La marcha del Orgullo Crítico reivindica un movimiento libre de “negocio”: “Este acto de rabia y subversión ha sido secuestrado por las marcas”

Manifestación del Orgullo Crítico en Carabanchel, Madrid.

El colectivo LGTBIQ+ salió por primera vez a las calles españolas hace casi medio siglo, en 1977. Aquel recorrido en las Ramblas de Barcelona, bajo el lema “Nosaltres no tenim por, nosaltres som” [Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos], marcó el inicio de una historia que todavía hoy se sigue disputando en las calles. Este domingo, en el Orgullo Crítico de Madrid, no había carrozas patrocinadas ni campañas publicitarias como las que acostumbran a verse en la gran manifestación del Orgullo de Madrid, que este año es el sábado 4 de julio. En esta manifestación hay carteles escritos en chino y español. Pañuelos palestinos, banderas trans, pancartas antirracistas y colectivos migrantes, queer y transfeministas que han cruzado el distrito de Carabanchel hasta llegar a Plaza Elíptica con la consigna de que este día nació como una revuelta y debe seguir siéndolo.

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Parte del grupo de danza caporal queer Warawas.  Unas 8.000 personas recorren el sur de Madrid para reclamar que la lucha LGTBIQ+ no se convierta en un producto de consumo  

El colectivo LGTBIQ+ salió por primera vez a las calles españolas hace casi medio siglo, en 1977. Aquel recorrido en las Ramblas de Barcelona, bajo el lema “Nosaltres no tenim por, nosaltres som” [Nosotros no tenemos miedo, nosotros somos], marcó el inicio de una historia que todavía hoy se sigue disputando en las calles. Este domingo, en el Orgullo Crítico de Madrid, no había carrozas patrocinadas ni campañas publicitarias como las que acostumbran a verse en la gran manifestación del Orgullo de Madrid, que este año es el sábado 4 de julio. En esta manifestación hay carteles escritos en chino y español. Pañuelos palestinos, banderas trans, pancartas antirracistas y colectivos migrantes, queer y transfeministas que han cruzado el distrito de Carabanchel hasta llegar a Plaza Elíptica con la consigna de que este día nació como una revuelta y debe seguir siéndolo.

La movilización, que se organiza por parte de grupos reivindicativos, ha arrancado a las 19.00 y ha tenido en primera línea a los bloques Disca, Infancia ―formado por familias con menores― y el migra racializado. Detrás, el bloque reivindicativo con la Fanfarria transfeminista, junto al bloque trans, y el bi. Miles de personas —todavía no hay cifras oficiales de asistencia— han participado en la marcha.

Olmo Corell, madrileño de 39 años y trans, dice que esta cita dista mucho de la oficial: “Aquí no hay partidos políticos ni marcas que intentan monetizar lo que para nosotros es una lucha básica de derechos humanos”. Se trata de una pulsión que conversa también con el manifiesto leído al final del evento.

“El Orgullo nació en los márgenes”, han proclamado desde la organización. El discurso ha reivindicado el origen de la movilización como una respuesta a la persecución policial y critica que este “acto de rabia y subversión ha sido secuestrado por las grandes marcas y las instituciones europeas” para convertir sus luchas “en un negocio turístico”.

Beyoncé, activista trans migrante que defiende los derechos de las trabajadoras sexuales, vive hace 25 años en Madrid y asegura que su sola existencia ya es una lucha. “Estoy aquí para reclamar mi presencia, que incomoda a la gente blanca, a las instituciones y a la policía”, afirma. Originaria de Guayas, Ecuador, reivindica el papel histórico de las mujeres trans en el nacimiento del movimiento LGTBIQ+ y lamenta que esa memoria haya sido borrada: “Las mujeres trans fuimos quienes organizamos todo este movimiento, las que luchamos en Stonewall hace más de 50 años, y siempre se nos ha invisibilizado”, subraya.

La comunidad ha vuelto a aparecer en el Orgullo Crítico como un cuerpo colectivo que se organiza, baila y habla en múltiples lenguas. Nela Quino, de 30 años, llegó desde Bolivia y forma parte del grupo de danza caporal queer Warawas, integrado por personas de Bolivia, Perú, Chile y Ecuador. Desde hace tres años, su forma de ocupar el Orgullo Crítico es el movimiento: el caporal, dicen, es también un territorio de disputa simbólica atravesado por la colonización y la diáspora afro e indígena, pero que han reapropiado como espacio de resistencia. “El cuerpo también es un lugar de lucha y de cuidado”, resume.

A su lado, Bx, una persona queer de Shanghái, China, sostiene un cartel que versa en inglés, chino y español: “Como queers, no tenemos patria, somos familia elegida”. Bx explica que forma parte de una comunidad de personas asiáticas y queer en Madrid que funciona como espacio de apoyo mutuo. “Es un lugar seguro para expresarnos políticamente”, dice, aunque reconoce la complejidad de las trayectorias migrantes y de las diferencias internas dentro de la diáspora china. “Cada persona tiene contextos distintos, por eso no es fácil hablar en nombre propio”, añade. Aun así, insiste en la importancia de ocupar el espacio público y de hacerlo también en múltiples idiomas: “Estamos aquí, independientemente de nuestros orígenes, y queremos que nuestras lenguas también estén presentes”.

Sobre las 21.00, la cabecera de la marcha llega a Plaza Elíptica. Paulatinamente, los 12 bloques la llenaron. Desde la organización han insistido en que las luchas del colectivo no pueden desligarse de otras manifestaciones sociales. La vivienda, las fronteras, el trabajo sexual y los servicios públicos han ocupado buena parte del manifiesto. “La liberación no es individual, será colectiva o no será”, afirma. Y han expresado su apoyo al pueblo palestino. “Nuestra liberación jamás podrá construirse sobre la opresión de otros pueblos”, afirmaron.

“Las fronteras europeas matan”, reclamaron durante la lectura del manifiesto y defendieron que “okupar es defensa propia” ante una ciudad que expulsa a los vecinos de sus barrios.

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