La gala de inauguración de la 71ª edición de la Seminci, el festival de cine de Valladolid, el segundo en importancia en España, estaba llamada a ser este viernes una celebración en memoria de su director, José Luis Cienfuegos, fallecido repentinamente el pasado 2 de diciembre. Era un momento de lamerse las heridas, acallar el dolor por la ausencia de un gestor cultural inigualable y de apoyar el cine de autor. Hasta que el martes, la publicación del nuevo criterio de las ayudas a la producción audiovisual en la Comunidad de Castilla y León, por el que un comité certificará que no se destinarán “a actuaciones que impliquen adoctrinamiento ideológico, propaganda partidista o apoyo expreso a opciones políticas concretas”, y los ataques del consejero de Cultura, Alberto Díaz Pico, de Vox, a la Seminci, por ser un certamen “que tiene mucho que mejorar en neutralidad ideológica”, reventaron las intenciones cinematográficas.
El alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnicero, del PP, califica de “opiniones personales” los comentarios con los que el consejero de Cultura ha definido al festival de cine como un certamen que “tiene mucho que mejorar en neutralidad ideológica”
La gala de inauguración de la 71ª edición de la Seminci, el festival de cine de Valladolid, el segundo en importancia en España, estaba llamada a ser este viernes una celebración en memoria de su director, José Luis Cienfuegos, fallecido repentinamente el pasado 2 de diciembre. Era un momento de lamerse las heridas, acallar el dolor por la ausencia de un gestor cultural inigualable y de apoyar el cine de autor. Hasta que el martes, la publicación del nuevo criterio de las ayudas a la producción audiovisual en la Comunidad de Castilla y León, por el que un comité certificará que no se destinarán “a actuaciones que impliquen adoctrinamiento ideológico, propaganda partidista o apoyo expreso a opciones políticas concretas”, y los ataques del consejero de Cultura, Alberto Díaz Pico, de Vox, a la Seminci, por ser un certamen “que tiene mucho que mejorar en neutralidad ideológica”, reventaron las intenciones cinematográficas.
El viernes por la mañana, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, anunció que su departamento había presentado un requerimiento por las dos órdenes publicadas este mes por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León por las que se convocan las subvenciones de producción audiovisual para 2026. Según el Ministerio, hay “indicios de afectación a la libertad de creación y expresión, así como riesgos de censura y arbitrariedad”. El comunicado subrayaba que el requerimiento suponía el primer paso para abrir “la vía de actuación ante los tribunales para impugnar las bases de dichas convocatorias”. Por la tarde, en la alfombra roja de la gala, otra ministra, en este caso la de Igualdad, la pucelana Ana Redondo, que en su momento fue delegada de Cultura y Turismo del Ayuntamiento, aseguraba a EL PAÍS: “La Seminci siempre apostó por la libertad, por mostrar un cine crítico e incómodo, con temáticas sociales, LGTBI o feministas que lamentablemente molestan a la extrema derecha, que quiere volver a la censura”. Y unía estos comentarios de Vox a la denuncia que la dramaturga María San Miguel presentó ayer jueves ante la Fiscalía Provincial de Valladolid en nombre de su compañía, Proyecto 43-2, donde sostiene que la suspensión del espectáculo Federico. No hay olvido, ni sueño: carne viva, previsto para mañana sábado en Valladolid, se debió a motivos ideológicos. “Esto es innegable”, subrayaba la ministra.
En la entrada al teatro Calderón, el alcalde de Valladolid, Jesús Julio Carnicero, acompañado de la concejala de Turismo, Eventos y Marca Ciudad, Blanca Jiménez Cuadrillero, de quien depende el certamen, incidía a EL PAÍS: “La Seminci es un espacio de libertad creativa para los artistas, y abierto a que venga todo el mundo y disfrute de un cine de autor único”. ¿Siente el consistorio que los comentarios de dos consejeros de la Junta minusvaloran su trabajo y el del festival? “Para nada. Son comentarios que entran en lo personal. La Junta de Castilla y León ha apoyado, apoya y estoy seguro de que seguirá apoyando al evento cultural más importante que se celebra en esta comunidad autónoma”. Sin embargo, el jueves, el portavoz de la Junta de Castilla y León, Carlos Fernández Carriedo (PP), respaldó el proyecto de su socio Vox de supeditar las ayudas a la creación audiovisual a que no haya contenido “ideológico”.

Segundos antes de empezar la inauguración, Javier H. Estrada, jefe de programación que ha asumido la dirección de la Seminci junto a la coordinadora del festival, Mariona Viader, para continuar con la senda de Cienfuegos, explicaba: “La Seminci lleva siete décadas defendiendo el cine de autor, y este solo se crea desde la libertad. Apostamos por la diversidad, el diálogo y la reflexión sobre la identidad. No puede ser de otra manera”. Y en la ceremonia se recordó una frase similar del anterior responsable, por boca de la presentadora de la gala, Pepa Blanes: “Acogemos un cine de autor libre y sin censura, como siempre se ha programado aquí”.
En apoyo a la Seminci también se han manifestado los cineastas presentes. Como Guadalupe Balaguer, presidenta de Cima, la asociación de mujeres del audiovisual en España, que como productora presentaba este viernes la serie de Movistar+ Matar a un oso, y que insistía en un mensaje ya lanzado el primer día de la polémica: “Desde nuestra asociación, vamos a seguir insistiendo para que no haya ningún tipo de sesgo ideológico ni que a nivel feminista se aplique ningún tipo de restricción en las ayudas públicas, porque nosotras defendemos un cine plural e inclusivo”.

O el actor y director Sergio Peris-Mencheta, que presenta en la Seminci el documental SerYo, en el que muestra su difícil tratamiento oncológico en Los Ángeles, y que aseguraba: “¿Neutralidad ideológica? Nada necesita neutralidad. El arte está hecho precisamente para no ser neutral. El arte siempre es un punto de vista. Otra cosa es quién hace el decálogo de lo que es ideología y lo que no es ideología. Qué es ideologización y qué no es. Porque si lo van a decidir unos, pues decidirán una cosa. Si lo deciden otros, decidirán otra. Dentro de la distopía que estamos viviendo, me parece que es lo que nos faltaba”. Con todo, el mayor ruido a la puerta del teatro Calderón no lo hizo el debate ideológico, sino la manifestación estruendosa del sindicato de la policía local pucelana, en defensa de mejoras laborales.
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