La crisis sin resolver de Ceuta aterriza en un Congreso que calienta para elecciones

El Gobierno usará esta semana el Congreso para ofrecer, a través de la comparecencia de siete ministros, el primer relato ordenado, con todos los datos disponibles y contrastados, sobre el origen y la situación de la crisis sin resolver de Ceuta, y desmentir una buena ristra de bulos. Lo hará 26 días después de que se produjera la avalancha de unos 80.000 inmigrantes en la ciudad autónoma. El Ejecutivo no cuenta, por ahora, con una única versión de por qué se produjo esa entrada masiva, aunque se decanta por un efecto llamada generado por mafias, multiplicado en las redes sociales y promovido desde países que no tienen por qué ser solo Marruecos. El planteamiento teórico de que todos los inmigrantes que llegaron retornen al reino alauí choca con las trabas legales, las diferencias políticas y el reparo de ese país a acogerlos a todos. Pedro Sánchez descartó cualquier llamada a Alberto Núñez Feijóo, por su mala relación y por cómo reaccionó el líder de la oposición en las primeras horas tras la crisis para aprovecharla políticamente de cara a un largo año electoral.

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 Siete ministros ofrecerán el primer relato ordenado con los datos disponibles y el PP denunciará que el Ejecutivo elude el Senado y prefiere la Cámara Baja porque la tiene controlada  

El Gobierno usará esta semana el Congreso para ofrecer, a través de la comparecencia de siete ministros, el primer relato ordenado, con todos los datos disponibles y contrastados, sobre el origen y la situación de la crisis sin resolver de Ceuta, y desmentir una buena ristra de bulos. Lo hará 26 días después de que se produjera la avalancha de unos 80.000 inmigrantes en la ciudad autónoma. El Ejecutivo no cuenta, por ahora, con una única versión de por qué se produjo esa entrada masiva, aunque se decanta por un efecto llamada generado por mafias, multiplicado en las redes sociales y promovido desde países que no tienen por qué ser solo Marruecos. El planteamiento teórico de que todos los inmigrantes que llegaron retornen al reino alauí choca con las trabas legales, las diferencias políticas y el reparo de ese país a acogerlos a todos. Pedro Sánchez descartó cualquier llamada a Alberto Núñez Feijóo, por su mala relación y por cómo reaccionó el líder de la oposición en las primeras horas tras la crisis para aprovecharla políticamente de cara a un largo año electoral.

El último curso político antes de las elecciones de 2027 se inicia marcado por la crisis de Ceuta. Este martes, a las 12.30, la ministra de Defensa, Margarita Robles, iniciará una semana con siete comparecencias de componentes del Gobierno en comisiones del Congreso sobre la crisis de Ceuta, que continuarán el jueves con las de Félix Bolaños, ministro de Presidencia y Relaciones con las Cortes; y Mónica García, de Sanidad; y acabarán el viernes con las de los responsables de Interior, Fernando Grande-Marlaska; Exteriores, José Manuel Albares; e Inclusión, Elma Saiz. La ministra de Juventud, Sira Rego, quedará ya para el lunes 31. Esos ministros y otros fueron citados por el PP en el Senado, donde tiene mayoría absoluta, y no acudieron porque el Ejecutivo sostuvo que la cámara prevalente y adecuada era el Congreso, en una recurrente disputa que los populares han llevado hasta el Tribunal Supremo sin éxito.

Robles será la primera encargada, por tanto, de ofrecer el relato compuesto por el Gobierno con la información recabada acerca de lo que sucedió en Ceuta, sobre todo el 30 de julio; las razones de esa inédita entrada masiva de migrantes irregulares y las cifras más reales de cómo está en ese momento el panorama en la ciudad autónoma, que vio en pocas horas la entrada irregular de miles de migrantes en un número similar al del total de su población. El Ejecutivo quiere usar esas comparecencias, y en particular las de Grande-Marlaska y Albares, para precisar los datos exactos disponibles sobre cuántos inmigrantes entraron, salieron más tarde o se han quedado en Ceuta a la espera de un posible asilo o traslado de menores a la península.

El análisis del Gobierno

El Ejecutivo choca con muchos frentes para poder ofrecer conclusiones determinantes o soluciones mágicas a una crisis que, como siempre ocurre con Marruecos, es muy compleja. No se conoce aún el factor clave de la avalancha, aunque se especula internamente con la influencia de mensajes premeditadamente equívocos difundidos desde redes sociales no solo en Marruecos, sino también desde Rusia. En el Ejecutivo hay algún ministro que ha concluido que esta crisis tampoco es casual y la enlaza con los intereses de una “internacional reaccionaria” que querría dañar la imagen de una España, convertida por la fuerza de los hechos y algunas posiciones internacionales de Sánchez en “el último bastión progresista”.

Lo que sí se descarta, según la información directa disponible, es que Marruecos haya querido enviar un mensaje directo y contundente a España por algún agravio o malestar reciente. Algo que ha sucedido claramente en otros momentos. Tras la crisis en la frontera de 2021, cuando España acogió para un tratamiento médico al líder del Frente Polisario, Brahim Gali, la embajadora de Marruecos, Karima Benyaich, no dudó en expresar el malestar de Rabat y afirmar que “los actos tienen consecuencias”. Ahora no ha sido así. El ministro de Exteriores español ha estado en contacto casi a diario con su homólogo marroquí, Nasser Bourita, en el puesto desde 2017 y uno de los que nombra directamente el rey Mohamed VI. Algún día han llegado a hablar y mensajearse hasta 27 veces y el ministro le aclaró firmemente que Marruecos no era el responsable de la situación.

“Presidente, si hay mensaje por parte de Marruecos, esta vez quieren que lo adivinemos nosotros. No como otras veces, que habían puesto el precio encima de la mesa hasta el último céntimo”, le ha comentado estos días un ministro del gabinete a Sánchez, que está pendiente al detalle de la evolución de la crisis desde su residencia de verano en La Mareta, Lanzarote.

Obstáculos

La Moncloa tiene la intención de exponer en el Congreso la información más fiable que maneja y de desmentir una serie de bulos y especulaciones más o menos infundadas que han corrido como la pólvora estas semanas. Los ministros también prometerán planes de reconstrucción económica y turística para la ciudad, que se plasmarán en parte este martes en el primer Consejo de Ministros tras el verano.

El Gobierno sostiene que no tuvo información previa de lo que iba a pasar el 30 de julio, que Marruecos no avisó de nada. Aunque el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, sí alertó de que llevaban días entrando por la frontera de El Tarajal entre 50 y 100 inmigrantes sin control, en el Ejecutivo defienden que esas cifras son habituales en verano y que nadie se pudo imaginar el nivel de la oleada de migrantes.

El presidente está muy encima de cómo solventar ahora el colapso en Ceuta, pero ahí también maneja soluciones muy complicadas que se compadecen muy mal con el mensaje de que “todos” tengan que volver ya a Marruecos. El Gobierno es consciente de que hay leyes y normativas que cumplir y unos expedientes que cumplimentar para los menores (muchos con menos de 12 años) y para los que solicitan asilo que dificultan todo, además de que Marruecos no los quiere a todos, pese a algunas manifestaciones públicas de sus ministros. También hay diferencias insalvables entre los planteamientos que formulan en España y en el Congreso los partidos de izquierdas, que los trasladarían ya a la península, y la oposición frontal del PP, que gobierna —en algunos casos con Vox— la mayoría de las autonomías.

Sin llamada a Feijóo

En el Ejecutivo han corroborado que en este capítulo tampoco pueden contar con una actitud de Estado del principal partido de la oposición. Sobre su líder, Alberto Núñez Feijóo, creen que si algún día llega a La Moncloa podría lamentar algunas de las expresiones e ideas que ha formulado en estas jornadas sobre Marruecos, como que le hace “chantaje a España” o que su primer viaje exterior oficial sería a Rabat, como si eso dependiera de lo que quiera o no el dirigente popular, algo que reconocen los que conocen la materia marroquí en su propia formación.

El presidente ni se ha planteado llamar a Feijóo, algo que podría ser normal ante un conflicto de este nivel y características, pero que en España ahora es inviable, porque en La Moncloa comprobaron ―a las pocas horas de estallar el descontrol en Ceuta― que el líder del PP ya arremetió con todo contra Sánchez, en unos ataques que ha incrementado con los días y serán la nota dominante durante todo el curso político electoral que comienza.

La posición del PP

El PP, en resumen, cree que el Gobierno y Sánchez sabían mucho más de lo que reconocen, que consintieron lo que llaman todo el rato la “invasión de una ciudad española” por mala gestión y deficiente información o por otras razones que no llegan a concretar. En el partido de Feijóo razonan que a Marruecos hay que exigirle “lealtad y reciprocidad”, que son expresiones que han utilizado igual miembros del Ejecutivo, pero también más firmeza, sin precisar con qué instrumentos.

Los populares aprovecharán las sesiones en el Congreso para denunciar que Sánchez y su equipo han eludido comparecer en el Senado porque no quieren que la oposición los controle y prefieren ir al Congreso, donde entienden que dominan las comisiones porque sus presidentes actúan parcialmente a la hora de aplicar el Reglamento y así ponen la institución, como otras, “de manera torticera al servicio de sus intereses políticos y de marketing”, según fuentes de la dirección del Grupo Popular.

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