Cuando Penélope Cruz (Alcobendas, 52 años) se sienta ante cuatro periodistas españoles este viernes al mediodía, estalla en felicidad. “¡Qué alegría veros!”. Parece bastante relajada tras el subidón de emociones de la noche del jueves, cuando lloró viendo otra vez La bola negra, en la que encarna a Nené, una cupletista, y lloró de nuevo con la ovación del final. “Luego subí a la habitación del hotel a cambiarme. Cuando me dijeron que había que ir a la fiesta, que era justo enfrente, pedí un rato para llorar más porque tenía mucho que sacar. Después, crucé la calle y llegué a la fiesta. Me vio la cara Javier Calvo y me llevó directa a la zona de playa a charlar y a beber un poco de agua”. Mientras Guitarricadelafuente amenizaba la velada, la ganadora del Oscar se refrescaba los pies con la arena. “Desde Volver, no había vivido algo así en Cannes. Y ahora ya estamos aquí”.
La actriz, que encarna a una cupletista en ‘La bola negra’, confiesa su obsesión con Lorca desde que estudiaba interpretación y que desde niña piensa que Pedro Almodóvar hubiera sido un gran presidente del Gobierno
Cuando Penélope Cruz (Alcobendas, 52 años) se sienta ante cuatro periodistas españoles este viernes al mediodía, estalla en felicidad. “¡Qué alegría veros!”. Parece bastante relajada tras el subidón de emociones de la noche del jueves, cuando lloró viendo otra vez La bola negra, en la que encarna a Nené, una cupletista, y lloró de nuevo con la ovación del final. “Luego subí a la habitación del hotel a cambiarme. Cuando me dijeron que había que ir a la fiesta, que era justo enfrente, pedí un rato para llorar más porque tenía mucho que sacar. Después, crucé la calle y llegué a la fiesta. Me vio la cara Javier Calvo y me llevó directa a la zona de playa a charlar y a beber un poco de agua”. Mientras Guitarricadelafuente amenizaba la velada, la ganadora del Oscar se refrescaba los pies con la arena. “Desde Volver, no había vivido algo así en Cannes. Y ahora ya estamos aquí”.
Por eso la charla arranca con una frase demoledora de su Nené: “El travestismo es la fantasía de la posibilidad y la guerra, todo lo contrario”. Esa sentencia engancha La bola negra con la actualidad, con un mundo en conflicto: “Por supuesto, porque además en ningún momento hay ningún tipo de sermón. Y como los Javis son jóvenes con unas almas muy viejas, poseen mucha profundidad y mucha inteligencia, mucho humor. Van a llegar a unas generaciones y con unos temas que a lo mejor a esa juventud no les alcanzaría con un libro de texto o con un discurso familiar. Solo películas especiales pueden conseguir eso, que por lo menos los más jóvenes se hagan esas preguntas: ‘¿Qué pasó aquí? ¿Por qué?’. Que no solo se rijan por lo que les hayan contado y todas las diferentes versiones que hayan podido escuchar. Esta fue la razón que más me motivó para decir que sí. Ellos tenían miedo a mandarme el guion porque les daba corte que el personaje fuera tan corto. No sé si son 15 o 20 minutos, yo no los he contado y me da igual”.
A la actriz también le apetecía cantar y bailar, algo “que no hacía en el cine desde Nine”. “Antes de empezar en el cine, yo quise ser bailarina, estudié para ello, así que cuando llegan estas oportunidades, me hacen feliz”, explica. Y además con un papel emblemático. “Es un personaje que representa un sueño de libertad que ninguno de los protagonistas tiene. Ninguno está cómodo en el lugar donde está. No son quienes quieren ser, ni siquiera pueden compartir su esencia con las personas más cercanas, y ella representa lo contrario. Aunque lleva una vida de mierda. ¿Qué le salva de la depresión? Su conexión con el arte, su ansia de volver a Madrid a hacer arte. Ha sido un honor darle vida”. Y antes de pasar a la siguiente pregunta, subraya una frase para ella fundamental en el final de La bola negra, y que sirve de advertencia al público actual: “Cuidado, que aún nos acechan”.

En la rueda de prensa, poco antes, Cruz ha recordado que de adolescente veía en televisión a Pedro Almodóvar (con el que ha rodado siete películas) y pensaba que sería un buen presidente del Gobierno. ¿Lo sería? “Desde luego, pero pocas cosas le apetecerán menos a Pedro que meterse en política. Yo llevo diciendo esto desde que le vi hablar de muchas cosas, porque siempre se ha mojado mucho, en la tele pequeñita que teníamos. Era la ventanita por la que veíamos un mundo que estaba cambiando”. ¿Se lo ha dicho alguna vez? “¿Lo de que si sería buen presidente? Seguro. Le conozco desde que tengo 18 años, alguna vez se lo habré dicho”.
Que tres películas españolas concursen en la Competición de Cannes, ¿hará que el público español quiera más el cine nacional? “Es que yo creo que los espectadores españoles sí quieren nuestro cine. Siempre podría ser más, claro, igual que siempre habrá gente que creerá que es muy fácil levantar una película, cuando en realidad sacar adelante cualquier proyecto es un milagro. A mí me han parado por la calle para felicitarme por el hecho de que haya tantas películas españolas en el festival, igual que me ha pasado cuando he estado nominada fuera”.

Penélope Cruz no había leído ni visto en teatro La piedra oscura, de Alberto Conejero. “Pero me obsesiona Lorca. Cuando empecé a estudiar interpretación a los 15 años con Cristina Rota, que lo compaginé con el cole y con las clases de tres horas de ballet”… La actriz para y desvela: “Sí, mentí con mi edad para entrar ahí como cuando mentí para ver en un cine Átame”. Y vuelve al discurso principal. “Siempre elegía obras que sorprendían a mi maestra, como Las criadas, de Jean Genet. O Doña Rosita, la soltera, de Lorca. Cristina Rota nunca me prohibió hacer las obras que a mí me llamaban la atención, pero que siempre albergaban temas muy turbulentos. Y a lo mejor no eran personajes que tenían mi edad, aunque yo sentía que los entendía y que los quería comprender más a fondo y explorar. De Doña Rosita, recuerdo todavía su monólogo. Lorca ha sido uno de los grandes genios. Y lo que ha hecho Juan Diego Botto en Una noche sin luna… Me marcó mucho la primera vez que la vi, hace tiempo, y repetí la semana pasada. Nunca habrá suficientes obras inspiradas en él. Lorca es un genio inmenso que te da tanto y te recuerda siempre unos valores desde un lugar de tanta belleza…“.
Los Javis aseguran que durante un tiempo se ha intentado tapar la identidad sexual de Lorca, incluso negarla. ¿Qué opina la actriz? “Tienes que mirar realmente para otro lado para no darte cuenta de la homosexualidad de Lorca, porque está presente en cada uno de sus escritos, en cada reflexión sobre la identidad, incluso sobre el peligro. Aunque no use personajes femeninos”.

La lucha por los derechos LGTBIQ+ ha ido en paralelo durante años con la lucha feminista. Cuando el estallido del MeToo, Cruz formó parte de la iniciativa de apoyo a las víctimas Time’s Up. ¿Cómo lo ve ahora? “Lo llamemos como lo llamemos, esa lucha tiene que seguir de por vida. No hemos llegado a un punto donde podamos estar relajados, como si se hubiera resuelto. O como cuando me preguntan, como hoy, que qué curioso que hubiera seguidas en Cannes tres películas donde los protagonistas son gays. He contestado que me pasa lo mismo que cuando me preguntan qué me parece la cantidad de películas de directores comparada con la cantidad de las de directoras que hay en cada festival. Serán temas a priori diferentes, pero todo tiene que ver con que lleguemos a un día en el que realmente se esté haciendo justicia y haya una igualdad y un respeto real. Mientras se sigan haciendo esas preguntas, será señal de que no estamos donde hay que estar, que no estamos en un mundo justo ni para el colectivo LGTBIQ+ ni para las mujeres. Queda muchísimo y vamos a paso muy lento”.
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