Los recortes en directivos y la prioridad de los empleados experimentados para elegir vacaciones dejan a más recién contratados al mando. Leer Los recortes en directivos y la prioridad de los empleados experimentados para elegir vacaciones dejan a más recién contratados al mando. Leer
Intento paliar el síndrome de abstinencia tras el Mundial con un poco de literatura. Recupero El miedo del portero al penalti, del Nobel Peter Handke, pero los tentáculos del management son alargados. Un informe de Korn Ferry alerta de que, «con las empresas recortando puestos directivos y los empleados experimentados de vacaciones», este verano habrá «más personas recién contratadas al mando»… Justo cuando uno de los aspectos más llamativos del Mundial ha sido la provecta edad de muchos porteros: el escocés Craig Gordon, el mexicano Ochoa, el caboverdiano Vozinha o el alemán Neuer superaban los 40 años.
En la empresa, en cambio, lo que se lleva es poner a novatos ante el punto fatídico de las vacaciones de verano. Advierte Mark Royal, experto en gestión de personal y socio de Korn Ferry, del «riesgo de que los nuevos empleados se sientan aislados y sin apoyo, y se muestren reacios a tomar decisiones cuando los líderes no están». O sea, no tirarse ni a un lado ni al otro. Todavía quedarían posibilidades de parar el penalti si lo chutan «a lo Panenka«, suave y al centro, pero parece que los lanzadores no están para chulerías: según el informe, «no es que este verano sea una temporada tranquila, con todos los cambios que han provocado desde guerras hasta la IA».
Los empleados a los que no les quedaba más remedio que quedarse en primera línea siempre tenían a mano un jefe de guardia curtido en las típicas de la temporada. Ahora, sin embargo… «Los recién contratados, que aún no han acumulado días de vacaciones pagadas, pasan gran parte de su primer verano en la oficina, mientras que los de más antigüedad disfrutan de varias semanas de vacaciones», advierten desde Korn Ferry. Además, Royal avisa de que «los proyectos se estancan y se ralentizan» entre otras cosas porque algunos líderes también se van de vacaciones sin priorizar el trabajo de quienes se quedan, lo que obliga a los nuevos empleados a asumir su carga de trabajo habitual, además de la de sus compañeros o los jefes de vacaciones.
Un contexto que puede agravar la ya creciente epidemia de «aislamiento ejecutivo», problema del que ya trató Ron Ashkenas en su artículo «How to Overcome Executive Isolation» en el Harvard Business Review, y analizaron en profundidad Rishi Kappal y Dharmesh K. Mishra en un estudio publicado en The Learning Organization. Sin experiencia previa ni el contraste de pareceres de un comité de dirección, el líder de guardia experimenta un desgaste cognitivo acelerado al absorber en solitario toda la responsabilidad legal y operativa de cualquier crisis que se produzca.
Afortunadamente, hay soluciones. Cara Parker, strategic planning de Parker Consulting, recuerda que «la planificación proactiva es clave para gestionar las ausencias», aunque en esto ya iríamos un poco tarde; ya puestos en la situación en la que hayamos caído, resulta más importante que nunca «la comunicación abierta», con una «clara definición de las expectativas en la cobertura y la distribución de la carga de trabajo», y una «información periódica al equipo sobre quién estará ausente y durante cuánto tiempo».
El empoderamiento del equipo, siempre importante, adquiere una dimensión mayor en situaciones especiales: «Es fundamental capacitar a los empleados para que asuman sus responsabilidades», fomentando «la formación cruzada y el intercambio de conocimientos para evitar un único punto de fallo dentro del equipo». También «aprovechar la tecnología», con cada vez más herramientas disponibles: «Software de gestión de proyectos, plataformas de comunicación y soluciones en la nube para mantener los proyectos en marcha, incluso cuando los miembros del equipo no estén en la oficina. Esto garantiza la continuidad y minimiza las interrupciones en el flujo de trabajo».
Otro aspecto crucial consiste en no transmitir el propio estrés exprimiendo al personal: «Las vacaciones de verano son un momento para que los empleados recarguen energías y se revitalicen. Como líder, es importante respetar su tiempo libre y evitar interrupciones innecesarias, así como fomentar un equilibrio saludable entre la vida laboral y personal estableciendo límites claros y dando ejemplo». Y en esta línea de no ponerse a toda la oficina en contra, Parker recuerda la importancia del agradecimiento para «reconocer y valorar el esfuerzo del equipo» y propone «organizar actividades de integración o pequeñas celebraciones para demostrar gratitud y mantener el espíritu de equipo en alto».
Un buen líder es capaz de convertir un marrón curioso en una oportunidad. Mark Royal recuerda que la escasez de directivos «brinda a los nuevos empleados la oportunidad de destacarse, por ejemplo, participando en reuniones o asumiendo roles clave en los proyectos. En lugar de sentir que se les sobrecarga de trabajo, el verano puede percibirse como un periodo de desarrollo acelerado». Como en todo, la cuestión consiste en ver el vaso medio lleno.
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