Millones de familias chinas en riesgo por el modelo del ladrillo

El gigante asiático rediseña su mercado de la vivienda para salvar a la clase media a costa de hipotecarla en un país cada vez más envejecido Leer El gigante asiático rediseña su mercado de la vivienda para salvar a la clase media a costa de hipotecarla en un país cada vez más envejecido Leer  

La sentencia a cadena perpetua contra Hui Ka Yan, fundador de Evergrande Group, va más allá de la resolución de un escándalo corporativo y entra de lleno en el ámbito de lo político. Ahora, el Gobierno de China busca rediseñar el modelo inmobiliario que sostuvo su milagro económico, pero que hoy pone en riesgo a millones de familias. A finales de agosto, pocos días después del veredicto, el Ejecutivo anunció un novedoso plan de acción. Desplegó un nuevo paquete de reformas para el sector de la vivienda, hundido desde que estalló la crisis de Evergrande en 2021. Entre las medidas: la autorización para que los bancos ofrezcan hipotecas de hasta 40 años, préstamos de hasta siete años a las promotoras para ajustarse mejor a la duración real de las obras, y la posibilidad de que las empresas paguen el suelo en plazos en lugar de al contado.

Sin embargo, la pieza central del paquete apunta directamente a la raíz del colapso de Evergrande. China quiere terminar con el sistema de «preventas», por el cual los promotores vendían pisos antes de construirlos y usaban ese dinero, en la época del boom, para desviar los fondos o financiar otros proyectos en lugar de concluir los ya vendidos. Se trata de un cambio drástico que obliga a las inmobiliarias a construir la estructura principal del edificio antes de vender. Por su parte, el dinero de los compradores quedará bloqueado en cuentas de garantía hasta la entrega de la vivienda.

Para el ciudadano de a pie, el efecto más inmediato y palpable llegará por la vía de las hipotecas a 40 años. La iniciativa reducirá las cuotas mensuales y dará más oxígeno para llegar a fin de mes a un gran porcentaje de ciudadanos para los que comprar ha sido el principal símbolo de ascenso social. También un requisito no escrito para casarse. Este alivio para los bolsillos a corto plazo tiene letra pequeña: comprometerse con un banco durante tanto tiempo es, en la práctica, apostar por una versión de China que hoy nadie puede describir con certeza.

Surge así una de las grandes cuestiones: ¿cómo será esa China en 2066? Las proyecciones de Naciones Unidas y de la Oficina de Estadística de China apuntan a una población en fuerte descenso demográfico, mientras que el envejecimiento avanza a un ritmo acelerado. Para la década de los 60 en este siglo, se estima que los nacimientos en China caigan por debajo de los seis millones por año y que los decesos vivan un pico de entre 15 y 17 millones de personas. Para entonces, el segmento de 65 años o más representará el 37.2% de la población.

Más cuestiones: ¿Quién trabajará? ¿Quién consumirá? ¿Quién sostendrá a una ciudadanía cada vez más envejecida cuando esa hipoteca a 40 años llegue a su última cuota? La postura de algunos demógrafos al expresar que «China envejecerá antes de hacerse rica», podría estar cobrando más fuerza.

Sin embargo, hay quien ve el vaso medio lleno. Investigadores citados por Scientific American, sostienen que una población más pequeña y estable, que esté en torno a mil millones de personas hacia 2100, puede ser la base de una sociedad más próspera per cápita, siempre que China gestione bien la transición y cuide a sus mayores. Las teorías coinciden en la necesidad de realizar reformas antes de que sea demasiado tarde y esto es precisamente lo que Pekín está haciendo en la actualidad con el sector inmobiliario.

Incluso si los demógrafos tuvieran razón y el tener una China con población reducida no implica que vaya a ser más pobre, lo cierto es que habrá menos trabajadores, más jubilados y una generación que ha crecido viendo cómo la vivienda que para sus padres fue una garantía de futuro se está convirtiendo en un problema.

Según la agencia estatal, Xinhua, desde que entraron en vigor las reformas en el sector inmobiliario, entre el 1 y el 6 de septiembre, las transacciones de casas y apartamentos de segunda mano formalizadas a través de la plataforma inmobiliaria, Beike, en la ciudad de Shenzhen aumentaron un 20% con respecto al mismo periodo de agosto. Los agentes hablan de un «septiembre dorado».

Conocer si esta tendencia se está produciendo en otras urbes o si se mantendrá en el tiempo es, aún, una incógnita. Como también lo es si las reformas gubernamentales lograrán llevar un sector en crisis a sus tiempos de máximo esplendor. En caso negativo, ¿qué sustituye el vacío que durante años representó el ladrillo en cuanto a empleo, ahorro, consumo o sensación de seguridad?

Quizás la respuesta esté en la apuesta por la industria automatizada y la tecnología. China fabrica cada vez más coches eléctricos, baterías, semiconductores y otros productos que necesita colocar en algún sitio. Si sus ciudadanos no compran suficiente dentro del país, las fábricas mirarán hacia fuera. Y ahí el problema deja de ser exclusivamente chino.

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