Influencers MAGA se pasan por sorpresa a Ucrania: «Fuimos engañados por la propaganda rusa»

Figuras como Laura Loomer o Tim Pool, antes simpatizantes del Kremlin, se convierten en defensores inesperados de Zelenski, «el Lincoln de esta generación» Leer Figuras como Laura Loomer o Tim Pool, antes simpatizantes del Kremlin, se convierten en defensores inesperados de Zelenski, «el Lincoln de esta generación» Leer  

La muerte de Lindsey Graham, en medio de la crisis política más grave en el seno del Gobierno ucraniano desde la invasión de 2022, causó una conmoción en Kiev. Durante años, el senador de Carolina del Sur, uno de los grandes halcones en política exterior, se había convertido en el defensor más firme de Ucrania dentro del Partido Republicano. En un momento en el que gran parte del movimiento conservador estadounidense se alineaba con Moscú y Vladimir Putin, o simplemente cuestionaba el envío de ayuda militar y pedía reducir el compromiso de Washington con la guerra, Graham mantuvo una posición inamovible a favor de suministrar armamento, reforzar las sanciones contra Rusia y garantizar que Ucrania contara con el respaldo político necesario para resistir y ganar.

Para las autoridades ucranianas, que acuden hoy a su funeral en Estados Unidos, su desaparición deja un vacío difícil, casi imposible, de llenar en un momento crítico. Graham no era únicamente un senador influyente y un aliado cercano del presidente, con acceso directo al Despacho Oval. Era también era el interlocutor principal con los dirigentes de Kiev y una figura capaz de tender puentes con amplios sectores en el Capitolio y la Casa Blanca, los de la vieja escuela por lo menos.

Sin embargo, pocas semanas después de su muerte se está produciendo un fenómeno inesperado. De repente, voces muy influyentes del universo MAGA, tradicionalmente muy críticas con la política de apoyo a Ucrania, han cambiado su discurso. No un poco, sino de forma radical. El caso más llamativo es, sin duda, el de Laura Loomer, una de las figuras más inexplicables de Washington. Una activista feroz en redes sociales, entregada absolutamente al trumpismo, reina de las conspiraciones, agresiva en la descalificación, insensible a cualquier lógica de la razón. Una persona que genera tanta fascinación como repulsa, detestada por buena parte de la Casa Blanca, pero adorada y defendida por Trump. No es sólo que le caiga bien, que la reciba, que la escuche, sino que le hace caso. Por ejemplo, a la hora de despedir a altos cargos del Ejecutivo, en puestos clave de política exterior o seguridad nacional, simplemente porque Loomer decidió un día que no eran de fiar.

Este mes, Loomer se ha caído del caballo, no camino de Damasco, sino de Kiev. Ha explicado que estaba equivocada, que había sido «víctima de las campañas de desinformación rusas» y «sus engaños», y que había llegado a odiar a los ucranianos y a Zelenski por años de lavado de cerebro online. Hasta que entendió que eran los héroes de la película. Su conversión es total, hasta el punto de que acaba de visitar Ucrania y de reunirse con responsables políticos del país, incluyendo una entrevista grabada con Zelenski.

Loomer no sólo pide ahora enviar más sistemas de defensa aérea para proteger a la población civil de los ataques rusos, sino que se ha convertido en la gran defensora y lobista de la causa ucraniana en general, lo que ha desesperado al Kremlin. Es el caso más evidente, pero no uno aislado. Otros comunicadores conservadores cercanos al entorno de Trump también han empezado a adoptar un tono menos hostil hacia Ucrania, coincidiendo con un endurecimiento del propio discurso de Trump frente a Putin.

El viernes, el podcaster y activista MAGA Tim Pool se subió al carro. «Ucrania ha estado luchando por su propia existencia contra un dictador malvado. Ahora veo la importancia de la victoria ucraniana contra Rusia. Espero que Trump y el pueblo de los Estados Unidos presten su apoyo», escribió en su cuenta de X. «Zelenski es el Abraham Lincoln de esta generación; es un héroe del pueblo», insistió respondiendo a las críticas de sus propios seguidores, crecidos en la crítica y los insultos a los ucranianos. Un giro espectacular de quien no hace tanto decía que Ucrania era «uno de los mayores enemigos de Estados Unidos» por lo que Washington debería cortar la ayuda y «pedir disculpas a Rusia».

Justo antes de las presidenciales de 2024 en EEUU, el Departamento de Justicia desmanteló una granja de bots operada por el Kremlin para interferir en las elecciones y acusó a dos empleados de la televisión rusa RT de destinar casi 10 millones de dólares a financiar y dirigir de forma encubierta una empresa de creación de contenido en línea con sede en Tennessee. Se trataba de Tenet Media, que daba voz a influencers y propagandistas con millones de seguidores y que, entre otras cosas, consideraban que era Ucrania y no Rusia «el verdadero enemigo de EEUU». Entre sus figuras estaban el mencionado Tim Pool, Benny Johnson, Dave Rubin o Lauren Southern, conocidos por su tono agresivo, sus teorías de la conspiración y una línea de derecha alternativa. Y ahora están en guerra civil entre ellos y contra otras figuras de ese mundo, como Tucker Carlson, Candace Owens, Ben Shapiro o Megyn Kelly, por el apoyo a Rusia, a Israel o al presidente.

El giro coordinado ha sido interpretado por los analistas como una prueba de que Moscú se está quedando sin dinero para sus campañas, por lo que está perdiendo voz. Aunque estas figuras no ocupan un cargo institucional ni tienen la capacidad legislativa que tenía Graham, un veterano de un cuarto de siglo en el Senado, sí poseen una influencia considerable sobre millones de votantes republicanos y contribuyen a moldear el debate dentro del movimiento MAGA. Y hay elecciones clave en noviembre en las que se renueva toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

Para Zelenski, que se reúne hoy con Trump en la Casa Blanca, esta evolución constituye una sorpresa tan inesperada como bienvenida. Las dudas siguen siendo enormes, el corazón del movimiento MAGA sigue siendo aislacionista y muy crítico con el envío de dinero para guerras lejanas, pero el ambiente nada tiene que ver con la famosa primera visita a la Casa Blanca, cuando sufrió una encerrona espectacular ante las cámaras.

De parada en Londres antes de llegar a Washington este lunes, Zelenski ha afirmado que, desde principios de julio, Ucrania ha detectado que los satélites rusos están ayudando a Irán a atacar a los aliados árabes del Golfo y las instalaciones militares estadounidenses en la región. «Existe una clara correlación entre las imágenes por satélite rusas de estos sitios y los ataques iraníes, tanto antes de los ataques, en preparación para ellos, como después, para evaluar los daños causados», ha declarado. Y esa será la base de su estrategia esta semana, los vínculos entre un Putin debilitado y un Irán que se ha convertido en la pesadilla exterior de Trump.

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