Día histórico en el Congreso. La visita de León XIV al Parlamento ha sido la primera de un pontífice en la historia de España. Las miradas (y los oídos) estaban puestas en las palabras que pronunciaría ante los diputados. Ningún tema ha sido nuevo, pues desde el comienzo de su viaje mostró sin rodeos su pensamiento: la urgencia de una “acogida respetuosa” de los inmigrantes, posicionarse a favor “de toda vida humana” y contrario al aborto y la eutanasia. También ha criticado la crispación política, ha advertido sobre cuestiones como la inteligencia artificial y ha valorado otras como la cultura académica y artística de España. Estas son una decena de las claves más importantes del discurso del Papa en el Congreso.
En esta introducción, donde agradece la invitación de acudir al Congreso, León XIV destaca que acude como líder religioso y no como jefe de Estado, cargo que también desempeña, como monarca absoluto de la Ciudad del Vaticano, Estado reconocido por la mayoría de los países del mundo.
Esta frase puede pasar desapercibida, pero es un reconocimiento directo a la separación entre Iglesia y Estado. También los derechos adquiridos por la Iglesia en los acuerdos entre España y la Santa Sede de 1979.
En este pequeño párrafo, León XIV hace referencia a la Escuela de Salamanca y a teólogos como Francisco de Vitoria, del siglo XV-XVI. Este último, en su obra De Indis señaló los excesos de la conquista de América y cuestionó la legitimidad de la conquista, defendiendo que los indígenas eran dueños de sus tierras. Estos textos fueron el origen moderno del derecho de gentes, que luego evolucionaría hasta el Derecho Internacional. El pontífice valora el trabajo de dominicos y jesuitas que, en esa época, contribuyó a «formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad». En palabras de León XIV, esta ha sido «una de las grandes herencias de España».
La segunda frase subrayada es relevante porque indica que, a pesar de estos textos, la sociedad y los gobiernos no «estuvieron a la altura», una clara alusión crítica a la conquista española, y un recordatorio de que el deber de los legisladores es conseguir «que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar».
El pontífice vuelve a alertar de los peligros de la inteligencia artificial y cita su última encíclica, un documento con una evidente carga política y donde señala cuál es el nuevo adversario que señala la Iglesia: el tecnofascismo en ciernes teorizado por las teorías poshumanas y transhumanas de Silicon Valley y de buena parte de los ideólogos que rodean al presidente de EE UU, Donald Trump. «Quien controla la IA impondrá su visión moral», aparece en el texto. Magnifica humanitas alerta de los peligros de las nuevas tecnologías y del control de una élite que “corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades”. También rechaza la idea de “guerra justa” y pide perdón por la esclavitud.
El pontífice defiende en estas palabras la postura tajante de la Iglesia contra el derecho al aborto y la eutanasia, cristalizados en leyes por los gobiernos españoles de izquierdas. Estas normas siempre han sido duramente criticadas por la la Conferencia Episcopal Española.
El líder de la Iglesia católica defiende la educación religiosa en España, una cuestión que ha enfrentado durante los últimos años a los obispos españoles y el Gobierno de Pedro Sánchez. La CEE siempre ha denunciado “los obstáculos y trabas que se quieren imponer” a las escuelas concertadas a través de la legislación que busca quitar valor académico a la asignatura de Religión.
El Papa vuelve a posicionarse al lado de los inmigrantes vulnerables que se juegan la vida para buscar una vida mejor en otro país. Esta posición choca frontalmente con Vox, pero también con el Partido Popular. Entre las políticas que estos dos partidos quieren impulsar es la “prioridad nacional” para posicionar a los españoles por encima de de los migrantes. El prelado de Canarias, José Mazuelos Pérez, respondió dijo sobre hace unos meses esto: “A algunos habría que meterles cinco días en un cayuco, mañana y tarde, sin comer, antes de hablar de lo que hay que hacer con los migrantes”.
Esta es una nueva referencia del Papa a su postura contraria a las políticas de rearme. No es la primera vez que arremete contra ellas, en alusión incluso a Unión Europea. A finales del año pasado incluso publicó un documento en el que criticaba estas medidas en lugar de promover la memoria de las tragedias del pasado. También arremetió duramente contra los Estados y políticos que difunden la «percepción de amenazas» y al uso abusivo del derecho a la legítima defensa. El Papa ya valoró en su discurso ante el Rey el posicionamiento en España a favor de la Paz y el respeto al Derecho Internacional. No obstante, en el Congreso hay partidos como Vox que defienden la posición contraria, más cercana a la del presidente de EE UU, Donald Trump. Líder al que León XIV, estadounidense, siempre ha plantado cara.
El Papa arremete con esta frase a la actitud que durante años ha inundado el Congreso: las descalificaciones personales, la crispación y las acusaciones a través de bulos por redes sociales.
En estas líneas, el Papa hace una defensa de la libertad religiosa de los ciudadanos. En sus líneas no solo alude a la los católicos, sino al resto de confesiones. Es una cuestión relevante, pues en los últimos años, partidos como Vox ha intentado frenar en algunos municipios (como el caso de la localidad murciana de Jumilla) que los vecinos musulmanes celebrasen sus festividades en espacios públicos. Los obispos españoles salieron en defensa de estas personas y recordaron que esas medidas legislativas chocaban con la Constitución.
El pontífice ha desplegado en la Cámara una batería de ideas sobre política, cultura y economía. Algunas posicionadas con el Gobierno y otras, con la oposición
Día histórico en el Congreso. La visita de León XIV al Parlamento ha sido la primera de un pontífice en la historia de España. Las miradas (y los oídos) estaban puestas en las palabras que pronunciaría ante los diputados. Ningún tema ha sido nuevo, pues desde el comienzo de su viaje mostró sin rodeos su pensamiento: la urgencia de una “acogida respetuosa” de los inmigrantes, posicionarse a favor “de toda vida humana” y contrario al aborto y la eutanasia. También ha criticado la crispación política, ha advertido sobre cuestiones como la inteligencia artificial y ha valorado otras como la cultura académica y artística de España. Estas son una decena de las claves más importantes del discurso del Papa en el Congreso.
“Vengo ante todos ustedes como obispo de Roma y pastor de la Iglesia católica, consciente de que la misión confiada al sucesor del apóstol Pedro como principio y fundamento de unidad de los obispos y de los fieles coloca a la Santa Sede, de modo peculiar, en diálogo con los pueblos y con los Estados”.
En esta introducción, donde agradece la invitación de acudir al Congreso, León XIV destaca que acude como líder religioso y no como jefe de Estado, cargo que también desempeña, como monarca absoluto de la Ciudad del Vaticano, Estado reconocido por la mayoría de los países del mundo.
“[La Iglesia] Reconoce ‘la autonomía de las realidades terrenas’ y ‘la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política’; y, precisamente desde esa conciencia, aporta una reflexión nacida del deseo de servir al bien común y de recordar aquello que hace verdaderamente humana la convivencia”.
Esta frase puede pasar desapercibida, pero es un reconocimiento directo a la separación entre Iglesia y Estado. También los derechos adquiridos por la Iglesia en los acuerdos entre España y la Santa Sede de 1979.
“En aquella sede universitaria, hace 500 años, cuando se abrían mundos nuevos y posibilidades inmensas en las relaciones entre los pueblos, algunos maestros comprendieron que la razón no podía ser invocada para revestir de legitimidad cuanto la fuerza o el interés presentaban como conveniente. Introdujeron así en el discernimiento histórico la pregunta por el valor irreductible de todo ser humano y los límites morales del poder. Hay que reconocer que la sociedad y la misma Iglesia no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición cristiana”.
En este pequeño párrafo, León XIV hace referencia a la Escuela de Salamanca y a teólogos como Francisco de Vitoria, del siglo XV-XVI. Este último, en su obra De Indis señaló los excesos de la conquista de América y cuestionó la legitimidad de la conquista, defendiendo que los indígenas eran dueños de sus tierras. Estos textos fueron el origen moderno del derecho de gentes, que luego evolucionaría hasta el Derecho Internacional. El pontífice valora el trabajo de dominicos y jesuitas que, en esa época, contribuyó a «formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad». En palabras de León XIV, esta ha sido «una de las grandes herencias de España».
La segunda frase subrayada es relevante porque indica que, a pesar de estos textos, la sociedad y los gobiernos no «estuvieron a la altura», una clara alusión crítica a la conquista española, y un recordatorio de que el deber de los legisladores es conseguir «que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar».
“El progreso ofrece posibilidades admirables, y hoy lo vemos de modo singular en el desarrollo de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías. Como he recordado en mi reciente Encíclica, la tecnología en sí misma no es neutral porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza; por eso, ante las transformaciones de nuestro tiempo, nuestro discernimiento debe centrarse en qué lugar ocupa la persona humana en nuestras decisiones, y cómo se plantean hoy, de manera nueva, la dignidad del trabajo, la solidaridad, la política social y el bien común”.
El pontífice vuelve a alertar de los peligros de la inteligencia artificial y cita su última encíclica, un documento con una evidente carga política y donde señala cuál es el nuevo adversario que señala la Iglesia: el tecnofascismo en ciernes teorizado por las teorías poshumanas y transhumanas de Silicon Valley y de buena parte de los ideólogos que rodean al presidente de EE UU, Donald Trump. «Quien controla la IA impondrá su visión moral», aparece en el texto. Magnifica humanitas alerta de los peligros de las nuevas tecnologías y del control de una élite que “corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades”. También rechaza la idea de “guerra justa” y pide perdón por la esclavitud.
“¿Qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización. (…) la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a cada persona”.
El pontífice defiende en estas palabras la postura tajante de la Iglesia contra el derecho al aborto y la eutanasia, cristalizados en leyes por los gobiernos españoles de izquierdas. Estas normas siempre han sido duramente criticadas por la la Conferencia Episcopal Española.
“También las instituciones educativas ocupan un lugar decisivo en esta tarea. En ellas, las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionarse sobre el sentido de la vida y la dignidad de cada persona. Por eso, muchos padres, deseosos de que sus hijos aprendan a relacionarse, a pensar con espíritu crítico y a adquirir valores sólidos, depositan en ellas grandes esperanzas, como valiosas aliadas en su educación. Esta colaboración ha de respetar siempre el ‘derecho primario e inalienable’ de los padres a ‘elegir el tipo de educación y de formación que reciben sus hijos, en coherencia con sus propias convicciones morales, culturales y religiosas”.
El líder de la Iglesia católica defiende la educación religiosa en España, una cuestión que ha enfrentado durante los últimos años a los obispos españoles y el Gobierno de Pedro Sánchez. La CEE siempre ha denunciado “los obstáculos y trabas que se quieren imponer” a las escuelas concertadas a través de la legislación que busca quitar valor académico a la asignatura de Religión.
“La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos. De ahí nace una doble exigencia de justicia social: ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración; y promover, al mismo tiempo, el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida, entre ellas las desigualdades económicas y los efectos de la crisis climática”.
El Papa vuelve a posicionarse al lado de los inmigrantes vulnerables que se juegan la vida para buscar una vida mejor en otro país. Esta posición choca frontalmente con Vox, pero también con el Partido Popular. Entre las políticas que estos dos partidos quieren impulsar es la “prioridad nacional” para posicionar a los españoles por encima de de los migrantes. El prelado de Canarias, José Mazuelos Pérez, respondió dijo sobre hace unos meses esto: “A algunos habría que meterles cinco días en un cayuco, mañana y tarde, sin comer, antes de hablar de lo que hay que hacer con los migrantes”.
“En el plano internacional, la paz exige valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro fundada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los caminos pacíficos que ofrece el derecho internacional (…) Por eso, preocupa que, en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional. La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra”.
Esta es una nueva referencia del Papa a su postura contraria a las políticas de rearme. No es la primera vez que arremete contra ellas, en alusión incluso a Unión Europea. A finales del año pasado incluso publicó un documento en el que criticaba estas medidas en lugar de promover la memoria de las tragedias del pasado. También arremetió duramente contra los Estados y políticos que difunden la «percepción de amenazas» y al uso abusivo del derecho a la legítima defensa. El Papa ya valoró en su discurso ante el Rey el posicionamiento en España a favor de la Paz y el respeto al Derecho Internacional. No obstante, en el Congreso hay partidos como Vox que defienden la posición contraria, más cercana a la del presidente de EE UU, Donald Trump. Líder al que León XIV, estadounidense, siempre ha plantado cara.
“La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz, cuando las diferencias se dejan mitigar por la escucha y se ordenan al reconocimiento de las necesidades, los anhelos y las capacidades de todos”.
El Papa arremete con esta frase a la actitud que durante años ha inundado el Congreso: las descalificaciones personales, la crispación y las acusaciones a través de bulos por redes sociales.
“De este respeto al otro nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor una cuestión decisiva para toda sociedad verdaderamente democrática: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas”.
En estas líneas, el Papa hace una defensa de la libertad religiosa de los ciudadanos. En sus líneas no solo alude a la los católicos, sino al resto de confesiones. Es una cuestión relevante, pues en los últimos años, partidos como Vox ha intentado frenar en algunos municipios (como el caso de la localidad murciana de Jumilla) que los vecinos musulmanes celebrasen sus festividades en espacios públicos. Los obispos españoles salieron en defensa de estas personas y recordaron que esas medidas legislativas chocaban con la Constitución.
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