nueva vía de negocio que encaja con las pretensiones de la NASA de que vaya creciendo una industria espacial más rentable en EE UU. Para el telescopio espacial Swift, sin embargo, ese éxito supondría solo un indulto temporal. Tras unos años más de servicio, se espera que en la próxima década vuelva a descender y ya nadie lo libre de su destino final: desintegrarse en la atmósfera.
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