En el polígono industrial de Palmeira, a las afueras de la ciudad portuguesa de Braga, operarios y jefes dedican una hora de su jornada laboral a la lectura y reciben clases gratuitas de filosofía, pintura o teatro. La cultura es una parte más del horario de trabajo en estas 80 hectáreas de fábricas, oficinas y maquinaria pesada, sede del gigante de la construcción DST, con medio centenar de empresas y 4.000 empleados. Los trabajadores realizan sus tareas arropados por 40.000 libros, obras de arte allá donde miren y citas literarias que les interpelan desde cualquier muro con letras bien grandes.
El constructor y mecenas portugués, que de niño trabajó picando piedra, abre en Braga el Muzeu, un centro para pensar e intentar transformar el mundo
En el polígono industrial de Palmeira, a las afueras de la ciudad portuguesa de Braga, operarios y jefes dedican una hora de su jornada laboral a la lectura y reciben clases gratuitas de filosofía, pintura o teatro. La cultura es una parte más del horario de trabajo en estas 80 hectáreas de fábricas, oficinas y maquinaria pesada, sede del gigante de la construcción DST, con medio centenar de empresas y 4.000 empleados. Los trabajadores realizan sus tareas arropados por 40.000 libros, obras de arte allá donde miren y citas literarias que les interpelan desde cualquier muro con letras bien grandes.
Cultura en EL PAÍS
