Hablan los directores del Prado y el Reina Sofía: “Disputamos la Champions de los museos con presupuestos de segunda regional. Es increíble lo que cunde un euro en este país”

Han tenido que pasar 40 años para que los directores de los museos del Prado y Reina Sofía se sienten a hablar públicamente. Miguel Falomir y Manuel Segade lo han hecho la tarde del lunes, en el centro de arte contemporáneo coincidiendo con su 40º aniversario. Aunque los dos gestores han asegurado que charlan habitualmente, lo hacen en privado. Se llevan bien, se muestran cómplices, se quejan de las mismas cosas, por ejemplo, no contar con más presupuesto. “Disputamos la Champions League de los museos con presupuestos de segunda regional. Es increíble lo que cunde un euro en este país”, ha afirmado Falomir con la connivencia de Segade. Pero en las últimas décadas la relación entre estas dos instituciones no ha sido belicosa, pero tampoco la más cordial debido a multitud de cuestiones, entre otras el lugar en el que debe estar el Guernica o los artistas que llenan sus colecciones.

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 Falomir y Segade, que conversan por primera vez en público, celebran el Día de los museos en un acto de concordia tras años de distanciamiento entre las dos instituciones  

Han tenido que pasar 40 años para que los directores de los museos del Prado y Reina Sofía se sienten a hablar públicamente. Miguel Falomir y Manuel Segade lo han hecho la tarde del lunes, en el centro de arte contemporáneo coincidiendo con su 40º aniversario. Aunque los dos gestores han asegurado que charlan habitualmente, lo hacen en privado. Se llevan bien, se muestran cómplices, se quejan de las mismas cosas, por ejemplo, no contar con más presupuesto. “Disputamos la Champions League de los museos con presupuestos de segunda regional. Es increíble lo que cunde un euro en este país”, ha afirmado Falomir con la connivencia de Segade. Pero en las últimas décadas la relación entre estas dos instituciones no ha sido belicosa, pero tampoco la más cordial debido a multitud de cuestiones, entre otras el lugar en el que debe estar el Guernica o los artistas que llenan sus colecciones.

Con el pretexto del título de la charla Museos uniendo un mundo dividido, moderada por Antonio Lucas, periodista de El Mundo y poeta, ambos gestores se han posicionado en esa suerte de espacio liminal en el que, en palabras del director del Prado, “los museos deben servir de puentes de unión”. Segade ha complementado: “Son el espacio de los comunes sociales”.

Ambos dirigen espacios donde se produce el diálogo, un lugar abierto a la discusión sin pretender encontrar la unanimidad. Pero no son ajenos al contexto en el que les ha tocado liderar estos dos transatlánticos del arte. Falomir tiene su particular termómetro de la coyuntura según los préstamos que le solicitan: “Cuando las cosas van bien, piden más piezas de Velázquez, cuando no, goyas. Desde 2008 vivimos en un periodo goyesco”, ha definido estos tiempos. “Tengo que estudiar si ese binomio está entre Picasso y Dalí en nuestro caso”, se ha planteado el responsable del Reina Sofía.

Los dos gestores coinciden en que el placer estético, esencia de los museos, no sería posible sin recursos materiales. Lo recalcan en un momento en que el Gobierno no aprueba Presupuestos Generales y ambas instituciones hacen malabares con unas cajas propias —contempladas en sus leyes autónomas— que no se llenan y deben recurrir a negociaciones unilaterales con el Ministerio de Cultura, además de a la astucia de sus gerentes para concretar las colaboraciones público-privadas que permiten, por ejemplo, muchas de las exposiciones temporales que organizan.

“Es cierto que la ley del Prado marcó un punto de inflexión en la financiación del museo que antes no podía ni gestionar la venta de sus entradas. Nos dio autonomía y se ha respondido de manera juiciosa”, ha explicado Falomir el funcionamiento interno de su institución, mientras que Segade ha recordado que su autonomía no es tan amplía, entre otras razones, porque cuando se aprobó, en 2013, la crisis económica impidió su desarrollo legal en el que ahora están inmersos. “Todos queremos más dinero. Nos daría tranquilidad, podríamos planificar, no ir con la lengua fuera. Es la asignatura pendiente de los museos españoles. Nos hemos ganado la credibilidad, permitid que sigamos desarrollándola”, ha dicho a quien le quiera oír. “La situación de la cultura es muy precaria, he sido mileurista hasta que llegué a la dirección del CA2M”, ha recordado Segade, que ha coincidido en su pericia para estirar los céntimos en tablas presupuestarias.

Segade y Falomir se han encontrado en la continuidad temporal de sus colecciones permanentes y también en la física, les separan unos cuantos metros en la configuración del triángulo del arte de Madrid. Esta distancia fue un abismo hace pocos años. Los dos lo reconocen y se distancian ese mismo metraje cuando hacen responsables a anteriores gestores. “Las instituciones las dirigen personas concretas, con nombres y apellidos y sus temperamentos. Tal vez los que nos precedieron no tenían la misma idea de competitividad sana. Cuando se repasa estos años, que no han sido los más felices, no ha habido ganadores, más bien perdedores. Han sido años estériles, seguro que remando en el mismo sentido conseguimos más cosas”, ha explicado el director del Prado, que ha recordado que el día que asumió su cargo, en 2017, la primera frase que decía en cada una de sus entrevistas, antes casi de que le dispararan la pregunta fue: “No queremos el Guernica, el Reina Sofía es el museo donde debe estar”.

La afirmación, recibida con una sonrisa, le ha dado el pie a Segade para pronunciarse por primera vez —esta tarde iba de primeras veces— sobre una de esas últimas polémicas que acechado al Reina Sofía, al margen de la propia institución: la petición del PNV para trasladar la obra de Pablo Picasso al País Vasco. “No había hablado antes por una razón muy básica: a este museo no se le ha solicitado la pieza”, ha dicho el gestor y ha recordado que la solicitud se hizo al presidente Pedro Sánchez y al ministro de Cultura, Ernest Urtasun: “En principio no lo puede prestar un presidente. Los políticos vascos acusaron al museo de estar politizado por un informe técnico. Y ese diagnóstico de dejar de usar los cauces habituales, es decir, salir del museo y convertirlo en una política de Estado me da un poco de pena”.

Zanjada esta cuestión por ambas partes, los gestores también han coincidido en que la partición temporal de sus colecciones a partir del año de nacimiento de Picasso, según un decreto ley, es una cuestión casi administrativa que durante sus gestiones se ha incumplido por los dos lados. El Reina Sofía expuso a Goya antes de que llegara Segade, que reconoce en piezas como Las meninas un pilar ineludible en la construcción de los museos de arte contemporáneo: “Todos los pintores escriben con el diccionario de las palabras anteriores. A veces la gente cree que en los museos más contemporáneos olvidamos la tradición, cuando se construyen a partir de esa tradición”.

Falomir programa una vez por temporada una muestra protagonizada por un artista contemporáneo para el que el Prado haya sido esencial en su producción. “No podemos ignorar a creadores que en vida demostraron un interés real por el museo”, ha defendido, “enriquece y ofrece lecturas distintas de nuestras colecciones. Ponerle vallas al campo es bastante pueril”. Hasta que al director del Prado le ha salido la vena valenciana y ha reclamado a Sorolla en exclusiva. Después se ha reído y ha vuelto la concordia.

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