Jonas Gahr Støre agradece su «sentido del deber hasta el final» en una ceremonia en la Catedral de Oslo a la que, junto a los reyes Felipe y Letizia, asistieron los principales representantes de las casas reales europeas Leer Jonas Gahr Støre agradece su «sentido del deber hasta el final» en una ceremonia en la Catedral de Oslo a la que, junto a los reyes Felipe y Letizia, asistieron los principales representantes de las casas reales europeas Leer
Cuando Jonas Gahr Støre, primer ministro de Noruega, acabó su discurso en la Catedral de Oslo, la reina Sonia se dirigió al féretro del rey Harald V, fallecido el pasado 28 de agosto, para depositar una rosa roja sobre él. Después, ofreció una última reverencia a su esposo y volvió a sentarse junto a su hijo, Haakon VIII, el nuevo rey. Fue el momento más emotivo en un funeral que Støre, líder laborista, es decir, socialdemócrata, convirtió en toda una reivindicación de la monarquía.
«El rey Harald lo dio todo por Noruega», proclamó el primer ministro al final de su intervención. «Estamos reunidos para llorar su pérdida y para rendirle homenaje. Una era ha terminado. Una nueva era comienza. La monarquía noruega lleva nuestra historia hacia delante y se mantiene firmemente arraigada en la Constitución y la democracia. En nombre del pueblo noruego, digo gracias por todo. Y al rey Haakon VIII: ¡Larga vida al rey!».
El discurso comenzó también con un reconocimiento a la figura del monarca fallecido: «Estamos profundamente agradecidos. Por 35 años con el rey Harald como rey de Noruega. Y, sobre todo, por la forma en que lo fue. Hizo lo solemne humano. Para mí como primer ministro y para mis predecesores, el rey fue un interlocutor único. En nuestras conversaciones, nos encontrábamos con el rey, pero también con un semejante, un padre, un abuelo. Podíamos hablar sobre el mundo, sobre el país y sobre la vida misma».
«Hizo a Noruega más grande», prosiguió Støre, mientras la reina Sonia, la reina Mette-Marit (que esta vez sí estuvo presente pese a los problemas de salud derivados de su reciente trasplante de pulmón), la princesa heredera Ingrid Alexandra, la princesa Marta Luisa (primogénita de Harald y Sonia) e incluso el marido de esta última, el chamán Durek Verrett (convaleciente a su vez de un trasplante de riñón), se secaban las lágrimas, visiblemente emocionados.
«Habló de un ‘nosotros’ en Noruega, donde todos permanecen unidos», añadió el primer ministro. «Donde todos y cada uno asumen la responsabilidad de la comunidad. Y donde todos valen lo mismo. Él mismo llevó su responsabilidad con un profundo respeto por la Constitución. Viernes tras viernes, el rey presidió la reunión del Gobierno en el Palacio. Con un sentido del deber hasta el final, presidió la reunión del Gobierno el 7 de agosto».
La jornada comenzó con el traslado del féretro de Harald en carruaje desde el Palacio hasta la Catedral. De acuerdo con la Policía, unas 250.000 personas se concentraron en el centro de Oslo para despedir al monarca. El cortejo fúnebre estuvo encabezado por Haakon V junto a sus hijos, Ingrid Alexandra y Sverre Magnus, y su hermana, Marta Luisa.
Tras ellos caminó la flor y nata de la realeza europea: los reyes de España, Felipe y Letizia; el rey Carlos Gustavo de Suecia; los reyes de Dinamarca, Federico y Mary; los reyes de los Países Bajos, Guillermo Alejandro y Máxima; los reyes de Bélgica, Felipe y Matilde; el príncipe Guillermo de Gales y un largo etcétera de miembros de la realeza internacional, así como de representantes de gobiernos extranjeros, incluido un ovacionado Volodimir Zelinski, presidente de Ucrania.
Al llegar el féretro a la Catedral, a las 13 horas, se observó un minuto de silencio durante el cual el transporte público en Oslo también estuvo detenido. Las reinas Sonia y Mette-Marit cubrieron el trayecto en automóvil. Igual que Marius Borg Høiby, el primogénito de Mette-Marit nacido de una relación previa al matrimonio con Haakon. Høiby recibió permiso de la Policía para participar en los actos relacionados con la muerte de Harald, siguiendo el protocolo habitual en estos casos, a pesar de estar bajo arresto domiciliario con tobillera electrónica mientras se resuelve su apelación contra la sentencia de cuatro años de prisión a que fue condenado el 26 de junio por una serie de delitos que incluyen dos violaciones.
A diferencia de otros funerales reales, como el de la reina Isabel II del Reino Unido, el funeral de Harald V no siguió férreamente las tradiciones de pompa y ceremonia habituales. Hubo espacio para que el músico de rock Åge Aleksandersen cantara Jørgen Hattemaker, una balada noruega que trata sobre la igualdad entre pobres y ricos, o para que representantes de diferentes comunidades religiosas del país encendieran velas.
En cambio, los obispos que dirigieron el acto, el jefe de la Iglesia de Noruega, Olav Fykse Tveit, y la obispa de Oslo, Sunniva Gylver, evitaron leer un versículo de la Biblia, Juan 3:16, considerado normalmente en los países nórdicos como parte imprescindible de la liturgia funeral. El versículo («Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna») lleva tiempo siendo objeto de debate porque ciertos sectores de la sociedad noruega interpretan la formulación como que los no creyentes «se pierden».
Tras el funeral, el féretro fue trasladado al son de la marcha fúnebre de Frédéric Chopin a la capilla real de Akershus, donde se celebró una ceremonia privada y Harald fue enterrado en un sarcófago que ha costado casi 1,9 millones de euros. Dos series de 21 salvas de cañón marcaron entonces el fin del periodo de luto.
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