Cientos de grandes ciudades se hunden varios milímetros al año

Milímetro a milímetro, año a año, muchas de las grandes ciudades del mundo se están hundiendo. Gracias a mediciones desde el satélite, un grupo de investigadores ha calculado los cambios de elevación que centenares de urbes de más de un millón de habitantes han experimentado desde 2014. Sus resultados, publicados en la revista científica Nature Cities, muestran una tendencia global al hundimiento. Pero los mayores valores se están dando en áreas geográficas determinadas, como México, Irán o el sudeste asiático. De entre las causas, señalan al propio desarrollo urbano y a la extracción de aguas subterráneas, que estaría ahuecando el subsuelo bajo nuestros pies.

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 Urbes mexicanas, con Ciudad de México a la cabeza, y del sudeste asiático tienen los mayores grados de subsidencia de sus suelos  

Milímetro a milímetro, año a año, muchas de las grandes ciudades del mundo se están hundiendo. Gracias a mediciones desde el satélite, un grupo de investigadores ha calculado los cambios de elevación que centenares de urbes de más de un millón de habitantes han experimentado desde 2014. Sus resultados, publicados en la revista científica Nature Cities, muestran una tendencia global al hundimiento. Pero los mayores valores se están dando en áreas geográficas determinadas, como México, Irán o el sudeste asiático. De entre las causas, señalan al propio desarrollo urbano y a la extracción de aguas subterráneas, que estaría ahuecando el subsuelo bajo nuestros pies.

El hundimiento del terreno es un fenómeno global. Algunos países están cambiando de capital porque las antiguas se están hundiendo. Hace unos años, investigadores españoles confeccionaron un mapa mundial de subsidencia provocada por la extracción de aguas subterráneas. En aquel mapa, Lorca y su vega, en Murcia, aparecían en rojo, por ejemplo. Lo que ha hecho ahora un grupo de científicos chinos ha sido aprovechar la elevada resolución (en el rango de los milímetros) que aporta un instrumento a bordo del satélite Sentinel-1, de la Agencia Espacial Europea, para ver cómo les ha ido a 465 ciudades de más de un millón de habitantes de 107 países en la última década.

Tomando como valor central la mediana dentro de cada ciudad, las asiáticas son las que más se están hundiendo, con valores que alcanzan los 33 milímetros al año. Así, en el lapso de tiempo que cubre el estudio, se han hundido un tercio de metro. Hace dos años, usando la misma interferometría de radar de apertura sintética (InSAR) a bordo del Sentinel-1, otros investigadores ya mostraron la complicada situación por la que están pasando las ciudades chinas, que estaban sucumbiendo al peso de sus rascacielos. Lo que hace InSAR es enviar pulsos de microondas hacia la superficie terrestre y registrar en qué fase se halla la onda en su rebote. Al pasar de forma periódica por el mismo punto, así se puede saber si sube o baja, aunque sea un milímetro.

En el extremo contrario de la subsidencia, las que menos descienden son las urbes europeas, las de Oceanía y las africanas, con valores de 3, 4 y 6 milímetros, respectivamente. En España, por ejemplo, Madrid se hunde apenas 0,2 milímetros al año, mientras que Barcelona lo hace a 0,9 milímetros anuales (en general, la subsidencia es mayor en las poblaciones costeras por la interacción con el agua del mar). Entre medias de asiáticas y europeas, se encuentran las americanas, que pueden alcanzar los 17 milímetros al año de hundimiento.

Pero la mediana es un valor central de toda la ciudad. Por eso, los investigadores se fijaron también en los valores más extremos, en el 5% de los píxeles que el radar observa que más se hunden. Ahí destacan urbes como Ciudad de México, con zonas que se hunden a un ritmo de 216,5 milímetros anuales, casi un metro cada cuatro años. La siguen Bandung y Medan, ambas en Indonesia, que están bajando en torno a 10 centímetros al año.

Los autores del estudio han usado un tercer indicador, además del percentil y la mediana: la proporción de suelo urbano que se hunde a una velocidad superior a 10 milímetros anuales. Eso daría una idea de lo generalizado que es el hundimiento, aunque no necesariamente sobre su gravedad. En este punto, las ciudades donde la subsidencia es más generalizada son de nuevo Medan y Bandung, seguidas de cerca por algunas americanas como Bogotá, Florianópolis o, de nuevo, Ciudad de México. En Indonesia se dan todas las causas, naturales y humanas, que están detrás de los procesos de hundimiento: compactación de sedimentos, explotación minera, extracción de aguas subterráneas, el peso acumulado de las construcciones y, como sucede con la capital, su ubicación en la costa. Yakarta está condenada a cambiar de sitio.

“Es difícil dar una cifra exacta a partir de la que el hundimiento del terreno se vuelve peligroso, ya que depende del contexto”, escribe en un correo Robert J. Nicholls, director del Centro Tyndall para la Investigación del Cambio Climático de la Universidad de East Anglia (Reino Unido). “Por ejemplo, la subsidencia diferencial —es decir, las variaciones espaciales en la tasa de subsidencia en distancias cortas— puede provocar el colapso de edificios; la Torre Inclinada de Pisa se debe a este proceso”, cuenta Nicholls, que no ha participado en esta investigación. De hecho, si el hundimiento se da en un área relativamente grande, puede seguir hundiéndose durante años sin grandes problemas. “10 milímetros al año (o 1 metro al siglo) parecería un buen umbral para preocuparse, pero es un tanto arbitrario”, completa el científico británico, que ha publicado varios trabajos sobre subsidencia urbana.

El estudio de los científicos chinos también muestra que algunas ciudades, casi todas europeas o japonesas, en vez de hundirse, están emergiendo. Uno de los ejemplos más conocidos y estudiados es el de Osaka. Durante la mayor parte del siglo, el bombeo de aguas subterráneas para saciar a una megaurbe que cuenta hoy con 15 millones de habitantes provocó que el nivel de la capa freática bajara una treintena de metros. Eso se tradujo en una subsidencia de dos metros en diversos puntos de la ciudad. La restricción a la extracción y el uso de fuentes alternativas revirtió el proceso. Ahora, según un trabajo publicado en The Conversation, Osaka se eleva unos cuatro milímetros al año.

Tras años hundiéndose, las grandes ciudades del noreste de China, con Pekín a la cabeza, también se están recuperando. “En 2002 se comenzó un proyecto denominado Trasvase de Agua Sur-Norte, que consistía en traer agua a través de un trasvase desde el sur”, comenta Roberto Tomás Jover, del departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Alicante. “Esta agua supliría las demandas de la población de un área en la que las extracciones de agua del subsuelo eran muy altas y habían ocasionado importantes zonas de subsidencia”, añade. Desde 2016, el eje Pekín-Tianjin, donde viven unas 50 millones de personas, está elevándose.

Así que la clave estaría en una mejor gestión de los acuíferos. Pero Jover recuerda que no todo hundimiento es reversible: “Los acuíferos acumulan agua en los huecos existentes entre partículas de suelo. Cuando extraemos el agua de estos huecos, el suelo alcanza una estructura más compacta, cerrando parte de ellos”. Esto produce una pérdida de volumen y da lugar a la subsidencia. Pero, como termina el ingeniero, coautor del mapa mundial de subsidencia, “un porcentaje elevado de esta pérdida de volumen (es decir, los huecos) es permanente e irreversible”.

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