¿Se mueven las encuestas? Desde la convocatoria y tras el accidente de tren

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 Un mes después, el PP ha perdido algo de terreno en todas las encuestadoras, y el accidente de Urda apenas ha movido el promedio. PP y Vox suman mayoría en nueve de cada diez simulaciones del modelo de EL PAÍS  

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Hace un mes que Pedro Sánchez convocó elecciones. ¿Se han movido las encuestas desde entonces? Poco, pero sí. El PP sigue como primera fuerza en nuestro promedio, con el 31% de los votos, seguido del PSOE (27%), Vox (19%) y el Frente Amplio (7%). Pero los pequeños cambios que vemos apuntan casi todos en la misma dirección: la ventaja del PP se estrecha.

Diagrama de dispersión

El movimiento más claro del mes es el retroceso popular. En nuestro promedio, el PP ha caído del 32,7% al 31,1%, mientras los socialistas se quedaban casi donde estaban (del 26,4% al 26,6%) y Vox ganaba medio punto.

Ha sido un mes con sucesos. El primero, la propia convocatoria. El segundo, las dificultades de la izquierda para armar un frente realmente amplio. El tercer suceso fue el trágico accidente de Urda, el 28 de octubre. Los dos primeros eventos impulsaron al PSOE, pero con el choque de trenes la hipótesis de partida era un castigo al Gobierno. ¿Se ve en las encuestas? No está claro. Las cinco encuestadoras que han preguntado antes y después del accidente ven bajar al PSOE, pero poco: entre dos décimas y punto y medio. Nuestro promedio, ajustado por las diferencias entre encuestadoras, cuenta lo mismo: si Urda ha movido votos, de momento han sido pocos.

No sería tan extraño. Tengo un atajo para pensar las campañas: casi nada importa. Es fácil exagerar lo último que ha ocurrido, y mucho voto está decidido. Este mes ha puesto a prueba esa regla. Un accidente con 69 muertos, que le ha costado el cargo al ministro de Transportes, es de lo más intenso que puede pasar en campaña. Y aun así, las encuestas no han dado ningún vuelco. La campaña, por ahora, quizás se ha movido más por la movilización de la izquierda que por la tragedia del tren.

El contrapunto de la semana lo puso SW Demoscopia en una encuesta para La Séptima. Según su estimación, el PSOE sería primera fuerza con el 30,9%, por delante del PP (28,8%), y Vox caería al 17%. Es una encuestadora con poco historial público y eso obliga a la cautela. Pero el escenario es plausible. La distancia entre PP y PSOE se ha estrechado también en nuestro promedio, de más de seis puntos hace un mes a cuatro y medio ahora.

¿Qué opciones tiene el PSOE de ser el más votado? Nuestro modelo le da una de cada cinco: queda por delante del PP en votos en el 21% de las simulaciones. Al convocarse las elecciones esa probabilidad era del 16%; subió al 24% la víspera de Urda, y ha vuelto ahora al 21%. Es una opción real por dos motivos: los errores de cuatro puntos no son raros, y además faltan tres semanas para votar.

¿Quién gobernará?

El gráfico muestra nuestra predicción a partir de las encuestas y 20.000 simulaciones (ver metodología al final). El resultado central deja al PP con 129 escaños, ocho menos que en 2023. Le siguen el PSOE (106; 15 menos), Vox (68; más del doble de sus 33), el Frente Amplio (15) y Podemos (2), lejos de los 31 que lograron juntos con Sumar. El resto de partidos se reparten otros 31 escaños. Aquí aplica mi nota habitual: las horquillas son anchas porque las encuestas son aproximadas. Hay un 10% de probabilidad de que el PP se quede por debajo de 108 escaños, y otro 10% de que supere los 151 asientos.

Diagrama de dispersión

Es decir, el resultado central es que el PP se quede lejos de la mayoría absoluta, pero que sume con holgura con Vox. Rondan los 197 escaños, 21 por encima de los 176 necesarios para ganar una investidura.

¿Cómo de firme es esa suma? Nuestro modelo permite estimar la probabilidad de cada mayoría, que es la pregunta clave. El PP solo alcanza la absoluta en el 1% de las simulaciones, y en otro 1% podría prescindir de Vox con el apoyo de PNV y Coalición Canaria. Esas son las opciones para un Gobierno de derechas sin la formación ultra: apenas un 2%. Hace un mes eran el triple, pero la caída del PP las ha ido reduciendo. Un Gobierno del PP con Vox añade otro 89% de opciones. Es el escenario más probable. Pero probable no es seguro. En 2023, a cuatro días de votar, este mismo modelo daba a PP y Vox un 55% de opciones de sumar, y luego no sumaron.

Diagrama de dispersión

Quien sí ha reaccionado a Urda son los mercados de apuestas y predicciones. En Polymarket, Alberto Núñez Feijóo tiene un 90% de opciones de ser el próximo presidente, frente al 9% de Sánchez. La víspera del accidente estaba en torno al 82%, y antes de la convocatoria, en el 79%.

¿Puede remontar la izquierda?

Los socialistas dirán, con razón, que no hay nada escrito. Y tienen un patrón a su favor: en las tres últimas generales, la izquierda acabó mejor de lo que decían las encuestas. En abril de 2019 las superó por unos cuatro puntos; en noviembre de ese año, por muy poco; y en 2023, por casi cuatro otra vez. El caso más recordado es el último: la derecha partía con ocho puntos de ventaja al convocarse las elecciones y acabó ganando solo por uno y medio. Es cierto que ese patrón se ha dado la vuelta en autonómicas y europeas —desde 2023, la derecha ha superado a las encuestas en 15 de 20 ocasiones—, pero tiene sentido mirar solo las generales: son las elecciones más importantes, en las que vota más gente, y pueden tener dinámicas propias.

El freno al optimismo socialista sale de dos sitios. Primero, de la distancia: la derecha parte ahora con unos 15 puntos de ventaja, casi el doble que en 2023. Y segundo, de los microdatos de los sondeos, donde se ve una derechización consolidada. Según el barómetro de octubre de 40dB., un 10% de los votantes socialistas de 2023 dice ahora que votará a un partido de derechas.

El resumen es el mismo que ofrecí hace un mes: ¿es probable una remontada de la izquierda? No. ¿Es imposible? Tampoco. Por eso PP y Vox se quedan sin mayoría en una de cada diez simulaciones.

Metodología. Nuestro cálculo de escaños resulta de un proceso en cuatro pasos. 1) Partimos de un promedio de encuestas que pondera cada sondeo por su tamaño, su fecha y la precisión histórica de su encuestadora, según nuestro comparador; cada día usa solo las encuestas publicadas hasta entonces. 2) Estimamos el voto en cada provincia a partir de ese promedio, usando como referencia los resultados de las generales de 2023 y, para los partidos nuevos o que ahora concurren por separado, los datos provinciales de las europeas de 2024 y las andaluzas de 2026. 3) Incorporamos la incertidumbre de las encuestas teniendo en cuenta su precisión histórica y la distancia hasta la fecha de votación. 4) Simulamos 20.000 elecciones, variando en cada una los votos y repartiendo los escaños según D’Hondt con barrera del 3% por circunscripción. Se pueden leer más detalles en la descripción del modelo de las elecciones generales de 2023.

Otras historias

🎙️ 1. Estreno pódcast, ¡apuntaos!

Tengo una novedad que me hace mucha ilusión: estreno nuevo pódcast. Se llama Entre datos, con Kiko Llaneras y sale cada jueves en EL PAÍS. Lo hago con José Juan Morales y Nicolás Tsabertidis.

Mi reto es que suene como esta newsletter. Tiene hasta una sección que hemos llamado el dato random. En el primer episodio hablamos de las encuestas del 29N, de Urda y de escribir con IA. Lo podéis escuchar aquí:

¿Os puedo pedir dos favores? El primero es que os suscribáis en Spotify, YouTube, Apple Podcasts o iVoox, para que os llegue cada semana. El segundo, si os gusta, que lo compartáis y le pongáis cinco estrellas: es lo que más nos ayuda a llegar a más gente. Para mí esto es un aprendizaje, así que cualquier pista o idea es bienvenida, desde temas, a software para hacer reels o propuestas de patrocinio. Solo ponedme un correo.

😴 2. ¿Nos regalaron una hora y dormimos menos?

El domingo 25 de octubre atrasamos los relojes y ganamos una hora. ¿La usamos para dormir? No. Es lo que dicen los datos de DuckDik, una empresa española de pulseras de salud, con información de cientos de personas. Sus usuarios durmieron esa noche 7 horas y 27 minutos, casi media hora menos de lo normal un sábado. Los que no llegaron a siete horas subieron del 27% al 39%.

Si hacemos las cuentas, se ve qué pasó. Los usuarios se acostaron a la hora de siempre, hacia las 00.34, pero se levantaron unos 20 minutos antes de lo normal, en tiempo real, y casi hora y media antes según el reloj actualizado. Además, durmieron peor: se despertaron más veces y pasaron más rato despiertos. ¿Por qué? La primera parte tiene explicación: el cuerpo no sabe que hemos cambiado los relojes. Por eso no ganamos la hora. Pero que madrugásemos todavía más es un misterio para mí. ¿Nos levantamos a aprovechar la hora extra? Si se os ocurre una explicación mejor, contádmela.

🧬 3. El diccionario cambia la definición de “vida”

Hasta ahora, si buscabais “vida” en el diccionario de la RAE, la primera acepción decía: “Fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee”. No sonaba muy científico. La nueva edición recién presentada la define como la “propiedad de los organismos por la que son capaces de intercambiar materia y energía, mantener una organización interna mediante su propio metabolismo y reproducirse gracias a una molécula heredable, el ADN”.

La definición me fascina.

El cambio lo propuso hace dos años Carlos Briones, bioquímico y astrobiólogo del CSIC. Como cuenta Antonio Martínez Ron en El Diario, Briones creía que ninguna de las antiguas acepciones tenía base científica y quería una que sirviese para buscar vida extraterrestre.

Pero la definición ata la vida al ADN. ¿Y si aparece en otro planeta una vida que no use esa molécula? José María Bermúdez de Castro, uno de los académicos que defendieron el cambio, explica que lo discutieron: “Si eso sucede, la definición se cambia, porque el diccionario tiene que evolucionar”. El lenguaje está vivo y evoluciona, aunque no usa ADN.

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