Mira que la derecha tiene grandes agujeros por los que se cuela la suerte que parece tocarle en este momento histórico: desde la gestión de la dana por Mazón a las sandeces de la presidenta Ayuso en México, el escándalo de su novio o los vaivenes de Feijóo, que nunca se sabe si sube o si baja. Pero en el camino le ha salido un nuevo amigo que está haciendo lo posible por ayudarle con brío.
El partido parece navegar en un barco podrido donde el agua solo busca cobrarse la gran pieza: el capitán ensimismado
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El partido parece navegar en un barco podrido donde el agua solo busca cobrarse la gran pieza: el capitán ensimismado


Mira que la derecha tiene grandes agujeros por los que se cuela la suerte que parece tocarle en este momento histórico: desde la gestión de la dana por Mazón a las sandeces de la presidenta Ayuso en México, el escándalo de su novio o los vaivenes de Feijóo, que nunca se sabe si sube o si baja. Pero en el camino le ha salido un nuevo amigo que está haciendo lo posible por ayudarle con brío.
Desde un punto de vista moral, el PSOE de Pedro Sánchez hace agua entre escándalos que enturbian la causa primaria por la que llegó al poder: la corrupción del PP. Como el protagonista de una película de desastres en la que el agua va anegando la sala de máquinas y cada una de las cubiertas y camarotes, Sánchez es ahora mismo el protagonista que bucea hasta encontrar oxígeno en un recoveco del barco mientras le rodean los cadáveres y la inundación.
Sí, sí, ya sabemos que la presunción de inocencia se merece un monumento y sobrevivirá, pero lo que no sobrevivirá tan fácilmente es la confianza en el PSOE, en este PSOE. Por debajo de Sánchez, el agua ha alcanzado a sus más próximos, los últimos secretarios de Organización, que también pelean por la susodicha presunción de inocencia frente a una vergonzosa montaña de indicios que preferiríamos olvidar. Y por encima de Sánchez, el agua atrapa ya al expresidente Zapatero, un referente, el que le ha ayudado y apoyado en las campañas, aquel al que llamábamos Bambipor su candor inicial. ¿Recuerdan? El presidente del talante, que parecía tan limpio de polvo y paja, y que tan rápido ha aprendido a navegar en aguas más procelosas en perfecta coordinación con sus hijas, sin duda grandes adalides del marketing capaces de facturar supuestamente cientos de miles a la trama mientras nuestros hijos bien formados aún aspiran a salir del mileurismo. Eso lo entendemos todos. Y eso es imperdonable.
Hoy, esas aguas procelosas han atrapado a Zapatero, añaden lastre al barco socialista, donde ya se acumulaban los escándalos de Ábalos, Santos Cerdán y Koldo, y van acorralando a Pedro Sánchez, demasiado cercano a todos ellos.
El PP exhibe una debilidad apabullante ante Vox en todas sus victorias autonómicas de este curso, sí. Y se humilla lo indecible, también. Pero quién iba a decir que en su socorro iba a acudir el propio PSOE, subido a un barco podrido donde el agua solo busca cobrarse la gran pieza, el capitán ensimismado, que lleva al límite la máxima de que será el último en abandonarlo, aunque vaya enterrando a los demás.
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