La aplicación surcoreana que muestra a las víctimas la ubicación en tiempo real de sus acosadores

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Cuando su ex pareja irrumpió armado en la vivienda, la mujer alcanzó a pulsar el botón de emergencia. La señal llegó a la Policía y una patrulla apareció apenas tres minutos después. Pero ya era demasiado tarde. La víctima, una mujer surcoreana de unos 60 años que llevaba semanas bajo protección policial como víctima de malos tratos, murió antes de que los agentes pudieran intervenir. Su asesino acumulaba varias órdenes de alejamiento. Aun así, logró acabar con su vida.

Pocas semanas después, otra tragedia volvió a sacudir Corea del Sur. Una joven de 20 años fue asesinada por el hombre que la acosaba pese a que este llevaba una tobillera electrónica de vigilancia impuesta por orden judicial. El dispositivo alertó de sus movimientos, pero el sistema de protección volvió a demostrar sus grietas.

La indignación fue inmediata tras conocerse la noticia. Entonces, se planteó una pregunta al debate público: ¿de qué servía vigilar al agresor si era la víctima quien seguía cargando con el peso de protegerse?

Aquellos dos asesinatos ocurridos este año han cambiado el paradigma con el que el país asiático combate el acoso. Desde finales de junio, el Ministerio de Justicia ha puesto en marcha una aplicación móvil que permite a las víctimas consultar en tiempo real la ubicación del individuo que las persigue cuando este lleva una tobillera electrónica.

La herramienta supone un cambio radical respecto al sistema anterior. Hasta ahora, las víctimas únicamente recibían un mensaje de texto indicando que el agresor se encontraba a cierta distancia. Y este mensaje algunas veces ni siquiera llegaba. Ahora pueden abrir la app y ver sobre un mapa su localización exacta y la dirección en la que se desplaza. Pueden rastrear todos sus movimientos.

El sistema también muestra la ubicación de comisarías y patrullas policiales cercanas para facilitar una intervención inmediata, además del contacto directo con el agente encargado del seguimiento del acosador.

La aplicación está integrada con el centro nacional que supervisa las más de 5.200 tobilleras electrónicas activas en el país. Cuando un agresor vulnera una zona restringida o intenta aproximarse a una víctima, se activa una alarma automática.

Los operadores revisan las cámaras de seguridad cercanas, intentan contactar con el sospechoso y movilizan simultáneamente a agentes de libertad condicional y a la policía. En las demostraciones realizadas previamente al lanzamiento por el Ministerio de Justicia, la intervención completa apenas requiere entre tres y cuatro minutos.

Las autoridades defienden que el sistema pretende anticiparse al ataque en lugar de reaccionar cuando éste ya ha comenzado. Es una respuesta directa a una de las principales críticas formuladas durante años por expertos en seguridad: los relojes inteligentes entregados a las víctimas funcionaban únicamente después de que apareciera el peligro. Muchas veces demasiado tarde.

Para Lee Yun-ho, profesor emérito de Administración Policial de la Universidad Dongguk, el error del antiguo sistema era evidente. «Colocar un reloj inteligente en la muñeca de una víctima y decirle que se proteja por sí sola equivale a dejarla indefensa cuando un agresor armado aparece delante de ella», afirma. «La protección debe empezar por impedir físicamente que el agresor pueda acercarse».

La nueva aplicación forma parte de un endurecimiento gradual de la legislación surcoreana. El país aprobó en 2021 su primera ley específica contra el acoso, que contempla penas de hasta tres años de prisión, ampliables a cinco cuando el agresor utiliza armas. En 2024 comenzó además la vigilancia electrónica para determinados casos considerados de alto riesgo y, tras la reforma legal aprobada a finales del año pasado, las víctimas ya pueden acceder directamente a la ubicación del agresor cuando éste porta una tobillera.

Según las cifras oficiales, Corea del Sur registró 13.533 denuncias por acoso durante 2024, un 12,3% más que el año anterior. Más de la mitad de los casos estaban relacionados con parejas o ex parejas y tres de cada cuatro agresores eran hombres. Entre 2021 y agosto de 2025, al menos 23 personas fueron asesinadas o sufrieron intentos de homicidio pese a disponer de dispositivos oficiales de emergencia.

Corea del Sur no es el único país que ha recurrido a la tecnología para intentar frenar la violencia persistente contra mujeres acosadas o víctimas de violencia de género, aunque sí es uno de los primeros en permitir que la víctima vea directamente la posición del agresor sobre un mapa en tiempo real.

En España, el sistema VioGén conecta a policías, juzgados e instituciones para evaluar el riesgo de cada víctima y coordinar las medidas de protección, mientras que los casos más graves pueden incluir dispositivos telemáticos que alertan automáticamente cuando un maltratador incumple una orden de alejamiento.

Francia también utiliza brazaletes electrónicos contra agresores de alto riesgo, capaces de avisar simultáneamente a la víctima y a las fuerzas de seguridad cuando el condenado invade un perímetro prohibido.

Estados Unidos y Canadá han desarrollado igualmente programas de vigilancia electrónica mediante GPS para delincuentes reincidentes en violencia doméstica, aunque su implantación depende de cada estado o provincia. En algunos estados, como en Florida o Massachusetts, las autoridades reciben avisos automáticos cuando el agresor rompe la distancia de seguridad fijada por un juez.

La diferencia con el modelo surcoreano es que la información suele quedar restringida a las fuerzas policiales, mientras que Seúl ha optado por entregar esa capacidad de seguimiento también a la víctima.

Durante años, las víctimas surcoreanas solo descubrían que el sistema había fallado cuando el agresor llamaba a la puerta. Ahora el Gobierno pretende que sean ellas quienes tienen el control. Si la aplicación funciona como prometen las autoridades, el próximo aviso no llegará después del primer golpe, sino cuando el acosador aún esté caminando hacia ellas. En una sociedad conmocionada por asesinatos que pudieron evitarse, Corea del Sur confía en que esos minutos de ventaja sean suficientes para cambiar el final de la historia.

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