Esta empresa gallega ha articulado una pasarela de contratación con Latinoamérica. Ya han regularizado a 3.500 profesionales que viajan con un contrato bajo el brazo y cotizan desde el primer día Leer Esta empresa gallega ha articulado una pasarela de contratación con Latinoamérica. Ya han regularizado a 3.500 profesionales que viajan con un contrato bajo el brazo y cotizan desde el primer día Leer
Puente aéreo. Dícese de un servicio de transporte de alta frecuencia que une con vuelos regulares dos puntos del mapa, actuando de conexión estratégica entre polos económicos o políticos. El primero del que se tiene constancia tuvo lugar en nuestro país, en vísperas de la Guerra Civil, para traer en avión a la península a militares destinados en los territorios españoles de África. En el último lustro, la gallega Talento Grupo Internacional ha consolidado otro entre Perú y A Coruña con un objetivo muy distinto: atajar el creciente agujero de mano de obra que sufre España.
Diego Carbajosa (Valladolid, 1985) y Raquel Quiroga (A Coruña, 1985) reciben a Actualidad Económica cuando se cumplen cinco años del inicio del proyecto. «Hay carencias laborales dramáticas en nuestras industrias, vimos que la única vía sostenible era ir a buscar el talento fuera y evaluar a los profesionales en origen», resume él. «Al principio, los candidatos desconfiaban de un proceso donde no tenían que pagar, acostumbrados como estaban a prácticas abusivas. Era irrenunciable garantizar un proyecto de vida real para ellos y sus familias», constata ella.
Carbajosa había dejado un puesto de responsabilidad logística en Inditex para emprender por su cuenta en el mundo de la consultoría. Quiroga, con una acentuada sensibilidad hacia el fenómeno migratorio, que ha marcado sus propias raíces, conectó en seguida con las posibilidades: humanizar unos flujos que, habitualmente, caminan por las fronteras de la moralidad o, directamente, las atraviesan.
El germen de Talento Grupo Internacional se remonta al 2021, cuando la pandemia aún resonaba en los telediarios. Una gran empresa de transporte le encargó a Carbajosa un informe técnico-económico con alternativas para paliar la falta de conductores. El análisis concluyó que el mercado nacional no era una opción, ni tampoco el tradicional caladero de Europa del este, que empezaba a agotarse. «La solución real estaba en América Latina: una veintena de países, con cientos de millones de hispanohablantes, culturalmente más afines y donde todavía queda mucho oficio. Más concretamente, en Perú, donde entonces había 200.000 conductores de camión y con el que existen convenios que facilitan la contratación directa, sin pasar por el rígido catálogo de ocupaciones de difícil cobertura», relata Carbajosa.
Nada más proponer la conexión peruana, el consultor se dio cuenta de algo en lo que no había caído antes. Ninguna de las grandes firmas de trabajo temporal o multinacionales de selección -como Adecco, Randstad o Manpower- estaba dispuesta a desplegar la operativa necesaria para reclutar in situ. ¿El riesgo? Su informe iba a quedar en papel mojado.
Diego habló con Raquel -son pareja fuera de la oficina- y ambos decidieron dar el salto. «Cogí un avión y volé a Perú para montar personalmente un operativo que permitiera traer a los primeros profesionales», recuerda. Su enlace inicial fue Samuel, peruano profesional del transporte que en su día tuvo una mala experiencia migratoria y que, a día de hoy, trabaja en la compañía. Juntos recorrieron 700 kilómetros entre Lima y Chiclayo y lanzaron las primeras convocatorias de empleo. «Al principio nadie nos conocía, pero logramos un contingente piloto de 50 conductores de camión», recuerda. Desde entonces, han trasladado y regularizado a más de 3.500 profesionales. ¿La meta? «Alcanzar los 30.000 para el año 2030».
Hoy, cuentan con una cartera de más de 270 empresas clientes, que recurren a sus servicios, a veces regulamente, para resolver la cada vez más acuciante tasa de vacantes sin cubrir. La mayor parte son industriales, o de sectores como construcción o logística, que requieren perfiles técnicos y trabajos físicos. Varias de ellas o cotizan en el Ibex 35 o aparecen habitualmente en los titulares de la prensa salmón. Pero, aunque sus máximos ejecutivos denuncian en público la escasez de mano de obra, ninguno de estos grandes clientes quiere que su sello aparezca ligado a los servicios que ofrece Talento Grupo Internacional.
¿Por qué? «Por desgracia, socialmente, aún quedan posos que identifican la inmigración con una fuerza laboral poco profesionalizada o problemática. Existe miedo porque, a veces, se piensa directamente en la vía irregular, pero existe una migración regular que se puede hacer formalmente y que viene a trabajar, a aportar y a sumar», defiende el emprendedor.
El sistema que han perfeccionado en estos años, «a base de ensayo y error», es inflexible. Para garantizar la idoneidad de los candidatos, han desplegado una infraestructura física propia en Latinoamérica -40 empleados y tres sedes en Lima, Piura y Arequipa-. Además, exigen que las empresas contratistas viajen al lugar de origen para evaluar personalmente a los aspirantes. «Obligamos al cliente a acudir in situ para analizar la forma de trabajar de las personas que va a incorporar. Nosotros nos encargamos de recrear el entorno real de trabajo. Hemos hecho de todo, de talleres mecánicos y naves de soldadura a montar andamios de 50 metros de altura».
El modelo es costoso, pero eficaz: afirman que la tasa de permanencia de los trabajadores al cabo del primer año es del 90%, frente a medias del sector que rondan el 20% o 30%. Y hay otra clave. Además de filtrar a los aspirantes, criban a sus clientes. Al principio no lo hacían, pero aprendieron a rechazar a empresas que no ofrecían garantías. ¿El objetivo? Marcar distancias en un ecosistema donde, «desafortunadamente, todavía hay mucho Torrente y mucho pirata que se aprovecha del inmigrante». «Nosotros exigimos una carta de compromiso con condiciones claras de salario y un alojamiento digno. Si vemos que una empresa no va a tratar bien al trabajador, la rechazamos», asevera Quiroga.
A ello se suma otro principio irrenunciable: el coste cero para el candidato. Mientras que en el tráfico informal proliferan plataformas o, directamente, mafias que cobran miles de dólares a quienes esperan para migrar, a veces sin ninguna garantía; la firma coruñesa cobra sus honorarios a la compañía empleadora, que es la que corre, además, con los gastos de traslado de aquellos a quien contrata. «El objetivo es democratizar el acceso al empleo formal. Si el trabajador pasa las pruebas técnicas y cumple los requisitos legales, no tiene que pagar un solo euro», añade Quiroga.
A la compañía ya le ha salido algún que otro imitador que la ha suplantado para aprovechar su creciente fama al otro lado del charco. «En cuanto nos enteramos, lo denunciamos». Y es que la firma coruñesa, que al principio contaba el público de sus convocatorias con los dedos de una mano, tiene hoy más de un millón de seguidores en redes sociales (650.000 en TikTok).
El verdadero escollo de esta pasarela atlántica es el cuello de botella burocrático. Actualmente, más de 1.800 profesionales que ya han sido seleccionados, «con contrato de trabajo firmado y empresa asignada en destino con nombre y apellidos», están bloqueados, a la espera de algún trámite para volar a España. Medio millar sigue pendiente de la resolución de Extranjería y otros se encuentran atascados en la fase consular. La vida en standby por un sello.
Ante la magnitud del embotellamiento, Carbajosa llegó a pedir audiencia, semanas antes del adelanto electoral, al propio ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares. En el escrito, que respaldaron decenas de empresas españolas afectadas, cifró en 1,5 millones de euros mensuales el agujero para las arcas públicas en concepto de cotizaciones sociales e impuestos no recaudados.
«Resulta incomprensible que expedientes de contratación en origen (el permiso X03) de profesionales cualificados que aportan al sistema y cotizan desde el primer día con vivienda digna asignada, sufran esperas de casi un año», denuncia Carbajosa. La paradoja, afirma, es la contraposición con «la regularización extraordinaria de perfiles sin cualificar», en alusión al trámite que el Gobierno activó en abril y que recibió más de un millón de solicitudes. «En América Latina todos han crecido oyendo hablar del sueño americano, nosotros defendemos que existe un verdadero sueño español. Hablamos de llegar a Europa con un contrato bajo el brazo, cotizando desde el primer día y con posibilidad de traer a tu familia al cabo del año. Un proyecto de vida con garantías frenado en seco por el papeleo», zanja.
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